Una Boda, enredos y algo más

1747 Words
“Todos le dicen que debería sonreír; sin embargo, ella se pregunta cómo sonríe mientras irá rumbo a una prisión”; es lo que piensa Gema. Le encantaría detener esto y correr lejos de todas las personas que la rodean; necesita la paz que este lugar no le está ofreciendo. Aun con el cálido clima con el que amanecieron todos los habitantes de Los Ángeles, la joven mujer no puede dejar de sentir que se asfixia. —¡Oh, cariño, te ves hermosa! - exclama su madre. —Bueno, madre, tú encargaste de elegir el mejor vestido - responde sin ánimos. —Vamos, hija, sonríe un poco. Hoy te casarás con tu mejor amigo, ¿recuerdas lo mucho que les gustaba jugar ajedrez? Utilizamos ese concepto para las mesas; fue divertido. Petra lo sugirió - dice mientras le arregla el velo. —Te cae bien mi suegra, ¿no es así? ¿No te incomoda el hecho de que es el gran amor de mi padre y que no pierden oportunidad para acostarse? Cuestiona la joven a su madre sin ningún tipo de cuidado. Sarah deja de sonreír y cambia a una expresión fría. Claro que lo sabe, no es ciega como para no darse cuenta de lo hipócritas que pueden llegar a ser las personas que la rodean, incluyendo a su marido. —Eso no tiene que ver contigo, ese es un tema entre tu padre y yo - dice con la cabeza en alto. —Bien, entonces, si sonrió o no, es un asunto mío, madre - ambas se miran a través del espejo. La madre, que conoce a su hija y comprende que cuando ella toma esa postura, es mejor dejarla a sola, decide salir del cuarto para que la joven pueda reflexionar. Ahora Gema tiene más dudas que antes, porque odiaría tener que pasar por lo que su madre ha pasado con su papá. Por lo que sabe, él siempre ha estado enamorado de Petra, no obstante, ella por alguna razón decidió casarse con Franco Bailey, que con su progenitor. Darse cuenta de que los muy descarados se siguen viendo ha hecho que la relación con Dimitri se torne tensa y distante. La castaña sale de sus reflexiones cuando entra al cuarto su amiga Sheila para ayudarla a terminar de arreglarse. Su madre la envió, luego de que saliera intentando ocultar su molestia. Puede que haya sido dura con ella, aun así, la joven piensa que es tiempo de que su mamá se dé cuenta de que debe dejar ir a su padre y construir una vida lejos de él. Una vez terminan de arreglarla, sale al pasillo para dirigirse hacia la iglesia donde se hará la ceremonia y donde seguro está lleno de reporteros curiosos. En la puerta de salida se encuentra su padre esperándola. —Te ves hermoso cariño, pareces una princesa - dice con una sonrisa. Su padre observa el vestido corte sirena, escote en forma de corazón y mangas largas. La pieza está bordada a mano y cada bordado tiene pedrería que colocaron con sumo cuidado. El velo es largo cubriéndola bajo un manto blanco. Su larga melena está recogida en un delicado moño y cubierto con una tiara. Sus delicadas manos llevan puesto un tono pastel rosa casi transparente, el ramo es el toque final, donde resalta el color turquesa que a ella tanto le gusta. Sí, Gema es la ilusión de una princesa, lástima que no se esté dirigiendo a la boda de sus sueños. —Gracias - le dice de manera cortante. Él que sabe la razón deja de sonreírle y la ayuda entrar la limusina. No, su hija no está molesta porque se va a casar con alguien que no la ama, al menos no es la única razón. Él sabe que ella está enterada de su aventura con la madre del novio, pero ¿qué podía hacer si es la mujer que siempre ha amado? Quizás también lo sepa su esposa, sin embargo, no piensa dejar de estar con ella. Bajo un sepulcral silencio, llegan a la iglesia, la cual está rodeada de paparazzi. Lo único que Gema puede desear es que todo esto se termine pronto para encerrarse en su cuarto, llorar amargamente, si es lo que quiere, desbordarse en lágrimas hasta sacar todo el dolor que siente en su corazón. El cuerpo de seguridad los ayuda a pasar sin problemas frente a aquella turba de chismosos. Adentro está el elegante y atractivo novio con su sofisticado traje n***o con una flor del color de la novia en su bolsillo, esperando que este circo acabe. Al lado de él está su amigo Jonás, quien le dice que sonría. Oliver lo intenta, no obstante, le cuesta sonreír y fingir que todo está bien. Sale de su distracción cuando escucha las notas de un piano, seguido de un violín, intuye que su futura esposa está entrando a la iglesia. Respira profundo y voltea la dirección en que ella se encuentra. Intenta ocultar su sorpresa, pero ¿Cómo conseguirlo? Si la mujer que viene entrando hacia su encuentro es la alusión de la perfección. Si ambos no supieran lo que esconden detrás de sus ojos, dirían que son la pareja de novios más enamorada de la faz de la tierra. Recompone su postura y espera a que ella esté a su lado. Dimitri le entrega la mano de su hija, luego de unas cortas palabras donde expresa que lo único que espera es que su hija sea feliz. Luego de decirlo, va hacia el asiento que está al lado de la mujer que ha estado traicionando durante los últimos siete años. Sarah, sin mirar a su marido, se concentra en su pequeña mientras piensa si debería cometer una locura y detener esta farsa. Mira hacia la matriarca, quien también la observa como señal de que su pensamiento es el correcto, pero ambas saben que no hay vuelta atrás. —Hijos míos, estamos aquí reunidos para unir en santo matrimonio a Oliver Renaud Bailey y Gema Florence Laurent - comienza a hablar el padre. En Mientras él oficia la boda, los jóvenes escuchan cada palabra donde se habla del amor y el respeto, de la salud y enfermedad, y muchas cosas más que sería ideal escucharla si te estás casando por amor. Tratan de no dejar que el momento nuble sus pensamientos, así que con naturalidad Oliver toma la argolla matrimonial y la desliza por el dedo de Gema, sin poder evitar sentir sus suaves y cálidas manos. La joven hace lo mismo, toma el aro y pasa a realizar la misma acción, sin dejar de pronunciar sus votos matrimoniales. Durante toda la ceremonia, ellos han tratado de que sus miradas no se crucen por miedo a lo que puedan encontrar en ella. Quizás miedo, quizás odio, quizás resentimiento. No tienen la menor idea de qué encontrarán, pero una fuerza mayor a ellos hace que se miren por primera vez. Después de tanto tiempo, Gema vuelve a percibir el brillo que reflejaban los ojos grisáceos de su amigo cuando pasaban todo el día jugando ajedrez y comiendo pastel red velvet con mucha crema. Por su parte, Oliver se sumerge dentro del océano verde que le muestra los ojos verdes de su amiga, los mismos que los desconcentraban cuando jugaban. Nunca entendió el porqué, y ahora que está en una iglesia rodeada de su familia y amistades, mientras se casa con ella, lo entiende menos. Ambos vuelven a tierra cuando el sacerdote termina de oficiar la boda y los declara marido y mujer, seguido del “ya puede besar a la novia”. Entonces, cuando escuchan la sugerencia, es cuando se percatan de que nunca pensaron en el beso que sellaría su contrato. Ella lo mira y sigue sin percibir odio en su mirada, mientras él no percibe enojo por parte de su ahora esposa. Todos los presentes están a la expectativa del beso, algunos dudan si lo harán. Oliver, que es consciente del intenso momento, le retira el velo, se acerca a ella y, por primera vez en los años que tiene conociéndola, une sus labios con los de Gema. Él consideró que dicha interacción le desagradaría, pero rápidamente se da cuenta de que no es así. Los labios de la joven mujer son suaves, su sabor es dulce y si no fuese porque están en la iglesia, duraría un rato más sintiendo la calidez que le ofrece su boca. Se paran y ambos fruncen su ceño en modo extrañado por la situación. —¿Qué fue eso? - pregunta él. —Yo… no lo sé - responde ella, mientras lleva sus dedos a sus labios. La matriarca sonríe al ver a los recién casados. Piensa lo maravilloso que hubiese sido ese instante, si no tuviera influenciado por la ambición al poder. La pareja comienza a caminar por la alfombra llena de pétalos de rosas, mientras Gema con una sonrisa se sostiene del brazo de su esposo. Oliver, de reojo, la observa, preguntándose si en realidad está feliz o si su nivel de actuación es tan buena como para fingir dicha emoción. Cuando salen bajo a los incesantes flashes, van con rapidez al vehículo e ir al salón privado donde no estarán los carroñeros reporteros. Él la ayuda a entrar con mucho cuidado, pero algo lo invita a mirar hacia los lados y cuando lo hace su vista divisa una figura conocida… —¿Irina? - su corazón comienza a latir con rapidez. Su cuerpo quiere salir corriendo y confirmar si en realidad acaba de ver a la mujer que siete años atrás amó con locura o si solo es producto de su imaginación. Prontamente, recapacita y vuelve en sí. Le urge que termine ese día y todas aquellas cosas que le impiden estar con su amada. Sube al otro lado de la limusina, acomodándose al lado de su ahora esposa, quien juega con la medalla que le regaló su abuela antes de morir. Esa es la forma en la que Oliver se da cuenta cuando Gema está nerviosa. —Bueno, ya salimos de un capítulo. —Sí, por fin, podemos tacharlo de la lista - dice ella suspirando. Ninguno de los dos vuelve a decir nada más. El auto se pone en marcha hacia la recepción de bodas. Él va reflexionando entre la figura de Irina, que creyó ver, y el beso que le dio a su ex mejor amiga frente a un altar.
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