5. Es lo único que te pido

1313 Words
Lucas Se me asoma una sonrisa al verla. Está desastrosa. Viste el uniforme del hospital, tiene el pelo alborotado y sus ojeras están muy marcadas. Y aún así, se ve atractiva. Cierra la puerta detrás de sí y se queda estática mirándome, nerviosa. Nuevamente, vienen estos pensamientos lujuriosos recordándola. Lo pasé increíble, jamás pensé que una mujer como ella, tan estudiosa y profesional fuera tan desinhibida en la cama. Aunque, Bec siempre ha estado loca. Le encantaba salir de fiesta y emborracharse. Pasarla bien, como yo. Sólo se tranquilizó en cuanto empezó a trabajar. Algo que no está en mis planes. — ¿Qué haces aquí? —me pregunta contrariada, tragando saliva. — Vine a ver a mi hermana, ¿está bien? — Nerviosa, pero bien. Esa loca no le hizo nada —responde evadiendo mi mirada. — Voy a verla —afirmo avanzando por el pasillo. — Creo que es mejor dejarla sola un rato, Lucas. Iré a buscarle una infusión de hierbas para que se tranquilice —murmura Bec y empieza a caminar, tratando de pasarme de largo. En un impulso, agarro su brazo empujándola al baño que está en el pasillo, encerrándonos con llave. — Lucas, ¿qué estás haciendo? Ayer te lo dije, no pasó nada entre nosotros. ¿Necesitas hablar de algo más? —inquiere dudosa, dando un paso atrás. No lo pienso. En un segundo agarro con una mano su cabeza y con la otra su cintura, apegándola de golpe a mi pecho y le doy un beso. Bec duda un segundo, tengo que insistir mordiendo su labio inferior. Eso es suficiente incentivo, abre su boca y con sus manos se aferra a mi cabello, tirándolo. De inmediato introduce su lengua en mi boca con desesperación, jugando con fuerza, como hace dos noches lo hicimos. Sus labios son suaves, dulces, no puedo dejar de besarla. Esto sigue escalando entre respiraciones agitadas, tratando de no hacer ruido siento cómo se estremece en mis brazos. Desde que trató de ignorarme, desde que la metí en este baño dejé de pensar. Siento cómo mi sangre empieza a descender, estoy duro acariciando la suave piel de su espalda bajo ese uniforme. ¿Cómo me puede poner tanto un uniforme de hospital? Ella sigue mordiendo mis labios con desespero, soltando pequeños gemidos, bajando una de sus manos hasta mi trasero. La otra se enreda más en mi cabello. No me aguanto. La tomo por su cintura, sentándola sobre el mueble del lavamanos y me acomodo entre sus piernas. No dejamos de besarnos, no sé cómo podemos respirar en este instante. Bec no me suelta, tira con fuerza mi cabello y entierra sus uñas en mi cuello, ansiosa. Me arqueo un segundo separándome de sus labios y al mismo tiempo, me aprieto más a su entrepierna, quiero que sienta cómo me tiene. Bec se remueve, ansiosa. Baja sus manos introduciéndolas por debajo mi camisa, enterrando sus dedos en mi espalda. Iniciando una fricción increíble entre nosotros, vuelvo a esos labios dulces, mordiéndolos y luego, empiezo a descender por ese cuello terso, lamiéndolo y apretando su trasero bajo la tela con más fuerza. Disfruto al sentir cómo su piel se eriza con mi tacto. Sus piernas abrazan mis caderas y una de sus manos se posa sobre mi erección palpitante, masajeando sobre la tela. Estoy a punto de quitarle esos pantalones azules y bajar los míos. La adrenalina me encanta, más con ella así, jadeando en mis labios entre besos hambrientos, encerrados a escondidas en este baño. Su mano deja de acariciarme, ahora está apretándome con fuerza. Me enciende más. Voy a hacerlo, necesito hacerlo. Pero, no alcanzo a tratar de bajar su uniforme, nos interrumpen dos golpecitos en la puerta. — Bec, ¿estás ahí? —es la voz de mi hermana Olivia. Dejamos de besarnos de inmediato. Ambos