Mientras volvía a mirar a su hija temblorosa, no pudo evitar recordar los buenos tiempos felices. Cuando se habían conocido y se desarrolló su amorío.
En ese entonces llevaba masomenos un año trabajando para los Jameson cuando lo conoció.
Karim era íntimo amigo del padre de los mellizos.
La primera vez que lo vio se sintió como si un rayo le hubiera dado, hasta las bragas se le habían mojado y si tenía que ser sincera con el tiempo el efecto no había pasado.
Aunque sentía mariposas en la panza cada vez que lo tenía cerca...en algunas ocasiones como en ese momento, las mariposas eran reemplazadas por retorcijones de miedo.
Cómo la vez que lo vió tan enojado luego de la acusación de su 'novia' de robo.
Ella no había sabido que tenía novia hasta que la mujer llegó. Era una influencer y modelo, mediática de una de las familias más ricas de México. Mientras ella era basura blanca que se había criado en un orfanato.
La mujer no perdía oportunidad para hacerle notar las diferencias y recordarle su lugar, siendo que los Jameson siempre la habían tratado como si de su propia familia se tratase.
Pero mucho antes de que pasara todo eso y los hechos que culminaron con su despedida y expulsión de la agencia. Lo conoció.
Un día estaba jugando con los niños en la piscina mientras Miranda, la madre de los niños descansaba un poco y su padre estaba en la oficina y llegó él. Ni siquiera se lo habían presentado.
— Hola, soy Karim, el mejor amigo de Seven — Seven era el padre de los niños. Un bancario con más dinero que los ladrones que para su sorpresa estaba enamorado perdidamente de su mujer a quién conocía de mucho tiempo. Ella no conocía bien su historia, pero no tenían muchos años de casados y era evidentemente lo mucho que se amaban.
Stormy estaba con una pelota inflable en la zona baja de la piscina, tenía un bañador básico de triangulitos en color aguamarina, bastante parecido al color de sus ojos que oscilaban entre el verde y el celeste.
Ella no podía verse ni hubiera sido objetiva.
Pero su juventud y frescura hechizaron a Karim, que estaba acostumbrado a otro tipo de mujeres.
Ella se acercó al borde de la piscina y le dió su mano, tenía varios kilos de protector solar encima y estaba mojada.
— Un gusto, soy Stormy la niñera de los pequeños — le dijo con una sonrisa.
Bastó solo ese toque para que una corriente de electricidad atravesara su cuerpo delgado con curvas. Stormy en ese entonces no tenía tanto busto como ahora, no era plana sino más bien un 90/60/100. Su trasero siempre fue redondo y generoso. Difícil de ocultar, y firme. Karim lo notó de inmediato por supuesto. Como un melocotón listo para ser comido y devorado, de preferencia por él.
Él había notado todo de ella, cada peca y el aroma a coco de bronceador.
Por su parte Stormy nunca había visto a nadie como Karim casi en toda su existencia.
No tuvo que ser adivina para darse cuenta de que tenía ascendencia árabe u oriental, se veía claro. Tenía la piel bronceada, sobre un cuerpo trabajado de más de 1.80 calculó ella. El cabello castaño recortado a la moda y los ojos más oscuros que había visto en su vida, que la miraron desde la cabeza hasta los pies (dentro del agua) bebiendo cada detalle de su cuerpo con su mirada ardiente.
Si hubiese sido otro hombre seguramente ella se hubiera sentido incómoda, avergonzada e incluso temerosa pero no con él. Su mirada era una caricia y ella sentía la necesidad de pavonearse como un pavo real ante sus ojos.
Por un instante sintió como si fueran dos animales salvajes en alguna clase de ritual de apareamiento. Al menos de su parte, aunque si algo tuvo claro es que él siempre la deseó.
Aunque fuera para divertirse.
Si ella no se hubiera enamorado, embarazado ni perdido el trabajo hubiera sido divertido para los dos claro.
Sus primeros acercamientos fueron en la piscina así que no debería haberla sorprendido el tener allí su primera vez con él.
La primera vez que coincidieron allí él la había encontrado nadando de noche. Era el único momento en que podía realmente disfrutar pues no podía nadar cuando había que vigilar a dos pequeños revoltosos.
Él se acercó y dejó su bata en una silla.
— ¿Un paseo nocturno? — le dijo con su media sonrisa de dientes blancos como una publicidad de la TV. Se sacó la bata y debajo llevaba un bañador como una especie de short corto, ni muy apretado ni muy suelto, que revelaban unos muslos fuertes que gritaban a los cuatro vientos que él se ejercitaba.
— Pero no por el infierno — respondió ella como una broma, sin saber lo equivocada que estaba en ese momento...
En esa ocasión él se metió y nadó algunos largos mientras ella salía. El frenó y la miró con algo parecido a la tristeza.
— ¿Ya te vas? — preguntó con lo que simulaba cierto pesar.
— Es para darte espacio — le dijo ella y era , al menos en parte, verdad. La otra verdad era que su cuerpo desnudo la ponía incómoda, tensa, con ganas de tirársele encima y ella era una chica casi inexperta. Había tenido un novio, y había hecho algunas cosas pero no había perdido su virginidad todavía. Sentía que no había encontrado al hombre indicado de alguna manera.
Trish solía decirle que dejara de leer a Kathy Monroe, que las cosas que esa mujer escribía solo pasaban en las novelas. Que los príncipes azules desteñían y aún si insistía en buscar "al indicado" todavía podía divertirse en el mientras tanto, pero ella no lo creía así. Y no podía evitarlo. No era como Trish que cambiaba de novios como de bragas sin ningún tipo de empacho. Ellas habían vivido juntas hasta que su trabajo de niñera la obligó a mudarse con los Jameson y actualmente su amiga vivía con Jared su novio del momento.