Capítulo 2: Un viaje y un encuentro
POV ALEXANDER BECKMANN
- No puede ser, se supone que yo soy el dueño de la empresa y todo el tiempo me están mandando de un lado para el otro - Bocifere furioso
- Es que señor - Lo miré más serio de lo normal - Los señores Ferrer, no quieren cerrar el trato si no va usted mismo a firmar.
- Eso lo entiendo Alton, pero ¿no podían ser ellos los que vuelen hacia aquí?
- No lo sé señor ¿Quiere que hable con ellos? - Hice un chasquido con mi lengua
- No Anton, no. Eso lo tenían que haber pensado antes, sobretodo antes de informarme a mi. - Parecen incompetentes en estos casos.
- No volverá a pasar - Dice seguro, pero ambos sabemos que ni él se lo cree.
- Como digas Anton. Solo quiero que este viaje sea lo más corto y productivo posible. - Al ver que no dice nada agrego. - Puedes retirarte.
Hace un asentimiento con la cabeza y sale de la oficina.
Sé que al ser el dueño y CEO de la empresa tengo más responsabilidades que cualquiera aquí dentro, pero en verdad estoy cansado de tanto viaje. Voy a ver si después de éste me tomo un tiempo de descanso, o al menos sin tener que viajar tanto.
- ¿Si? - Digo al descolgar el teléfono de mi oficina , el cual estaba sonando.
- Señor, la señorita Rachel se encuentra aquí. - Lo que me faltaba
- Hazla pasar - Dije frustrado. Si ya está aquí, no va a haber poder humano que la haga irse sin verme.
Recuesto mi espalda en el respaldo de mi silla esperando su entrada
- Hola Cariño - Escucho que me dice, casi al mismo tiempo que la puerta de abre. - Me tienes abandonada - Camina hacia mi y yo la verdad es que no lo deseo.
- Hola Rachel, he tenido mucho trabajo. - Intenté justificar mi actuar
- Trabajo, trabajo y más trabajo - Dice en forma de burla y reproche juntos. Termina de acercarse y deja un sutil beso en mis labios, y luego se sienta en la orilla de mi escritorio, quedando de frente a mi. - Te extraño, mi mente y mi cuerpo no entienden tus excusas constantes. - Lo sé, lo sé, parezco un patán, pero juro que no lo soy.
- Disculpa Rachel, pero sabes como es esto - nos señalo - Siempre fue así, y no va a cambiar ahora. El trabajo es primero. - Hace un puchero que para ser sincero no me conmueve -
- Pero amor - Se queja - Deberíamos ir pensando en cambiar esto - Dice, haciendo el mismo gesto que yo entre nosotros. - Ya estamos en tiempo de dar el siguiente paso, al menos así te vería todo los días en casa - Díganme que ella no está proponiendo, lo que yo creo que está proponiendo. Eso sí que no, yo siento que estamos más cerca de terminar que de avanzar
- Rachel - Me enderecé en el asiento y la silla se aleja un poco de su persona. - Yo no quiero atarte en una relación que no avanza, y no estoy en tu fase de "dar el siguiente paso" más bien todo lo contrario - Su rostro se transformó en terror
- Oh, no, no cariño. No te estoy presionando a nada. - Se levantó y caminó al otro lado del escritorio. - ¿Una cena al menos? - ¿En serio salió tan rápido del tema? Se ha convertido en una experta en evitar ésta conversación
- Imposible, viajo hoy en la noche y necesito aprontar todo lo necesario para mi estadía allí.
- Ya que acompañarte no es una opción - Me mira buscando una respuesta a una pregunta que no formuló, por lo que no digo nada - Nos veremos al regresar entonces. - Se conforma fácil y con tan poco que me molesta.
- Piensa en lo que te dije ¿Si? - Insistí
- No tengo nada que pensar Alex, yo te amo y voy a estar contigo siempre, sin importar las circunstancias. - Así es imposible. - Ahora me voy, te dejo a ti con tu amado trabajo - Vuelve a acercarse y sin mi consentimiento me besa, no quiero corresponder, pero él cuerpo es débil - Sabía que sentías algo por mi aún. - Dijo alejándose.
Salió y cerró la puerta tras de sí, dejándome con mi pila de trabajo y una maraña en la cabeza.
- Madison - Dije estando al frente del escritorio de mi secretaria - Cancela todas mis reuniones de la tarde. Me iré a casa.
- Si señor, ¿Para cuando se las reagendo? - Pienso un momento
- La semana que viene, ya que hoy salgo de viaje y no tengo un día específico para mi retorno
- Muy bien señor, ¿Algo más? -
- No, eso es todo. Muchas gracias Madison
- Que tenga un buen viaje señor Beckmann. - Asentí hacia ella y me encaminé hacia el ascensor.
A veces siento que todo lo que hago es en vano, mi familia se da la gran vida gracias a mis esfuerzos y a una interminable cuenta en el banco, solo me llaman si me necesitan para algo, y yo nunca disfruto, más bien siempre estoy solo. No es una queja ya que Rachel estaría más que feliz de hacerme compañía, pero ella no es la mujer que necesito.
No sé si en algún momento la encontraré, ya que para mi es muy importante como sea ella. Y no hablo de lo físico o lo económico, no, claro que no, porque eso tiene de sobra mi actual pareja, hablo de sentimientos y de intenciones en la vida. En fin, siento que el día que la encuentre, lo voy a saber al instante. Con eso en la cabeza llegó al portón que divide mi morada de la calle.
Estaciono mi auto frente a mi casa y bajo a preparar la maleta que llevaré, el clima por allí es agradable y me quedaré solo un par de días, por lo que no empacaré más de lo necesario.
- Buen día joven Alexander -
- Buen día Berta, ¿Todo bien por aquí? - Berta es la mujer que me cuidaba de niño y es la que me cuida hoy en día.
- Todo normal joven. ¿Sale de viaje?
- ¿Estas asombrada?
- Por supuesto que no, si usted viaja más de lo que vive aquí. - Eso es verdad
- Ésta vez me toca ir lejos, diez horas de vuelo.
- Uy, sí, muy lejos mi niño - Asentí - Ese trabajo suyo es una tortura
- Los hay peores - Dije con la certeza de que es así.
- si que los hay. - Me secundó
- Iré a preparar mi equipaje - Le avisé
- Pero joven, me lo hubiera pedido y yo lo hacía
- Sabes muy bien que me gusta hacerlo. Así sé que es exactamente lo que tengo en la maleta cuando llego al lugar.
- Tiene razón. Ahora lo dejo que estoy preparando la cena. ¿Se quedará a cenar?
- No Berta, tranquila. Cena con tus chicas como siempre que no estoy - Se sonrojó
- Como digas señor - Ja, ahora soy señor. Bien dice el dicho "Cuando el gato no está, los ratones están de fiesta" - Me retiro, que tenga un lindo viaje.
- Gracias Berta. - Dije, le dejé un beso en la frente y emprendí mi camino hacia mi habitación.
La ventaja de ser el jefe es que ya está todo listo para partir, no tuve que mover un solo dedo. Solo es ir al aeropuerto y abordar mi avión privado.
*
Como siempre el vuelo fue tranquilo y yo aproveché para dormir. Es por eso que me gusta viajar en la noche cuando son tantas horas, así llego descansado a mi destino.
Bajo del avión y no entiendo porqué tengo que salir del aeropuerto por el mismo lugar que lo hacen los del vuelo comercial.
- Disculpe señor, pero el hangar está en reparación, por lo que tendrá que salir por la salida principal del aeropuerto. - OK, OK. ya encontré la razón.
- Muy bien entonces. Mantenme informado si al momento de partir será igual.
- Si señor, le informaré cualquier cambio. - Asentí
- Gracias Stefan - Salí de ahí apurado, sin prestar mucha atención a nada en particular hasta que choqué con algo, o más bien alguien.
No podía creer lo que mis ojos estaban viendo, ella, ella es la chica más hermosa que mis ojos hubieran visto jamás. Esa mirada verdosa, esos labios gruesos, listos para ser besados, los pómulos sobresalidos y ese hoyo que se le formó por una milésima de segundo en la mejilla, eso, eso es algo que quiero para mi.
Intercambiamos un par de palabras y con lo único que me quedé fue con su belleza inigualable en mi retina y su nombre grabado en mi memoria.
La iba a invitar a salir, pero no me dejó decir nada, se excuso con que su vuelo estaba por salir y salió casi que corriendo. Pero lo que escuché a continuación me dejó totalmente sacado de mi eje.
¿Qué esperaba? ¿Qué fuera soltera? Eso sí sería una locura, una joven tan bella, es obvio que ya estaría reservada.
No puedo quitar mi mirada de ella, se ve tan delicada y a la vez tan fuerte.
No se da la vuelta en ningún momento y ahí se fueron mis esperanzas de que al menos le haya llamado la atención.