jadeamos, pero mis manos siguen dentro de sus pantalones apretando ese trasero espectacular que tiene. Ella sigue pegada a mí. — ¿Olivia? No sabía que vendrías… —le responde Rebecca. No me ha soltado, tampoco ha sacado su mano de mi entrepierna pues sigue acariciándome descaradamente sobre la tela de mi pantalón. Habla con ella a través de la puerta. Es pervertida, me gusta. — Tampoco sabía que estarías acá, mi madre dijo que llevabas un buen rato en el baño. ¿Te sientes bien? — Sí. Salgo en un minuto, Oli… —avisa tragando saliva. — Te espero en la sala. ¿Has visto a mi hermano? Me muerdo los labios para no reír. Bec me mira frunciendo el ceño antes de responder. Saca su mano y la posa sobre mi brazo izquierdo. — No tengo idea, Olivia. No lo he visto. La aprieto más contra mi p**e. ¿Cómo es que no me ha visto? Ella se muerde el labio, removiéndose para sentirme. — ¿Quieres comer algo? —sigue preguntando Olivia. Me estoy desesperando, necesito que se vaya. — No tengo hambre, espérame allá —pide soltando su labio. Los tiene hinchados y rojos. — Como digas, Rebecca. Con eso, sentimos los pasos de Olivia alejándose. No puedo aguantar la risa. Sin soltar su cuerpo, reposo mi rostro en su cuello y río calladamente contra su piel. — ¿Te volviste loco, Lucas? —me alega molesta, sin aire. Más bien, creo que está confundida. — La loca eres tú, Wilson… —replico sonriendo, alzo mi cabeza para ver su cara de confusión—. Dime que no te gustó. Creo que sí quieres repetir lo que pasó. La observo a los ojos, sosteniéndole la mirada por unos segundos. Sus ojos cafés, almendrados, son realmente lindos. Aunque ni con la luz del baño dejan de verse oscurecidos. Está sonrojada, aún tratando de calmar su respiración. Bec resopla y trata de separarse de mí, empujándome suavemente con sus manos. Pero no la dejo, presiono mis caderas una vez más contra su entrepierna. Ella se muerde el labio, arqueándose y dejando caer su cabeza hacia atrás. Está ardiendo, igual que yo. — Estás loco, Lucas…—gime despacio. Sus manos se aferran otra vez con fuerza a mi cuello. Insisto con mis caderas y otro pequeño gemido se le escapa, que trata de contener. — Loco como tú, Wilson… —la aprieto más a mí. Veo su cara de placer y urgencia, sigue mordiéndose el labio. Quiero volverla loca, que necesite esto tanto como yo—. ¿Mañana? — ¿Mañana qué? —jadea con los ojos cerrados—. Esta noche y mañana me quedaré con tu hermana, no quiero que esté sola. — Mañana en la noche. En mi departamento. No le diremos a nadie. Rebecca se separa, incorporándose. Esta vez la dejo. Me observa dudosa, junta sus piernas y baja del mueble de un salto. Ignorándome, se mira al espejo. Trata de acomodarse el cabello y la ropa, mojando su cara con agua fría. La contemplo mientras lo hace. Tiene los labios hinchados, su cabello castaño alborotado y el uniforme más arrugado que antes. Está hecha un desastre. Y, por alguna razón que desconozco, me gusta. Necesito que me diga que sí. Trata con sus manos de alisar su ropa, y luego posa su mano en la manilla de la puerta, dándome la espalda. — Te avisaré. Nadie puede saber, Lucas. Es lo único que te pido —susurra sin darse vuelta. Abre la puerta del baño, asegurándose que el pasillo esté vacío y sale de aquí. Suspiro de alivio y excitación. Dijo que sí y estoy ansioso. Mojo mi cara con agua fría, tratando que baje la carpa que tengo en los pantalones. No puedo salir así con toda mi familia ahí fuera. Necesito calmarme, disimular lo que acaba de pasar. Pero, me cuesta demasiado. No dejo de pensar en lo que acabamos de hacer aquí escondidos. Tampoco me ayuda imaginar lo que quiero que pase mañana.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD