—Quizás en otra tienda encontremos algo —comenta Alessandro al salir de la tienda con las manos vacías. Cuando entramos a la siguiente tienda , sale a recibirnos un hombre de unos cuarenta años, con el pelo moreno engominado y peinado hacia atrás. —Soy Peter, bienvenidos —se presenta en el mismo tono amable y servicial que utilizara la dependienta de la tienda anterior. —Gracias —digo yo mientras Alessandro permanece callado. —¿Qué desean? —Un vestido de noche largo —se adelanta Alessandro—, y elegante, pero sin ser sobrio. —¿Alguna firma en especial, señor? —pregunta el hombre—. ¿Prada, Versace, Roberto Verino, Carolina Herrera…? —No. El hombre carraspea para aclararse la garganta. —¿Nos tenemos que ajustar a… algún precio específico? —dice algo incómodo. —No —vuelve a negar Ale

