Me quedé en la puerta por unos segundos, debatiéndome entre dejarlo o volver a entrar para rogar quedarme un poco más. Pero sabía que una vez que él decidía, se mantenía firme. Y en este mismo momento, su mente estaba decidida porque algo estaba sucediendo en casa. Bajé la mano y me di la vuelta, sintiéndome fatal, pero dándole el espacio que necesitaba. Odiaba cuando me iba de regreso a casa de mamá, y yo también lo odiaba. Solté un suspiro y bajé las escaleras. La casa de la manada estaba inquietantemente silenciosa. Estaba tan acostumbrada a escuchar a alguien correr por las habitaciones, o a los omegas limpiando, que el silencio era ensordecedor. Lo tuve que dejar pasar, sabía que estaba siendo dramática. Simplemente no quería irme. Llegué al piso de abajo, y vi que las dos familias

