—¿Qué onda? —Miró a las chicas y luego a mí—. Dijiste que tenías comida... así que traje unas cervezas. —¡No bromees! —Micca repitió mientras agarraba la mano de Wendy—. Por favor, dime que no estamos pasando el rato con nuestro maldito rey —su voz apenas estaba por encima de un susurro. Bajé la cabeza y la sacudí. —Sí, Micca. Vamos a pasar el rato con él. —Hice un gesto para que entrara, y él caminó hacia la cocina. Metió la cerveza en el refrigerador y se movió inquieto durante unos minutos antes de regresar a la sala y entregarme una cerveza. —¿Qué has cubierto? —Se dejó caer en el sofá a mi lado y las chicas se quedaron de pie hasta que me reí. Aseguré el apartamento y abrí la cerveza. —Siéntate. —Señalé el sofá y la silla que rodeaban mi nueva mesa de café. Todos se sentaron exc

