SECUNDUS

2094 Words
“Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama...” Don Quijote   -Pon un pie adelante y el otro atrás para equilibrarte, no puedes juntar ambos pies o te vas a caer –Intentaba explicarme mientras me rodeaba con sus brazos ayudándome a sostener el peso de la espada con su rostro peligrosamente cerca del mío, algunos mechos negros rozaban mi hombro y noté que su cabello había crecido mucho desde la última vez que entrenamos. Yo me movía mecánicamente hacia donde me dijera con la cabeza en otra parte lejos de la sala de armas. -Zoe… si estás cansada lo dejamos hasta aquí –Dijo tras mi oído. -No, Luc disculpa es que estaba pensando en otra cosa –apartando con torpeza mi rostro del suyo. -Sí, ya me di cuenta –Ligeramente molesto- Tienes que prestar más atención es de vital importancia que aprendas a defenderte con un arma, ¿Qué harías si en algún momento perdieras el medallón, o si no tuvieras tiempo de usarlo?, los reflejos son más rápidos que las ordenes mentales Zoe, que no se te olvide -Su voz profunda serpenteaba en el aire. -Tienes razón, no volverá a suceder –Respondí incomoda. -Tienes las últimas tres semanas repitiendo eso, y sigue sucediendo, no estás concentrada. -¡Dije que me disculpaba Lucio! –hacía mucho que no lo llamaba Lucio, la palabra me supo amarga en la boca, sonó tosca, impersonal y casi ofensiva. -¡Pues no es suficiente! –Gritó de vuelta- ¡Si te matan nada va a ser suficiente! ¡Ni siquiera el sacrificio de Max, ni siquiera eso!... ¿Eso es lo que quieres? ¿Que su muerte no haya servido para nada? –Golpe bajo, de veras estaba molesto, el estómago se me hizo un nudo y me faltó el aire, había estado luchando con todas mis fuerzas por no pensar en él, su mero recuerdo me aguijoneaba como mil espinas clavadas en la piel, constantemente tenía que buscar en qué ocupar mi cabeza para espantar ese maldito zumbido en el fondo de mi mente, allá en el cajón en donde me obligaba con gran dificultad a mantenerlo, pero él seguía regresando, seguía imponiendo su presencia en los momentos más inesperados, en cualquier parte y en cualquier lugar; y claro, ahí estaba Luc para hacerme el favor de traerlo a colación por si acaso. -Ok –Dejando caer los brazos, derrotada y molesta -me voy. -¡Si, huye a la tranquilidad de tu mundo preferido! ¡Así estaré tranquilo de que al menos los dragones y monstros de los Oscuros no irán tras de ti! –Lanzó con una punzada en el corazón, yo lo sabía, no había nada más hiriente para Luc que verme partir enojada con él, ya era bastante tener que lidiar con la tristeza de haber perdido a su primo, con la culpa y la vergüenza de haberse enamorado de mí y además esperar a que yo decidiera que hacer con… con esto que teníamos los dos.              Desde la muerte de Max todo era un desastre, intentaba equilibrar mi nueva vida con la anterior, pasaba los días de semana en Mérida estudiando mientras que los sábados y domingos compartía mi tiempo entre convertirme en un ratón de biblioteca en el Oculus ayudando a Alain con la búsqueda de algún indicio que nos sirviera en la guerra contra los Oscuros, y además entrenar con Luc, él hacía hasta lo imposible por enseñarme todo lo que había aprendido durante décadas y décadas de entrenamiento y batalla, el problema es que esperaba que yo lo asimilara en unas cuantas clases, y a pesar de ser atlética y haber practicado deportes de riesgo toda mi vida no es lo mismo colgarse de una soga para escalar la pared de una montaña que enfrentarse a alguien con el peso de una espada en la mano. Sin embargo, seguía asistiendo a sus prácticas, y no solo porque estaba segura de que las necesitaba, sino también porque para mí él era una muleta en la que sostenerme, sé que es egoísta pensar así conociendo sus sentimientos hacia mí, pero no puedo alejarme de él, no ahora, lo necesito. El problema es que mientras paso unos días en la realidad, en Liber pasan años… esta contrariedad temporal entre ambos mundos estaba volviendo loco a Luc, yo solo dejaba unos días sin verlo, pero para él no era así, y la mayoría del tiempo yo no era completamente consciente de ello.             