4. En silencio

1244 Words
Lucas El televisor está encendido, pero no le estoy poniendo atención. Necesitaba ruido para llenar el silencio. Lo que es irónico si me la paso aquí para no estar solo. Estoy metido en mi celular jugando para distraerme y alejar estos pensamientos… Nunca una mujer me había negado, jamás pensé que lo pasaría tan bien con ella. No logro sacarla de mi cabeza... ­— ¿Qué serie estás viendo? —pregunta mi madre, sacando su tejido y sentándose a mi lado. Desde que mi hermana se embarazó, se la pasa tejiendo ropa. — Una serie que me recomendó Olivia. No me gustó demasiado…—explico sin levantar los ojos de mi teléfono. — Entonces debe ser buena —habla concentrándose en su tarea—. ¿Pasa algo? Te noto decaído. — No, mamá. Estoy bien. —¿Qué hiciste hoy? — Fui al gimnasio con Demian. Quiere montar una escuela de paracaidismo —cuento entusiasmado. — Suena bien. A ambos les gusta el paracaidismo. Así tendrías algo que hacer, Lucas. — ¿De nuevo con eso, Diana? —pregunto molesto. — Es eso o que trabajes en la Compañía familiar, hijo... —suspira. Mis padres aún están molestos por mi decisión de dejar la Universidad, sólo me faltaba un semestre. Eso fue hace años, pero de vez en cuando sacan el tema. Me obligaron a trabajar en la Compañía y acepté, no quería seguir decepcionándolos. No tomé buenas decisiones. La última fue adquirir la Compañía de molinos eólicos de la familia de Belinda, mi exnovia. Error. Ella nunca mencionó el mal estado de esa Compañía. Casi me matan. Lo pasábamos bien. Pero ese contrato de compra lo firmé ebrio, inducido por ella y su padre. Sus métodos de persuasión tenían más que ver con cómo lo pasábamos juntos, de fiesta o enredándonos en cualquier parte. Tenía un verdadero fetiche con el exhibicionismo. Y me gusta la adrenalina, el sexo con ella era buenísimo. Pero me aburrían sus conversaciones superficiales. Hui en cuanto escuché la palabra “matrimonio”. Ella decidió echar atrás el contrato de compra con eso, dijo que no quería saber nada más de mí. — Podemos elegir otra serie mientras Flo prepara la cena. Tu papá está en su estudio terminando unas cosas. Luego cenaremos. — Elige una tú, mamá —sugiero. Ella toma el mando del televisor para buscar algo. No alcanza a elegir, nos interrumpe un grito de mi papá. — ¡Diana! Vamos ahora al departamento de Victoria. La loca logró entrar a la Compañía, llegó a su oficina… — Ay no, ¿está bien? —pregunta preocupada, tirando a un lado su tejido. — Está en su departamento, Carlos la llevó de inmediato para allá —explica nervioso, con una mano sostiene el teléfono marcándole a alguien mientras trata de ponerse la chaqueta del traje. Ni siquiera me mira. Ruedo mis ojos. Victoria es mi hermana menor, la niña dorada... la hija perfecta. Tuvo la genial idea de embarazarse de un idiota que tenía una exnovia psicópata y todos llevamos meses con guardias de seguridad. A mis padres les dio lo mismo de quién se embarazó, sólo están felices porque va a darles su primer nieto. Me gusta la idea de tener un sobrino, pero no me gusta el padre que va a tener. Mi madre se levanta de inmediato y corre a buscar su bolso. — ¿No vienes, Lucas? —cuestiona mi papá concentrado en su teléfono. — Sí, voy… —resoplo incorporándome. A pesar de todo, es mi hermana menor y la adoro. Los tres nos dirigimos a paso rápido a la camioneta de mi padre. René, su chofer y guardaespaldas, ya nos está esperando. En el camino, mi papá sigue pegado a su teléfono gritando y pidiendo explicaciones a los guardias de seguridad de la Compañía. Esa mujer tiene la entrada prohibida al edificio corporativo. Mi mamá pregunta una y otra vez qué pasó, pero mi papá sólo le responde con monosílabos, concentrado en su teléfono y en gritarle exasperado a más gente. Hasta que al fin deja su teléfono en sus piernas, recostándose en el asiento delantero y sobándose la sien derecha. Por el espejo, veo que una vena en su frente está a punto de estallar. Mis hermanas son su orgullo. En cambio yo, le he dado problemas y más problemas toda mi vida... —Albert, Lucas está pensando en abrir una escuela de paracaidismo junto a Demian. ¿No es interesante? —pregunta alegre Diana, tratando de aligerar el ambiente. — Me parecería más interesante que mi hijo retomara sus estudios y dejara de salir de fiesta. O que empezara a trabajar en serio en la Compañía familiar… —resopla con los ojos cerrados. René está acostumbrado a estos momentos incómodos. Lleva más de 10 años trabajando para mi padre. — Es un buen proyecto, papá —me defiendo. — Lo veremos después. Tus últimas ideas no han sido las mejores… —afirma sobándose la sien derecha con su mano. Sé que me dejará hacer lo que quiera, como con las mil ideas fracasadas que hemos tenido con Demian, mi mejor amigo. Tengo que morder mis labios, tiene razón. No es el momento. — No seas tan duro con Lucas —le reclama ella. — Aguanté que dejara la Universidad, llevo años aguantando sus fiestas y viajes. No me pongas de peor humor ahora —le pide molesto, volviéndose a su celular. — ¿Has pensado alguna vez en lo que dijo tu papá? —me pregunta mi madre por lo bajo. — Para qué, mamá. Eso es algo entre él y yo —resoplo cansado. — ¿Algún día me dirán qué pasa entre ustedes dos? Mi papá alza la vista y me mira fijamente por el espejo con la mandíbula tensa, sin sacar el teléfono de su oído. — No pasa nada, mamá —evado su mirada y giro hacia la ventanilla. Ya estamos llegando. — ¿Puedes considerar la sugerencia de tu papá? —insiste tomándome del brazo. No contesto, me quedo callado. No puedo hablar de eso con ella. Me suelto suave de su mano y me bajo de la camioneta. Ella suspira resignada, bajando por su lado. Mi papá va tres pasos más adelante que nosotros, mientras René va a estacionar. El silencio entre nosotros es demasiado incómodo en el ascensor. En cuanto se abren las puertas, mi papá corre hacia el departamento de mi hermana. Con mi madre lo seguimos en silencio. Más incómodo es llegar al departamento y ver a Tobías y a Carlos, los guardaespaldas de mi hermana, revisando en sus laptops las cámaras de seguridad. Tío Edgard, el hermano de mi padre y presidente de la Compañía está junto a ellos. Empiezan de inmediato los gritos y órdenes. Nos dicen que Victoria está en su habitación. Con lo gorda que está, no aguanta mucho tiempo de pie. Me paseo entre ellos sin saber qué hacer. Sé que mi hermana está bien, eso nos dijeron, pero quiero verla así que camino por el pasillo hacia su habitación. Me detengo en seco al abrirse la puerta de esta. Me mira incómoda, en silencio. Nerviosa. Es Rebecca. ____________ ¡Aquí va mis queridos lectores! Bec no quería saber nada de Lucas y se lo encuentra de frente jajaja. ¿Qué creen que pasará? ¿Lucas seguirá insistiendo? ¿O Bec seguirá negando lo que pasó?Recuerden dejar sus comentarios! Me ayudan muchísimo.
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