Nuestra primera vez

1837 Words
Todo los pensamientos circulando en mi cabeza, reflexionando de ese primer momento de como quisiera que fuera esa primera vez, en la que con tantos momentos ya pasados, tu y yo vamos a dar ese paso hacia ya compenetrarnos como pareja. Siento la cabeza y empiezo a imaginarme todo, los colores de mi ropa, n***o completo, creo que es lo mejor así combino con los colores de la tuya, a la hora que te paso a recoger a tu domicilio, para llegar temprano a la reservación que hice en un restaurante recomendado, donde puedas pedir tu plato favorito y en un intercambio de miradas, comunicación de gestos observar los belleza de tu sonrisa para quedarme bobo con ternura de tu alma. Pagamos la cuenta, porque no te gusta ser dependiente de nadie, una de las causas por la que estoy perdidamente enamorado de ti, salimos del establecimiento, asumes por dentro que después de tan bello momento compartido, te iba a llevar a la habitación donde nuestras almas desnudas se iban a encontrar, pero no, la noche es joven y las estrellas observan el rastro de amor que trazamos con nuestros pasos.  Llegamos a un bar luces tenues, música de los años pasados, haciéndote recordar una bella adolescencia, iluminándose con sus focos y el sonido romántico de la canción, “deja que te bese” y juntamos nuestros cuerpos con “bésame”, el choque de nuestras copas y las miradas nos invitan a hacerlo y lo hacemos. La noche perfecta la estoy creando, nuestros pensamientos encontrados el momento idóneo, nuestras almas se mojan en placer y el deseo parece sacado de un filme. Saliendo de la taberna nos dirigimos a orillas del mar ambos más felices que nunca, la luna envidia nuestras carcajadas y el sol loco por asomarse para vernos envueltos de alegría, no sentamos y empezamos a hablar de todo, tus ideas con la mía no tienen para cuando acabar sin terminar un tema ya estamos empezando otro, los besos no para paraban de llegar, los deseos, la pasión ya estábamos más que listo, lo sabíamos, pero el tiempo juntos es lo que cuenta y lo dejamos correr.  Llega el momento y nos dirigimos hacia mi casa, entramos sin hacer ruido, mi habitación ya preparada todo con lujos de detalle, quería que ese momento culminara perfecto. Entrando comienza la música a sonar, una lista de reproducción con las canciones que nos dedicamos para comenzar resuena por las paredes, luces pintadas de rojo brindando, una oscuridad colorada donde nuestros cuerpos se vieran inmersos en una fotografía, las sabanas perfumadas, con un corazón de rosas y un te amo en el medio hechos con los tallos desespinados, las sogas amarradas a los extremos de la cama, con pulseras de cuero, un manto de tela bordada hacían el techo de la cama, una botella de vino rojo espumoso, el olor del incienso recién encendido y las velas brindando el calor extra que enciende más aun la excitación de nuestros cuerpos. Me acerco a ti con dos copas de vino, brindemos por estos momentos y por nuestro amor que durara hasta que la muerte nos separe, te digo. Nos miramos a los ojos ardientes de deseos y nos damos un sorbo de el exquisito líquido, chocan nuestros labios las copas caen a la alfombra, era mucho el deseo, aunque todo sucede románticamente, te cargo entre mis brazos como recién casados y lentamente, te recuesto sobre las sábanas, continuamos besándonos, nos separamos un momento, observo como te giras a abrazar el corazón, retiras los tallos y con tus ojos me dices, -yo también te amo-, me quedo observando todo el momento quiero grabar con los míos cada detalle, para recordarlo por siempre. Entre miradas nos encontramos y recuestas al espaldar de la cama y lentamente comienzas a desprender las prendas esenciales que recubren tu cuerpo, deseas, te excita que yo te vea mientras te tocas cada parte de tu suave piel y las irregulaciones que los componen. Pasamos tiempo así, yo me semidesnudo tocando mis partes, creando el bulto que te perturbe el cerebro y acelere a tu corazón en la intriga de que será lo que se esconde ahí. Acercándome a ti me siento a tu lado me das una mano, para tocarme, la agarro, la pongo en la primera pulsera, te dejas y así sucesivamente hasta los pies. Terminando de hacerlo, me aseguro de que todo esté bien sujetado, me pongo frente a ti, mis manos sobre la cama, cálida voz te dice, te amo, prepárate para despegar y en su conjunto un beso en cuello junto a la respiración encienden el combustible en el motor de tu corazón, todo se acelera en ti. Tu cuerpo comienza a temblar, empiezo a bajar lentamente, pasando de tu nuca a tu pecho con la calidad de mi lengua y mis besos, llego al camino donde a los lados hay dos grandes montañas, con puntas de goma, una mano trepa por su base y se sitúa sobre ella, acariciando su cúspide, mis labios se sitúan sobre la otra, succionando con la fuerza de un bebé, mi otra mano recorre tus caderas de guitarra y sientes como toco las cuerdas en tu pelvis con el tacto de mis dedos, tu cuero se retuerce y con tu respiración provocas sonidos que ni tu misma sabías que podías hacer. Salgo de tus montañas como alpinista, lentamente bajando hacia la llanura de tu abdomen, mi nariz marca el recorrido lentamente y mis labios depositan besos en tu pelvis. Voy llegando a un estrecho peligroso. Sé que me puedo perder en ese camino tan húmedo, me detengo por unos segundos, mi respiración latente, tus manos queriéndose poner sobre mi cabeza, tus piernas retorcidos y mis manos acariciándolos por dentro, como guerrero sin armadura, entro y durante minutos recorro ese camino de arriba hacia abajo a veces corriendo, a veces lentamente, mis dedos encuentran un atajo, entrando por el delgado camino chocando con sus paredes, encuentra que el final no tiene salida y decide regresar y se detiene a pensar fuera, llama a su compañero y los dos en el recorrido hacia dentro empieza buscar soluciones, tienen que llamar al tercer compañero aunque no logran encontrar una solución. Después de un tiempo todos se reúnen, deciden volver a subir por tus encorvadas caderas, pasa por la montañas y se sitúan en tus bíceps, en conjunto mi lengua y labios suben también pero por el camino trazado por la nariz la cual va de guía hasta tu abertura, pasando por el centro, tu cuello y se detiene en el beso de tus labios.  Nuestros cuerpos sudorosos, tu cuerpo en un intenso jadeo, tus ojos pidiendo aún más, pero solo había subido para amarrarte en otra posición, poniéndote esta vez boca abajo para recorrerte con la destreza de mis manos, tu pequeña espalda y depositar mis labios en tus glúteos, ejecutando un beso n***o y con mis otros mineros buscar la solución que no logran encontrar nuevamente, en el atajo que ya habían encontrado anteriormente. Nos pasamos un rato, tantas veces te corres que ya tu cuerpo no daba para más y solo íbamos por el entrante, te desamarro para que reposes sobre mí, pero te aprovechas de mi inocencia, solo fingías cansancio para que te soltara, te subes encima de mi haciéndome lo mismo que te hice y en mi oreja depositas una frase, “en el acto del amor se vale todo”. Pobre de mí, he provocado una bestia y no tenía ni la más mínima idea de cómo detenerla, pasas la lengua por todo mi cuerpo entre besos y el roce de tus labios, retuerces todo de mí, la introduces entre tus dientes sin tocarlos con ellos, lames todo de mi sexo sin parar durante un buen tiempo y con mi voz de hombre gimo como un adolescentes en su primera vez. Decides tomar la iniciativa, subes nuevamente me miras, mojas el m*****o adolescente con tu mano, tu pelo hace que me concentre en tus ojos, tu boca a punto de expresar el deseo, terminas de humedecer y lentamente haces la primera sentadilla provocando un gemido, que entiesa a mi poderoso ser, mis manos sin saber que hacer ejecutan un poco de maltrato, una pasa a tu cuello y lo aprieta lentamente, la otra a tus pechos, así comienza todo, pasamos de una posición a otra, a veces romántica como en un misionero, a veces de violencia como bestias donde en la situación donde nos montamos como animales agarro tu pelo y tu cabeza va completa hacia detrás te impulso por los hombro para que lo sientas todo más adentro, en parte te duele, pero ese dolor en ti, en esa guerrera anglosajona que no sabías que existía se vuelve solo excitación, pasamos al misionero invertido, nos hacemos un 69 primero acostados después de pie, te apoyo sobre la pared, tu cabeza hacia detrás, los pies entrelazados a mis caderas, abrazándome fuertemente, te hago brincar y las penetraciones se sienten más profundas, pasamos a ponerte contra la pared parados, tú en cuatro pero esta vez con las manos en la pared, castigo tus dos orificios ya no querías ser penetrada por solo uno, querías experimentar todo, era el ideal, me había coronado el rey de tus sábanas y conmigo deseabas hacer de todo, estabas tan excitada que no estabas dentro de este mundo, ni siquiera en el cielo, estabas orbitando en otra galaxia y la cama ya no era nuestro nido romántico, toda la habitación se había vuelto el lugar para hacer nuestras pervertidas locuras, la botella de vino se vuelve un consolador, su liquido baña nuestros cuerpos, ellos la fuente donde se acumula y nuestras lengua las que lo toman, pasa tu cuerpo a la alfombra, de lado, de espalda, de frente, en cuatro estamos listos para llegar a un súper orgasmo que nuble tu cerebro, te haga temblar de piernas y tus ojos se pongan en blanco yo listo para correrme, sabes que va a pasar y me exclamas que no la saque que lo deje todo dentro, yo sabía que estabas tomando anticonceptivos y no me preocupo además de la seguridad del condón que tenía puesto. Empezamos a retorcernos cada vez con más fuerzas más deseo las penetraciones más intensas la respiración cada vez más fuerte casi todo listo te apoyas más duro en la alfombra, estoy en el punto te digo, me dice que también, te aprieto y  digo juntos entonces, vamos juntos, nos torcemos más, llegó la hora, gritas de placer yo me corro a penas escucho el grito, su pelo aún estaba en una de mis manos, nos retorcemos ambos, ya me había corrido, ella también y un temblor de pies nos deja tirados en el piso, nos miramos, nos besamos y allí en el alfombrado piso quedamos rendidos.  Nos levantan los rayos del sol, yo a tu lado mirando esa hermosa mirada, te levantas y lo único que decimos en conjunto es, TE AMO MI AMOR.
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