Me fui molesta, pero no con él sino conmigo, no lograba fijar mi atención en nada, parecía estar en cámara lenta todo el tiempo y me aterraba la idea de perderlo también a él, si seguía actuando así lo más seguro es que Luc se alejaría para darme mi espacio, pero no quería que me diera espacio, quería su compañía, que habláramos de los planes para Liber, que me asegurara que todo iría bien y que yo podría tener una vida normal de nuevo, tal vez a su lado, así fuera por la diplomacia y la política de una conveniente unión entre Septentrionem y el Sur. Siento una gran admiración por Luc, y no soy completamente inmune a sus encantos, sus ojos grises y profunda voz son todo lo que me queda, sin embargo el dolor de la pérdida es más grande que cualquier otra cosa, a veces me cuesta asimilar cual es mi posición en todo este  desastre, lo intento, lo juro, pero es muy difícil sin él, he tratado de olvidar, si es que eso es posible, pero está en todo y en todos, su  recuerdo irrumpe siempre en mis pensamientos, se cuela como humo, incorpóreo imposible de tocar pero real, siempre presente y ahora además su memoria se ha convertido para la gente en una especie de mito, un héroe trágico que revive de sus cenizas. Los aldeanos juran haberlo visto aquí y allá, a donde quiera que voy de campaña hay alguien que cuenta que fue salvado milagrosamente por el ave majestuosa del plumaje de fuego, y que las monstruosas águilas blancas sobrevuelan siempre a su lado, ¿cómo podré algún día olvidarlo si siempre lo están mencionando? Sé que las personas me lo dicen intentando darme ánimo, pero la realidad es muy diferente y no se puede vivir de falsas ilusiones, de mitos, ni de leyendas… es tonto que sea yo precisamente quién diga esto ya que técnicamente soy parte de un cuento, pero debo de algún modo aferrarme a lo seguro, y lo único seguro que ahora tengo es Luc.   -Su excelencia –Dijo con los ojos iluminados por la esperanza y el asombro- ¡Os juro por lo más sagrado que lo he visto! Ha venido desde las Montañas heladas lanzando sendas bolas de fuego hacia el contingente Oscuro que nos asediaba durante días, ¡cualquiera en esta comarca dará fe de mis palabras! El hombre de cabellos canos y rostro ya entrado en años hablaba con vehemencia como si de una aparición divina se tratara, todos lo escuchaban en silencio asintiendo unos y otros no tanto, yo por mi parte retenía las ganas de gritarle que enmudeciera, que ya estaba cansada de escuchar, Luc me seguía con la mirada esperando una reacción, pero no la hubo, como siempre hice acopio de mis fuerzas e imposté mi mejor sonrisa, di las gracias y repartí dádivas a la población antes de partir hacia la siguiente aldea y hacia el próximo con un cuento igual.                         De vuelta a mi vida normal en Mérida dediqué mis energías a distraerme, consideré que un cambio de imagen le vendría bien a mi ánimo y pensé que ya no quería más esos risos rebeldes, le pedía a Johana, la reina de la moda, que hiciera algo con mi maraña roja. No lo podía creer, ¿yo tomando decisiones en cuanto a mi look? -¿Y hasta donde tengo carta abierta para el cambio? –Preguntó incrédula. -Hasta donde tú quieras –Respondí tratando de sonar relajada, aunque la verdad no me hizo mucha gracia después de haberlo dicho en voz alta. -Mmm… ¿corte de pelo? -¡No! –Lancé horrorizada. -¿Y si alisamos esos risos? –Dijo con más cuidado. -Creo que esa idea me suena mejor, nunca he tenido el cabello liso. -Definitivamente si, ¡manos a la obra! –Y se batió en singular batalla plancha en mano contra mi cabello.             