Eva
Abrí mis ojos de par en par al ver mi agenda electrónica, ¿Cómo Gabriel pretende que vea a 10 hombres diarios durante una semana?
Sí, sé que había demasiados hombres ayer en el conglomerado y por ello le pedí a Gabriel que escogiera a los mejores, pero jamás pensé que escogiera a todos.
Salí de mi cama y caminé hacia la cocina, un buen café me caerá bien mientras llega Gabriel, por lo visto hoy será un día largo y por supuesto él me ayudará.
Llevé un sorbo de café a mi boca, y salí de mis pensamientos al escuchar la puerta de mi apartamento. Caminé hacia la puerta y abrí la puerta.
—¡Buenos días señorita Eva! —dijo Gabriel con una enorme sonrisa dibujada en su rostro, ¿Por qué sonríe tanto?, en fin creo que nunca voy a entender, lo que sí puedo decir es que tiene una bella sonrisa.
—Sigue, ve a la cocina y prepara algo de desayunar para ti mientras me baño —dije girándome para ir a mi habitación.
—Sí, sí señora…
Caminé hacia mi habitación, me despoje de toda mi ropa, y me duche rápidamente, hoy no tengo tiempo para mi baño en tina con mis amadas esencias florales.
Tomé una toalla y la enredé en mi cuerpo, caminé hasta mi closet y saqué todos mis vestidos.
—¡Gabriel! —grité.
—Señorita Eva, ¿En qué puedo ayudarle? —dijo al mismo tiempo que llevaba sus manos a sus ojos.
—¿Qué sucede Gabriel? —dije rodando mis ojos.
—Señorita Eva, creo que no debí entrar a su habitación, usted está casi desnuda —dijo tartamudeando. Bueno no pensé que le afectará tanto, al contrario, debería estar feliz en ayudarme, después de todo es gay.
—Estoy en toalla Gabriel, no estoy desnuda, así que quita las manos de tu cara, necesito tu ayuda —dije rodando mis ojos, caminé de nuevo hacia mi cama, quite mi toalla de mi cuerpo y tome uno de mis vestidos y poder mostrarle a Gabriel.
—¡Gabriel!, Gabriel…
Bueno esa era mi intención de mostrarle el vestido a Gabriel, si no se hubiera desmayado. Dejé el vestido de nuevo sobre la cama y corrí hacia él.
—¡Gabriel!, ¡Despierta!, Gabriel —dije llevando mi mano a su rostro y así moverlo.
Definitivamente no entiendo como hay tanto desperdicio de hombres, ¿Cómo es posible que un hombre que pareciera tallado por los mismísimos dioses, fuera gay?
Moví mi cabeza y volví a lo verdaderamente importante, “Hacer que Gabriel despierte”. Me acordé de una de las tantas novelas que veía mi nana, siempre que se desmayaban colocaban alcohol en sus fosas nasales, así que me coloque rápidamente de pie y corrí hacia mi tocador.
Tomé un frasco de mi loción favorita, que en definitiva es lo más cercano que tengo de alcohol y corrí de nuevo a dónde estaba Gabriel, solo espero y no se haya pegado fuerte en la cabeza, que a decir verdad lo creo imposible posible, el golpe fue tan fuerte que creo que por lo menos va a tener dolor de cabeza una semana entera.
—¡Despierta Gabriel! —dije pasando un pedazo de algodón en sus fosas nasales.
—Ummm, ¿Dónde estoy? —dijo abriendo sus ojos lentamente.
—Gabriel, que bueno que despertaste —exclamó realmente aliviada.
—Señorita Eva, ¿Estoy en el cielo, verdad? —dijo con una sonrisa dibujada en su rostro.
—Estás en mi apartamento, y no, no estás en el cielo, aunque por poco y lo estás —dije mirándolo fijamente
Sus ojos viajaron rápidamente por mi cuerpo, y como si acabara de ver el peor de los especímenes, se colocó rápidamente de pie y tapó de nuevo su cara, “Por Dios” ¿por qué actúa como tonto?, se supone que es gay y el cuerpo desnudo de una mujer para ellos debería ser lo más natural, o no?
—¡Señorita Eva!, usted sigue desnuda, y yo no puedo estar aquí —exclamó Gabriel, empezando a caminar con sus ojos cerrados, Dios.
—¡Espera Gabriel! ¡Por ahí nooo! —grité justo en el momento que Gabriel estrellaba su enorme cuerpo de casi dos metros contra la pared y caía de nuevo al piso.
—¡Gabriel! ¿Estás bien? —exclamé mientras me colocaba una bata, o de lo contrario creo que me quedaré sin secretario.
—Sí señorita Eva, está usted visible —dijo el.
—Si, ya puedes mirar, por Dios Gabriel, ¿Que pretende?, ¡matarse antes de navidad!—dije caminando de nuevo hacia la cama, mientras él se colocaba de pie y sobaba su cabeza
Tomé de nuevo un vestido de los tantos que tenía sobre la cama y caminé hacia el baño.
—Gabriel siéntate en la cama y espera a que salga —dije.
—Sí señorita Eva —respondió él.
Me mire de nuevo en el espejo, quiero algo discreto, que no sea tan vulgar y mucho menos exibisionista.
Salí del baño llevé mis manos a mi cintura y caminé por mi habitación como si fuera la más elegante de París.
—¿Cómo me queda? —dije llamando la atención de Gabriel.
—¡Hermoso! —dijo él.
—Entonces este será para hoy, voy por otro —dije caminando de nuevo hacia el baño.
—¡Señorita Eva!, ¿Usted se medirá todos esos vestidos? —preguntó Gabriel señalando la enorme montaña de vestidos sobre mi cama.
—Si, quiero que me ayudes a buscar los vestidos que usaré está semana, así que ponte cómodo, tenemos poco tiempo y no quiero dar una mala impresión —dije.
Gabriel llevó las manos a su cabeza, creo que aún le duele por los dos golpes que se dió, en fin, el tiempo es oro y no puedo perderlo.
Caminé de nuevo hacia el baño, me coloqué un vestido rojo encendido, y salí de nuevo a la habitación. Siempre han dicho que los gays tienen buen gusto en cuanto a la ropa, así que quien más apto para ayudarme que Gabriel.
No pude evitar abrir mis ojos al ver que Gabriel tenía sobre sus piernas uno de los cojines que había sobre mi cama.
—¡Gabriel suelta ese cojín y ven ayúdame con el cierre del vestido! —dije girándome y así mostrarle mi espalda desnuda a Gabriel y así él me ayudará.
—¡Señorita Eva! Yo… —tartamudeo.
—Si tu, ven y me ayudas con este broche, creo que se atoró