Saludo a Robert sin pararme, entro a la zona residencial atravieso las calles y me dirijo corriendo a la casa de Alessandro mientras no dejo de preguntarme a qué es debido el tono casi autoritario de él. Sé que tengo que estar disponible veinticuatro horas para él, es una cláusula que quedó clara en el contrato. Sin embargo sospecho que hay algo extraño detrás de su inmediata exigencia. Abro el bolso y busco las llaves. Ingreso. Alessandro está en la sala con la computadora portátil abierto y rodeado de pilas de documentos. Su cabello atrapa los reflejos del sol de la tarde que entran por los enormes ventanales. —Hola —saludo, recostando el bolso y los libros en una de las sillas de diseño. Estoy sofocada por la carrera que me he dado para llegar lo antes posible y también por los ne

