Un corazón que se apaga

608 Words
Invierno, 1966. Ella. —Espero que cuando vuelva hayas dejado de ser tan inútil y una constante carga—el portazo que dio retumbó en toda la casa. Me levanté de la cama como pude, debía dejar de ser una carga y fastidiarlo. Por suerte era invierno, podía cubrir mis piernas y brazos con un abrigo y medias. Podría cubrir hasta el más mínimo moretón de mi cuerpo, pero nada hacía que dejara de dolerme todo, sobre todo el corazón. —Mami—esa dulce voz me sacó de cualquier pensamiento. Caminé con todo el esfuerzo del mundo hasta la habitación de mi bebé. —Aquí estoy, cielo—me senté en la punta de su cama sonriéndole. —¿Otra vez pesadillas? —Sí, mami—salió debajo de sus sabanas para abrazarme. —¿Cuándo nacerá mi hermanito? —Pronto cariño—¿Cómo? ¿Cómo le podría explicar a un niño de 4 años que ya no iba a tener un hermanito porque su padre lo mató al golpearme tan fuerte? Necesitaba rescatar lo bueno de las situaciones, eso me ha ayudado a sobrevivir desde hace 5 años, cuando él cambió, dejó de traerme flores, solo traía frustración y enojo. Tal vez era afortunada al no morir, él no había llegado a tal limite, era afortunada por estar viva y con uno de mis hijos. —Bajemos, te voy a hacer el desayuno—lo tomé de la mano y ambos bajamos a la cocina. —Hola, llegué antes—su voz me daba escalofríos, me atemorizaba, aún más cuando llegaba con una sonrisa, estos eran los peores días. Llegó hasta mi en la cocina para abrazarme por la cintura, apretando mi abdomen apropósito, al igual que la muñeca derecha, estaba quebrada, no necesitaba un doctor que me lo dijera. Dolía mucho, todo era dolor en mí, pero no iba a dejar que mi hijo lo notara. —Pero volveré a salir, espero que no me esperes despierto campeón—se acercó a él y lo cargó en sus brazos unos segundos antes de bajarlo y que el pequeño saliera corriendo a su habitación. —Tu si debes esperarme despierta, ya sabes lo que ocurrirá si llego y estás dormida, cielo—una amenaza que conocía bien. —Sí, cariño—volvió a acercarse a mí, repitiendo la anterior acción. —Hoy haremos otro bebé y más te vale que este nazca, o me llevare al único que tenemos y no lo volverás a ver—besó mi mejilla para luego sonreír maliciosamente y salir nuevamente de la casa. No lo iba a permitir más, no volvería a golpéarme ni tendría otro bebé con él, un bebé que jugaba un juego de suerte. Nos vamos ya mismo. Subí a mi habitación y en una maleta metí todas las cosas que pude, sobre todo el dinero que llevo años ahorrando para este momento. Era el fin. Con la maleta en una mano y mi hijo en la otra, los metí al auto. Volví a la casa y encendí las hornallas de la cocina, tiré alcohol por cada rincón de ese infierno. Arrojé al suelo todos los cuadros con nuestras fotos ‘’felices’’ y por ultimo dejé cerca de la primera gota de alcohol una caja en llamas con más fotos y los libros que su difunto padre le regalo, valían oro para él, ahora eran solo cenizas. Corrí hasta mi auto, pero antes de entrar arrojé mi alianza a alguna parte de la casa. —A dónde vamos mami? —preguntó el pequeño sin tanta importancia, abrazando a su oso de peluche. —A ser felices.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD