5.

821 Words
5. Al entrar, vi que la enfermera Wendy, tenía el rostro tan blanco como la pared, con los ojos cerrados, de pie, dando, de forma sospechosa, la espalda a la cama. Romina, por su parte, estaba inclinada sobre el paciente, con el estetoscopio puesto sobre su corazón. Miré a Rodrigo y me quedé observando completamente pasmada. Ahora, su rostro parecía la de un ser mucho más maligno, y se veían que donde antes había dientes sanos y normales, unos colmillos, muy largos y filosos… pero esta vez ya no sonreía, sus labios se abrían y se movían como si estuviera hablando en un idioma extraño, luego una risa sofocada y, sin embargo, penetrante, inhumano, parecía ser la risotada obscena de un diablo. Al ver lo que sucedía, el hombre que veía por la ventana se puso en pie de una, volcando la silla y haciendo ruido. La risa que salía de la boca del paciente se estranguló y murió, y el cuerpo de Rodrigo recobraba movimiento. Romina estaba exaltada, aunque trataba de ser la profesional de siempre. —Su corazón se detuvo hace diez minutos. Debiera estar muerto y, sin embargo… —dijo totalmente pasmada. Oí abrirse la puerta y la voz de Bellamy, hizo que algo dentro de mí se removiera. Por algo que no podía entender en ese momento, evitaba verlo a los ojos. —¿Qué tal va, doctora Roseu? No he podido dormir… —se quedó estupefacto al ver a su amigo convertido en algo oscuro y demoníaco. —¡Dios todopoderoso! —soltó, sin poder contenerse, y casi se tumba al suelo. Aunque yo no podía sacar los ojos de Rodrigo, pude ver que Bellamy se llevaba las manos a la cabeza ante semejante espectáculo. Y no era para menos, el rostro de su amigo era ya el rostro de un demonio, y tenía la sonrisa de triunfo, en él ya no quedaba un solo rastro de haber sido un humano. Tenía el rostro de un demonio salido directamente del infierno, y sus malignos ojos enrojecidos que un día habían sido marrones, miraban directamente a Bellamy. —ÉL viene… por vos… —le dijo con una voz metálica que lastimaba mis tímpanos, como a todos los presentes. Y con una nueva agilidad, el paciente, rompió en pedazos la ventana que daba hacia la calle, y prácticamente se hizo humo delante de nosotros, pero no parecía que se hubiera desvanecido, más bien movido con velocidad tal que el ojo humano no podía nunca percibir. Miré a Bellamy. Él estaba al borde de un colapso, al igual que la enfermera Wendy, y mi amiga Romina miraba con la boca entreabierta. En ese momento, el reloj del hospital marcó las cinco de la mañana. Luego de eso vinieron los de seguridad, los de administración, para ver lo que había pasado. Mientas, Romina, la enfermera Wendy y el propio Bellamy daban explicaciones de lo que había pasado, yo me sentía agotada por completo. La falta de sueño de estas semanas me pasaba al fin factura. Fue Bellamy quien se dio cuenta que estaba entrando en colapso. —Doctora Roseu, ¿se siente usted bien? Ahora que formulo la pregunta resulta obvia la respuesta… Romina vino a verme y me tomó la presión. —Vete a casa… no quiero tenerte de paciente… —dijo sabiendo que ya tenía mis días de vigilia terminados. No me negué, como bien lo habría hecho si no me sintiera de la forma en la que me sentía. Bellamy que estaba atento a la conversación se me acercó. —¿Quiere le la acompañe a su hogar, doctora? —me ofreció Bellamy para mi gran sorpresa. Yo, que estaba rendida con todo lío hecho en el cerebro, acepté con entusiasmo, solo en la universidad había caído bajo ese cansancio mental que en ese momento me tenía nula para todo lo que requiera un poco de cerebro. —Se lo voy a agradecer mucho —le dije. Pero podía ver que no era la única afectada, vi que también Bellamy se encontraba tan penosamente anonadado. Después de todo el paciente era su amigo. Nos retiramos en silencio del hospital, siempre con sus guardaespaldas por detrás, atentos a cualquier anormalidad que pueda presentarse en el viaje. Mientras el carro lujoso que había visto aparcarse, avanzaba en silencio conmigo dentro, podía ver el rostro de Rodrigo en mente. El viaje lo hicimos en completo silencio. Luego supe que al final, no se dio parte a la policía, como había solicitado Bellamy, y nadie había puesto objeción, seguramente por la compleja explicación que habían presentado todos los testigos. Y para el hospital, hacer frente a la policía sería quizás una mala propaganda, y por ese motivo, y por los cientos de fajos de dinero que Bellamy les dio a los de la administración por los daños y perjuicios ocasionados, se prefirió mantener el caso bajo una tela de reserva absoluta.
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