Al terminar la tarde era otra persona, la larga melena roja como el fuego se había vuelto lacia y me daba una apariencia más delgada. -No está mal –Dije mirándome al espejo- Crees que… -Y me detuve, iba a preguntarle si a Luc le gustaría, pero no dije nada más, no quería tener que explicarle detalles a Johana, de solo imaginar lo que pensaría sobre lo que ocurrió en el Oculus me daban náuseas. -¿Qué cosa? –Preguntó. -Nada, iba a decir que… ¿Qué otra cosa puedes hacer por mi imagen? –Solté sin pensar. -¿Quién eres y qué hiciste con mi amiga? -Soltó riéndose –Bueno un cambio en el guardarropa.   Luego de un cambio bastante radical a mi manera habitual de vestir y con mi nuevo look regresé de narices a los libros, Johanna que nunca ha sido asidua a la lectura ni una estudiante modelo hacía un gran esfuerzo por seguirme el paso con tal de tenerme entretenida y contenta, para que no pensara, como si fuera tan fácil no pensar, bastaba con tomar una novela para que me imaginara al protagonista con su rostro angulado y perfectos ojos verdes, o uno de poesía  para recordar su voz recitándomela al oído, pero claro, no iba a decirle a mi amiga que todo su trabajo era en vano sería demasiado cruel, y tampoco era como si los recuerdos que solían enredarse en mi cabeza lo hicieran a causa de mis risos, y que ahora no tuvieran de donde agarrarse y simplemente resbalaran hasta el suelo, no, seguían ahí, revoloteando buscando el menor descuido para posarse de nuevo. Max… mi Max…             Tomé el firme propósito de pensar en cualquier otra cosa que no fuera Liber, le dije a Johana que al salir de clases iríamos al cine y que invitara a Carlos, el amigo con el que estaba saliendo desde hacía unas semanas, la idea era desde luego invocar a la normalidad e intentar creérmela. Las clases fueron bien hasta que alguien comenzó a hablar del Quijote y su pensamiento utópico, y de cómo debían rescatarse los ideales de justicia social y que se yo que más; a cada palabra era imposible que no las relacionara con Max, que había dado su vida buscando esa justicia, o con Luc que aun luchaba por lograrla para su mundo.             Definitivamente ni en éste lado podía estar alejada de todo, comencé a considerar estudiar otra cosa, una carrera científica en donde jamás volviera a escuchar hablar de caballeros, batallas, reinos y honor; pero a quién engaño… esto es lo que soy, de lo que estoy hecha, de tinta y papel, y no puedo pasar la vida huyendo de ello, además ahora se le suma el temita del reino Feerico, algún día debería regresar a Haeream Silvae para conocer la verdadera historia de mi madre, era mucho que procesar . -¡Joven!  –Exclamó el profesor- ¡Está usted aquí de cuerpo presente y espíritu ausente! -Perdón profesor, ¿Qué me decía? –Me apresuré a responder mientras el calor comenzaba a subirme por el cuello. -¿Qué opinión le merece la heroicidad no común del Quijote?             ¡Aush! busqué en mi mente todas las posibles respuestas y análisis filosóficos acerca de cómo un loco había llegado a convertirse en el ícono de la heroicidad, y que luego de quinientos años aún se le siga citando con frases como: “…cambiar el mundo, amigo sancho, que no es locura ni utopía… sino justicia...” Intenté dar mi mejor respuesta luego de la cual reflexioné por largo rato al terminar la clase pues me hizo entender que no debía seguir huyendo, sino que, si un anciano triste y decrépito había podido asumir la misión tan noble de cambiar su mundo, yo debería intentar cambiar al mío.             Pero era prematuro aún, no me encontraba lista para entenderlo del todo, tal vez teóricamente hablando, pero no en la praxis, aun no estaba lista y pronto lo comprobaría.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD