3. Negarlo hasta la muerte

1630 Words
Preparé algo rápido para ambas y mi madre se fue a su clase, dejándome sola en casa. En sus clases de bordado está bien acompañada por sus amigas, no necesita que la vigilemos allí. Mi papá seguía sin dar luces de vida así que pasé la tarde tirada en mi cama con este manual de infecciones pediátricas, revisándolo una y otra vez. Siempre evitando la primera página y la dedicatoria que tiene... Me pregunto si algún día tendré el valor de sacarla. Me encantaría que los conocimientos se traspasaran a mi cabeza poniéndomelo encima, así no tendría que leerlo nunca más. Pero no terminé de estudiar ni pensar en ello, estaba tan cansada que me quedé dormida con el bendito manual en el rostro. No sé cuántas horas alcancé a dormir, me despertó el sonido de mi teléfono. Por la ventana veo que es de noche. Quejándome, pues aún me duele todo gracias a mi locura por olvidar, al tequila y a Lucas que me hizo caso en todo, estiro mi brazo para cogerlo. — Wilson, te necesito mañana —escucho de una vez. Es la voz de mi jefe, el doctor Petersen. Es un hombre duro por fuera, de pocas palabras, pero de buen corazón. — Hola, doc. ¿Qué necesita? — Sé que mañana tienes libre, pero necesito que cubras la guardia de día del doctor García. Serán 12 horas. Tiene apendicitis. — ¿Está bien? —pregunto preocupada, incorporándome. Me agrada el doctor García. Moreno, sencillo, en sus cuarenta y tantos, y demasiado inteligente. He aprendido muchísimo con él. — Sí, estaba de guardia acá así que no es grave, nos dimos cuenta rápido. Entrará a cirugía ahora, pero va a necesitar un par de días de reposo. — No hay problema. ¿A las 8 AM? — Perfecto. Gracias, Rebecca. En compensación, tendrás el fin de semana libre. ¡Hermoso! Un fin de semana para dormir a mi antojo. Quizás pueda llamar a Oli para ir a tomar algo. Victoria está embarazada y cada día más gorda, no creo que quiera acompañarnos. Sé que soy algo así como el comodín de mi jefe. Sabe que siempre le diré que sí. Sin pareja o hijos que dependan de mí puede contar conmigo siempre. Y a mí me encanta mi trabajo. — ¡Gracias, doc! Nos vemos mañana a las 8 AM —le aseguro. — Hasta mañana, Wilson —corta feliz el llamado. Malditos apéndices. ¿Esa cosa no se supone que va a desaparecer en algún momento de la humanidad? Mi profesor de anatomía decía que es un órgano vestigial… No alcanzo a seguir pensando en eso, me interrumpe un mensaje entrante en mi teléfono. «¿Estás libre?» ¿Ah? ¿What? ¿Cómo? ¡Es Lucas! Me pongo nerviosa de inmediato y mis manos empiezan a sudar. ¿Desde cuándo me sudan las manos? «No. Mañana tendré guardia temprano y no he dormido. Necesito descansar.» «Tú suplicabas por más, Wilson. Eras la más feliz anoche…» «Efecto del alcohol, tonto. Tampoco te veías triste por ello» «¿No quieres repetir? Me encantan las mujeres tan atrevidas. Estoy cerca de tu casa, puedo pasar por ti. Vine a cenar a la casa de mi madre» Empiezo a mover nerviosa un pie. Jamás pensé que me escribiría. Debo frenar esto de inmediato. «No, Lucas. Lo de anoche nunca pasó. Eso acordamos» «Sí pasó y te encantó. No te mientas a ti misma, Bec ¿Estás segura de que no quieres repetir? Nadie tiene que saberlo…» Suelto el aire pensando en eso. Tiene razón, me encantó. Sus besos... sus manos tocándome me volvieron loca. Pero no, no puede volver a pasar. Nunca más. Aprieto el teléfono nerviosa para responder su mensaje. «No. Me acojo a la quinta enmienda» «Aunque lo niegues, sabes que te gustó, Wilson» «Lo de anoche nunca pasó. Buenas noches» No espero a que responda mi último mensaje, tampoco quiero que lo haga. Tiro el teléfono por ahí y me dirijo al baño a darme una ducha corta para ponerme pijama. Escucho las voces de mis padres en el primer piso, pero no tengo ganas de hablar con ellos. No quiero hablar de mis últimas 24 horas y mi padre, con sólo mirarme, sabe qué me pasa. Creo que dejaré de beber, así no haría tantas idioteces juntas. Como acostarme con Lucas. Me meto a la cama pensando aún en esos mensajes. Tengo unas ganas enormes de sacar a Wilbert, mi aparatito amigo. Con esas escenas eróticas en mi cabeza, recordando lo de anoche y Lucas como protagonista de ellas haría maravillas. Pero mañana tendré guardia y debo descansar. Sin poder olvidar los besos increíbles del idiota de Lucas, cómo sus manos me acariciaban y todo lo que me dejó hacerle, el sueño finalmente me gana y me quedo dormida. *** — Vamos, Rebecca. Confiesa... —sigue insistiéndome Gloria. Estamos en la fila de la cafetería para almorzar. La mañana ha sido movida. Muchos pequeños enfermos, pero nada grave. Mi pequeño paciente con supuesto lupus sigue mal, ordené más exámenes para él mientras descubro qué tiene. Es mediodía y ya estoy cansada. Creo que aún no me recupero del todo. —No pasó nada, Gloria. Te lo dije. Es el hermano de mi mejor amiga. Me llevó a mi casa y listo. — Pero no me avisaste si llegaste a tu casa, así que asumo que nunca llegaste a ella y te fuiste a otro lugar acompañada… —con una risita divertida me empuja el hombro. — No Gloria, no me metería con ese idiota —le rebato rodando mis ojos, agotada. — ¿Idiota? Eso es lo de menos. ¡Está guapísimo! —exclama feliz—. Idiota o no debe ser excelente en la cama… Ay si supieras, Gloria. Pienso para mí que sí, sí lo es. Pero fue una tremenda equivocación, un error. Lo negaré hasta mi muerte. — Gloria, no —espeto molesta—. Eso no va a pasar, nunca. Si no tuvieras novio te lo presentaría para que dejaras de molestarme. — Como quieras, Bec. Llevas casi un año trabajando aquí y nunca te he visto en una relación con alguien, ni siquiera un amigo con beneficios… —asevera guiñándome un ojo. — Porque no me interesa. Mi única relación es con el trabajo, lo sabes —replico aburrida de la conversación. — Algún día, Wilson. Algún día un hombre te hará caer —suspira dramática mientras nos dirigimos a una de las mesitas de la cafetería. — Algún día en otra vida —le peleo quitándole sus papas fritas, pero me las saca de las manos de inmediato. — No hay papas fritas para una mentirosa como tú. Estoy segura de que terminaste con ese idiota en su cama —afirma sacando una papita. — Delirios tuyos, debieras hacerte ver. Tendrías que emborracharme demasiado. Y aun así, eso no pasaría. — Entonces algún día haremos la prueba con Janet, te emborracharemos hasta que te vayas con él a ya sabes qué... — Terminarías tú ahí antes que yo, Gloria. O quizás Janet quiera… —resoplo evadiendo su mirada. Ella se ríe y niega al mismo tiempo. — No. Eso lo veremos. Se veían demasiado cómplices juntos… —asegura empezando a comer su sándwich. Yo hago lo mismo y empiezo a preguntarle por su novio antes de seguir con esta conversación. No alcanzamos a terminar de comer pues empiezan a llamarnos a ambas por alto parlante. Código Rosa, urgencias. Doctora Wilson y Doctora Blanche a urgencias. Eso es una emergencia pediátrica. Nos miramos un segundo y nos ponemos de pie. Ni siquiera nos preocupamos por nuestro almuerzo. Tomamos nuestros teléfonos, dejando todo encima de la mesa y empezamos a correr. *** Ahora sí que caeré dormida en cualquier lugar. La emergencia era por un accidente de un bus escolar. Llegaron 8 ni**s con lesiones menores. Al menos se trataba de un par de fracturas pequeñas o heridas y justo hoy, había tanta actividad en urgencias con otros pacientes, que nos faltaban manos para atender a todos. Los hospitales públicos nunca tienen suficientes personas, el presupuesto es reducido. Y las dos bebidas energéticas que tomé hoy no fueron suficientes para este pobre cuerpecito. Sé que voy cabeceando en el ascensor y Gloria, a mi lado, sigue insistiendo con Lucas entre bostezo y bostezo. Está tan cansada como yo. Tengo demasiado sueño así que la ignoro. Reposo mi cabeza en su hombro unos segundos y descanso mis ojos mientras este ascensor, que debe tener 200 años por lo lento que es, se detiene en cada uno de los pisos. Con los ojos cerrados siento vibrar mi teléfono dentro de mi bolso. Reclamando por lo bajo lo busco para contestar. Es Victoria. Le contesto de inmediato. — Enana, estoy saliendo del hospital. Estoy cansada ¿Podemos hablar mañana? —se me sale un bostezo antes de terminar de hablar. — Bec, ¿puedes ir a mi departamento ahora? — me pide, está llorando. — ¿Qué pasó? ¿Estás bien? —pregunto alarmada. Algo pasó, a Victoria no le gusta llorar. — Por favor… —suplica entre sollozos. — Mira todas las cosas que tengo que hacer por ti, Emerson. Me debes demasiadas. Voy para allá —resoplo cortando la llamada. — ¿Tu mejor amiga y próxima cuñada? —cuestiona Gloria divertida. Me giro a verla con indignación, me está cabreando con su insistencia. — Sólo mejor amiga. Cuñada, jamás —le respondo seria. — Está bien, sólo mejor amiga… —repite cansada. Al fin se abren las puertas de este ascensor del pasado y salgo corriendo sin despedirme a buscar un taxi, dejando a Gloria atrás. Me preocupa Victoria. Debe ser algo grave, mi amiga no es así.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD