Familia

1051 Words
Gabriel Sé que me voy a ir al infierno, yo no debería apoyarla, al menos no en esta locura. Si tan solo mirara un poco más hacia mi, si tan solo se fijará en mí, yo simplemente la haría felíz, la amaría con todo mi corazón. Aunque sé que ella nunca pondrá sus ojos en mí, para ella solo soy invisible, un objeto que solo trabaja para ella y nada más. —¡El siguiente! —dije llevando mis manos a la sien, llevo horas y creo que este será el último. Arrugué la nariz, este ni loco lo escojo, es demasiado guapo además de cualidades que ni yo tengo y ella podría enamorarse. —¡Señor!, ¿Está bien? —dijo el hombre enfrente de mí. —Sí, tome, mañana tiene una entrevista en este restaurante, por favor vaya lo más elegante posible, y lleve flores de camelia, a ella le gusta ese tipo de flores —dije. Lo pensé, lo medité mejor y este hombre además de guapo puede ayudarle a mi jefa, al final eso es ella… mi jefa. Estiré mis manos y le di la dirección de la dichosa reserva, me giré y cerré mi laptop, tomé mi maletín y salí, es demasiado tarde, y no creo que ella siga ahí. Caminé hacia su oficina, pero para mí desgracia ya todo estaba apagado, deje salir un suspiro, así ella no lo noté ella es mi razón para levantarme todos los días. Es tan hermosa que parece una diosa bajada del mismo monte Olimpo, como no soñar con ella, cómo no amarla, si es tan perfecta. Al llegar a casa sonreí al encontrar mi tarjeta como todos los días al lado de mi cena, de mi pequeña Sophia. Ella es mi sobrinita, mi hermana falleció hace cuatro años al dar a luz y yo decidí hacerme cargo de ella junto con mi madre. Puedo decir que soy el hombre más feliz del mundo al tenerlas a ellas en mi vida, sin ellas no soy nada, no soy nadie. Tomé mi cena y subí a la habitación de Sophia y así dejar su beso de buenas noches como siempre antes de irme a mi habitación. No sé qué sería de mí sin ellas en mi vida, pensar que hace años puedo decir que no era un buen hombre, los dolores de cabeza que le causé a mi madre no fueron pocos, a pesar de la partida de mi dulce hermana estoy agradecido con la bendición que dejó a mi cargo. Hoy empiezo un nuevo día, uno donde creo que voy a matar a más de uno si se atreven a pasar la línea. Acomodé mi corbata, me mire al espejo y aplique mi loción favorita, y salí de mi habitación. —¡Papito!, ¡Papito! —exclamó mi pequeña Sophia. —¡Hola mi pequeña princesa!, ¿Qué haces despierta está semana? —dije llenando de besos sus mejillas redondas. —¡No tenía sueño y la abue dijo que podía esperar a que tú bajarás —exclamó mi pequeña sobándose sus pequeños ojos azules, creo que todavía tiene sueño. —Entonces iremos a hacer un nutritivo y delicioso desayuno para la abue y para mí princesa. La tomé en mis brazos mientras la llenaba de besos, ocasionando que toda la casa se escuche su dulce sonrisa. —¡Si!, papito, ya falta poco para que llegue santa, me he portado muy bien, no he vuelto a orinar en mi cama. Mi abue dice que ya soy una niña grande —dijo moviendo sus manitos mientras la bajaba de mis brazos. —Sí, y estoy muy orgulloso de ti —dije buscando en la gaveta los productos para el desayuno. —¡Papito!, ya se que le voy a pedir a santa —dijo, sonreí y me gire solo para encontrarme con el brillo hermoso en sus ojos. —Entonces está noche podremos hacer la carta a santa y la pondremos en el árbol —dije llevando un sorbo de leche a mi boca. —¡Si!, le pediré un unicornio —gritó eufórica. —Creo que santa te lo traerá, él tiene muchos peluches de unicornio —dije sonriente llevando otro sorbo de leche a mi boca . —No papito, ¡Yo quiero un unicornio de verdad!, y que el unicornio tenga un pony para que los dos jueguen conmigo —dijo jalando de mi saco. Deje salir toda la leche que había llevado a mi boca, ni en el mejor de los casos encuentro un unicornio, esos ya se extinguieron. Me incliné un poco, tomé a mi pequeña en mis brazos y la llevé a su silla. —Creo que deberíamos pedir mejor una bici. Sé que has sido una niña muy buena, pero no tenemos espacio —dije tratando de hacerla entrar en razón, debo hacerla entrar en razón, o de lo contrario ¿Qué voy hacer con la bici que compre para ella? —La abue dijo que lo podríamos dejar en el patio —dijo llevando su leche a su pequeña boca. No pude evitar llevar mis manos a mi cabeza, como mi madre puede darle ideas, “Mamá” —¡Sophia!, yo dije que podríamos dejar la bici que te va traer santa en el patio, no un pony, y mucho menos un unicornio —dijo mi madre entrando a la cocina aún soñolienta. Me puse de pie y caminé hacia ella y le di un beso en la frente como todas las mañanas, mientras mi pequeña Sophia corría a sus brazos. —Buenos días madre —dije conteniendo mi risa. —Buenos días hijo, anoche volviste a llegar tarde, creo que tú jefa ya te está explotando mucho, debes hablar con ella —dijo mi madre. —No te preocupes madre, solo es por esta semana. ¡Y tú mi pequeña mentirosa! Vamos a cepillarnos los dientes, y está noche tu y yo tendremos una conversación —dije Que puedo decir, está es mi vida, mi pequeña Sophia nunca deja de sorprenderme. Después de desayunar junto a mis dos grandes amores tome mi maletín y celular y salí hacia el conglomerado. Bueno esa era la idea, los mensajes de la jefa pidiendo mi presencia en su apartamento desviaron mi trayectoria.
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