Capítulo 3.1

514 Words
Luego de haber adquirido una postura política crítica y haber ganado confianza en mí mismo, me decidí a que era momento de empezar una nueva relación, pero no una relación cualquiera, quería la primera relación seria de mi vida, así que me decidí a emprender una inagotable búsqueda para encontrar a la novia ideal. Venía de vivir varios meses viéndome con algunas amigas del colegio, más sin embargo ninguna me llamaba lo suficiente la atención como para querer algo más allá de unos simples besos, no estaba dispuesto a sacrificar mi soltería por una chica que solamente era bonita y ya, pero la soledad empezó a hacer estragos en mi vida. Cuando ya me encontraba cansado de no encontrar a nadie ideal para mí, cometí el error de cansarme de esperar, y me terminé decidiendo por simplemente aceptar la próxima oportunidad que apareciera frente a mis ojos para tener novia. El profesor Henry un día hizo un sorteo de parejas que debían leer un libro juntos y exponerlo en clase, y el sorteo arrojó que yo debía trabajar con Valentina, una chica linda de mi curso, bastante introvertida, pero con buen sentido del humor, con la que nunca antes había cruzado palabra alguna. Esa tarde, me puse en contacto con ella y quedamos de reunirnos en su casa para trabajar, así que me puse mi mejor ropa para ir a verla, decidido a que le iba a demostrar que me interesaba, sólo por saber qué sucedería. Llegué a su enorme casa, de estilo colonial, y me abrió ella, con un aroma fresco y una energía que pocas veces había sentido emanar desde una mujer. Entré a la sala de su casa y nos sentamos a conversar acerca del libro que debíamos leer, mientras notaba como sus ojos me miraban con una admiración inmensa mientras yo hablaba, en ese momento descubrí lo genial que era ser admirado por alguien más a solas, probablemente en el caso de ella en secreto, pues nunca habíamos hablado antes, sin embargo, ella me tenía muy presente, y yo a ella. Luego de un rato de hablar, y sentir esa linda energía entre los dos, opté por acariciar su rostro, mientras ella levantaba sus cejas, como preocupada por lo que estaba a punto de suceder, pero yo reuní valentía suficiente para lanzarme a su rostro y besarla. Ese fue el inicio de mi primera relación seria, pero a mí algo me confundía aún, porque no sabía si quería estar con ella por mi previa decisión de que ella era esa próxima oportunidad que estaba esperando, o porque ella en verdad me gustaba lo suficiente como para tener algo serio, sin embargo, unas semanas después nos hicimos novios. La relación aún estaba empezando, llevábamos pocos días de haber iniciado y un día cualquiera, llegando al colegio, me percaté que mis amigos me miraban extraño y no me hablaban, con miradas incómodas y silencios inquietantes. Fue allí donde estaba a punto de enfrentarme a una de las pruebas más grandes de mi vida para darme cuenta si realmente quería estar con ella.
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