Eros.
Escucharla decir aquel apodo tan cursi me remonto a aquellos momentos en los que íbamos a comer hamburguesas y después conducía hacia el descampado en la cima para ver el atardecer y las estrellas.
Era muy feliz.
Ella me hacía feliz.
Después de verla está mañana y quedarme viéndola como idiota, lo más sensato para mí fue ignorar su presencia y seguir mi camino.
Se veía tan hermosa a como la recordaba, sus caderas estan más anchas, y claro tiene una bebé, que daría yo porque fuera mia.
Fui un imbécil con ella toda la mañana, y tenerla delante de mi después de seis años, aunque nunca deje de saber de ella, apesar de que ya no habláramos yo seguí pensando en ella y busque quien la siguiera y me dijera que estaba bien, un tanto acosador de mi parte.
Llamarla de la misma manera en que lo hacia cuando estábamos juntos me ardió en el pecho, y escucharla suspirar de esa manera me mataba por dentro, pero no podía ceder, no podía darle el gusto a mi padre, pero necesitaba que me entregara la empresa y solamente esa era la manera, casándome.
Después de que Alex saliera de mi oficina enfurecida y eufórica, llame a mi hermana a mi oficina.
—En la mañana me echaste como a cualquiera, y te portaste como un imbécil con Alex, así que...— interrumpí la queja de mi hermana —Es ella Mary— y solo eso basto para que se quedará pasmada.
Mary no dejaba de boquear como pez fuera del agua.
—¿Que?¿ Me estás diciendo que todo este tiempo estuve con ella y nunca lo supe?— mi hermana no podía con su cara de incredulidad ante lo revelado.
Asentí con mi mano en la barbilla y recostado en mi silla, mis ojos no la miraban pero, podía asegurar lo que su mente pensaba.
—¿Que paso Eros? ¿Porque la dejaste?— no pensaba responder, o simplemente la respuesta era tan estúpida que me daba vergüenza decirla en voz alta.—¿Acaso ella no era suficiente para ti?— levante mi mirada tan rápido que me mareé y fruncí el ceño con molestia y enojó.—Ella era, es perfecta pero...— tome un respiro y continue,— Era demasiado real para ser para mí— volví a recostarme rendido en la silla después de procesar mi razón en voz alta, mi hermana no podía creer lo que acaba de decirle.
—¿Te estás escuchando Eros?, ella sufrío demasiado con tu olvidó, sabes cuántas noches escuché como hablaba del hombre que la hizo sentir y ver las estrellas con una mirada, y Luego llegó el imbécil de John que solo la uso para marketing y embarazarla y después botarla para buscar una nueva esposa trofeo, y tú, ¡¿la dejaste porque era demasiado para ti?!—
—Si lo dices así suena demasiado estúpido, pero respondiendo a tu pregunta si, por eso deje todo con Lex.— volver a pronunciar su apodo me sabía tan dulce.
Lex...
Cómo la extrañaba.
—Eros, eres mi hermano pero eres demasiado idiota para dejarla ir— la mire y negué con la cabeza — Ella no quiere saber de mi, todo el día me he comportado como un imbécil, en la mañana la vi en el estacionamiento y solo la ignore, e estado fingiendo que no la conozco y hace un momento le reproche que no se quiso casar conmigo pero con John si— parece que lo que dije fue el peor pecado del mundo ya que mi hermana se levantó enfurecida y vino hacia a mi colérica.
—Se casó con John porque el padre de este había dejado un escrito donde se comprometía a ambos por el bienestar de la empresa, algo muy arcaico en mi opinión, pero este acuerdo era inválido pero la tonta e inocente de mi amiga que adoraba tanto al señor Ben, lo hizo relidad y se casó con el, es algo que nunca va a decirle a nadie pero me lo confesó a mi cuando me pidió ayuda para divorciarse. Escucha hermano te amo, pero eres un imbécil con mayúsculas— mi sorpresa al escuchar esto era grande, y mi rabia hacia el imbécil ese aumentaba.
—¿Quién tiene la custodia de su hija?— Pregunté.
—Alex, pero el abogado de John acaba de enviarme un mensaje con una copia de una demanda por custodia de Harriet, algo que aún no le he dicho a Alex por qué se fue antes, ahora entiendo por que— repito, odio a ese imbécil.
—No se lo digas, la destrozadas, esa niña lo es todo para ella, solo deja que yo lo arregle— la mire serio, y ella negó con la cabeza.
—No, ella tiene que saberlo de mi, soy su abogada, así que no.— y se fue azotando la puerta.
Que afán con esa puerta.
Ahora Alex tiene más problemas de los que esperaba.