Capítulo 6.
Nueva vida.
—Adalia—
Lo veo marcharse y sostengo en mis manos un bonito celular; los he visto en las mesas del trabajo y en mis compañeros, pero nunca he tenido uno. Me llena de curiosidad, sé que aprenderé todo y podré hablar con el joven Adrián para pagarle todo lo que le debo y así él me deje ir y él pueda ser feliz con su novia. Me siento organizando los horarios con mis instructores; me hacen preguntas para saber qué tanto entiendo de las cosas y eso nos toma tiempo. De la nada se cierra la puerta tan fuerte que todos nos asustamos por los gritos de una señora.
—Tú —dice al entrar a la sala donde me arroja al sofá—. Salgan, déjenme sola con ella —le dice a mis instructores, quienes le hacen caso y se retiran al jardín—. Ahora que estamos solas, te dejaré muy claro que no serás feliz; mi hijo es muy bueno para ti y tú solo eres una cualquiera que se quería casar con mi padre por su dinero, así que no te permitiré quedarte ni un dólar. Solo te digo una cosa: si hablas o le dices a mi hijo algo de lo que hablamos o lo que sea de mí, te haré pagar cada cosa. ¿Me entendiste?
—Sí, señora, pero creo que está equivocada yo… —No me deja hablar y de inmediato me da una fuerte cachetada dejándome sobre el sofá.
—No te atrevas a dirigirte a mí, tú debes pedir permiso antes de hacerlo. Ahora retírate a estudiar, eres toda una inútil y además analfabeta.
Me levanto del sofá y salgo al jardín donde mis lágrimas no dejan de caer a mis mejillas; esta señora no me conoce y ya me está juzgando. Me siento a estudiar con mi profesora de etiqueta; mientras aprendo, la veo acercarse con un trago en su mano viéndome desde lejos. Hace que me ponga nerviosa y dejé caer un cubierto al suelo. Cuando me agaché para tomarlo, ella pisa mi mano dejándome en un dolor profundo.
—Señora, por favor, me lastima —digo casi llorando; esta mujer es igual a su padre.
—Eso te enseñará a prestar más atención. ¿Es que quieres dejar en ridículo a mi hijo en las cenas formales? Más te vale que aprendas todo lo que debes hacer o te juro que lo pagarás muy caro si mi hijo es avergonzado en público por una ignorante como tú. —Me suelta la mano y puedo ver a mi profesora reír de la escena y de inmediato observo mi mano sangrar. Me levanto y ella me obliga a sentarme de nuevo. —No te he autorizado a que te levantes, Dios, solo mírala; no sé cómo mi hijo puede cambiar a mi hermosa nuera por esta andrajosa.
—Recuerda que lo obligaron. —dice su amiga.
—Bien, entonces hagamos que pague por ello; ella es culpable de que mi hijo tenga que dejar a una buena mujer, de nuestra clase y además muy educada, la mujer perfecta para darme nietos guapos. — Ambas asienten y se ríen de mí.
Paso el día estudiando y su madre no deja que pruebe bocado ni tome ningún líquido; dijo que tenía que ganármelo. Puedo ver que Carmen también le teme y las otras chicas de servicio también, eso quiere decir que estoy sola. Solo me permitió quedarme en la habitación para ir al baño y de inmediato volver a las clases. Su maltrato me hace sentir mal; cada amenaza suya me hace temer por mi vida. No entiendo cómo una mujer como ella puede ser tan malvada. No sé por qué estoy en esta situación; solo sé que si le digo al joven Adrián, la puedo pasar peor. Después de mis dos primeras clases, ella se marcha dejándome libre. Corro a mi habitación para ducharme y limpiar la sangre de mis labios y mi mano, la cual corto con la punta del talón. Al terminar, me cambio de ropa y escondo el vestido con sangre. Trato de acomodarme para salir cuando siento que toca la puerta. Me acerco para abrirla, tratando de ocultar mis heridas.
—Hola, ¿qué tal tu día? ¿Te gustaron tus clases?
—Bien —le digo, tratando de contener mis lágrimas.
—¿Solo bien? ¿Qué pasa, no te gustan tus instructores? Noto que aún te falta una clase.
—Sí, gracias por todo, iré de inmediato, joven. —Le digo tratando de evitar su mirada con la mía, trato de salir y él me toma de la mano para que lo vea.
—Mi madre te hizo algo, ¿cierto?
—No, no es eso, ella solo vino a hablar conmigo, no se preocupe. —Le digo, tapando la herida de mi mano.
—¿Qué te pasó en el labio, ADALIA? —Me tapo la boca con la mano; sin pensarlo, mi herida queda frente a sus ojos.
—No es lo que piensas, me caí en el baño —le digo muy asustada.
—¿Cómo? Explícame, ¿cómo te caíste?
—De la ducha, joven, le digo la verdad, no tiene que preocuparse por mí.
—¿Sabes que la casa tiene cámaras?
—Por favor, señor, se lo juro, mire, yo hago lo que me pida, pero por favor, créame, ella no me hizo nada. —No puedo contener más mis lágrimas, temo que si él le dice algo, ella vuelva por más; siento mi cuerpo temblar sin poder mirarlo a los ojos.
—Ven —me lleva a la habitación, sentándome en la cama, buscando alcohol y un algodón; limpia mi mano y la venda, luego me mira pasando uno en mis labios, y mi corazón late a mil por segundo al tenerlo tan cerca. Pasa su pulgar por mis labios y me alejo un poco de él mientras nos miramos. —Ve a tu clase.
—Sí, joven.
—Adrián—
Verla tan lastimada de alguna forma me hace sentir culpable, es tan inocente e indefensa, en el cuerpo de una mujer, ver esos labios que me encantan, tan rojos y carnosos lastimados, me llena de enojo y sé que mi madre tuvo que ver en esto. Salgo de su habitación caminando a mi despacho donde me encuentro con Richard, mi mejor amigo, quien observa por la puerta del despacho donde seguro está Adalia.
—¿No te dijeron que es imprudente espiar a las personas? —le digo acercándome a él con curiosidad.
— Venía llegando y vi a esa diosa pasar frente a mí. ¿Es Adalia tu esposa? —dice sorprendido y sé que es por su belleza.
—Sí, así es—le digo sin más.
—Vaya, hermano, qué suerte tienes, qué MUJER, tiene todo; si no fuera porque estás enamorado de Margaret, no vería razón por no estar votando la baba por tu esposa, solo mírala. — Me acerco para mirar a su dirección y la veo acostada en el sofá; realmente es hermosa, no puedo evitar recorrer sus piernas hasta sus labios, los cuales muerde insegura. —Sus bebés serán tan hermosos. —Al decir eso salgo de mi estado de shock.
—Eso no pasará, no la tocaré, puede ser muy hermosa, pero es tan inocente, no tiene ni idea de lo que implica este matrimonio, además de que no traicionaré a Margaret.
—Es tan inocente, pero tiene algo que te gusta, ¿O me equivoco? Puedo verlo, hermano, además sabes que si no tienen un bebé en un plazo de un año, ella se meterá en problemas. ¿Es lo que quieres?
— Estoy solucionando eso, creo que mi abogado establece una contrademanda; todo se sabrá en dos días.
—No lo sé, amigo, el tema es complicado, solo diré que tienes mucha suerte, por algo todo pasó así y ella está en tu vida.
—No soy niñero, ell… —interrumpe.
—Suuuh… —Dice, colocando su dedo en medio de sus labios para silenciarme.
—¿Qué haces? —le digo al verlo acomodarse para espiarla, lo que dicen.
—Escucha.