Conferencia

952 Words
En cuanto llegó, a la oficina, se encerró en la suya. Tenía que atravesar el despacho de su jefe; para poder llegar, no había nadie. Se preguntaba, porque no tenía una puerta en el lado de afuera. En cuanto la cerró, pudo ver que era bastante espaciosa. Caminó, sosteniendo cada objeto en sus manos, algunos estantes estaban estratégicamente puestos en la parte de atrás, cuando de pronto... Había algo irregular. Detrás de el metal, vió madera. —¿Hay una puerta secreta? —preguntó en voz alta, sorprendiéndose. La curiosidad siempre podía con ella, así que sin dudarlo demasiado, comenzó a quitar cada cosa del estante, habían cajas, algunos floreros muy antiguos. —Señorita Sofía ¿puede venir? —ordenó una voz, y ella dejó todo para poder marcharse. —Ahora voy señor —dijo mientras sus pasos se aceleraban en dirección a la puerta. Al sostener la manija, pudo girarla para salir. —¿Qué necesita señor? —preguntó con un tono educado . —Quiero que busques, todo esto, sé que eres inteligente, y no tengo demasiado tiempo. Tengo que ir a una conferencia a una ciudad cercana, estos son cálculos, y datos de la empresa, necesito que los analices, y que puedas observar si hay alguna anomalía. —Enseguida señor... Es un placer para mí. —Dudo que sea un placer para ti, te vas a quedar bastantes horas pero te las pagaré. Ella asintió, sosteniendo todos los papeles entre sus manos, al ingresar el silencio le invadió. Dejó el sobre la mesa. Su corazón latía con fuerza, mirando de rojo aquella puerta escondida. "¿Qué hay detrás? —pensó confusa —¿Acaso mi jefe oculta algo?" En cuanto se acercó, sostuvo entre sus manos, el último objeto que faltaba quitar. Luego, movió con bastante dificultad el estante. —Esto pesa —protestó, e incluso había sentido que comenzaba a sudar. Sus mangas las arremangó para tener un poco más de fresco, a pesar de tener el aire acondicionado encendido. Con un último esfuerzo, pudo quitar el estante. Una gran puerta, junto con una manija redondas, la esperaba. Aquello llamó más la curiosidad de ella, puesto que Sofía era una persona curiosa. Se acercó con aire decidido y sostuvo la perilla, al girarla , poco a poco la puerta se abrió. Sofía ingresó, mirando con cuidado. Un cuarto oscuro, junto con algunas gotas de humedad la esperaron. No había nada, solamente algunas cajas que están un poco verdosas, y un olor insoportable. Se preguntaba que había en ese sitio, Y por qué estaba oculto de esa manera. Se preguntaba si acaso tenía algún propósito. Hizo una mueca, pero decidió avanzar. Poco a poco sus pasos fueron amortiguados, por el eco del agua. Se dio una vuelta sobre sus talones, verificando que no había nada. Cuando estuvo a punto de salir, escuchó algo extraño. Como una voz. —Sofía —al girarse asustada, no vio nada. Alumbró con su teléfono, y el miedo, la invadió. Salió a toda prisa de aquel sitio. Miró con algo de nostalgia aquel estante, lo tendría que mover, con bastante esfuerzo lo puso en su lugar. Le pudo coloco cada objeto donde estaba. Se sacudió las manos y se dirigió a su pequeño baño. Después de lavarse y refrescarse un poco, pensó en aquello que había escuchado. Giró la cabeza contrariada como eso no podía ser posible. Se sentó en el escritorio para estar varias horas trabajando. —¿Señorita? —preguntó una voz, y ella asustada, se puso de pie . —¿Qué ocurre? —preguntó asustada. —Se ha quedado dormida ¿Acaso no está incómoda? —preguntó aquel joven que había visto en el día de ayer. Hernán, la observaba con curiosidad y con una sonrisa. —A usted no le interesa lo que hago o deje de hacer... lo lamento —dijo después de escuchar sus propias palabras . —No. Para nada al parecer me agrada que sepa defenderse. Vamos, la invito a un café no sea tímida. Sofía, no muy convencida, miró sorprendida el reloj. Las 7 de la mañana, y ya se había quedado dormida al parecer en la oficina. Apenada, lo siguió a un metro de distancia, el jefe de la otra planta. "Sofía ¿cómo le has hablado así a un jefe? —pensó —creo que que si no me hecha, sería un milagro" —Gracias —dijo en cuanto sostuvo su taza de café, y Hernán se sentaba a su lado. —De nada, la verdad es que raro que me llame la atención una mujer . —¿A-a qué te refieres? —Siempre tengo muchas mujeres a mi disposición, pero tú eres diferente. —No sé a qué te refieres... Pero supongo que está bien —dijo se encogió de hombros. —Ves, eres diferente. Una hora más tarde, Sofía ya se encontraba ordenando el escritorio. Los lápices, de mayor a menor, quitando la suciedad de la alfombra con una aspiradora, y dejando todo impecable. Al terminar, guardó todos los objetos de limpieza, se introduzco dentro de su oficina. —Aeñorita cómo ha dejado todo muy bien, aquí están las demás tareas del día ¿Se siente bien?, veo que tiene ojeras. —Estoy bien —dijo y después añadió: —Muchas gracias por las tareas. —No tienes que agradecerme, es trabajo y a mí me frustra. —¿Qué tal estuvo la conferencia? —preguntó. —Aburrida, la mayoría siempre quieren hablar contigo para caerles bien. Yo tengo que fingir una sonrisa pero bien . —Me parece más interesante que lo que yo hice —dijo divertida. —Sí, tienes razón aunque no sé si tanto.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD