¿Una bienvenida para mí? O tal vez intentaban secuéstrame, lo que sea, que alguien haya pensado en una completa desconocida y en hacer una cena para darme la bienvenida me hizo sentir rara, esta era mi primera fiesta, yo jamás festejé mi cumpleaños, era algo que odiaba y además de eso, nadie nunca planeo una fiesta para mí. Al llegar al comedor pude ver que había más personas dentro, como Ursula, el taxista que me trajo aquí, y otras personas que no conocía. También una mesa ya decorada y con comida sobre ella, realmente no paraba de sorprenderme y tampoco dejaba de pensar en que tal vez se confundieron de persona.
—Siéntate aquí querida—la madre de los chicos me corrió amablemente la silla de la punta en la mesa, sin quejarme me senté. —Iré a la cocina a traer a mi madre, está ansiosa por conocerte—me sonrió dulce mientras Rosie y Thomas tomaban sus lugares juntos a la derecha.
—Discúlpalas, esto parece una revolución—se rio Rosie un poco avergonzada y yo no pude hacer más que mostrarle una sonrisa para que no se sintiera así, comenzaba a darme un poco de miedo ser una revolución y que todo el mundo intentara arrastrarme hasta sus casas para conocerme.
—Querida, ella es mi madre, Louisa—yo me paré de mi lugar y di media vuelta para sonreírle a la mujer adulta de cabello blanco que traía unos lentes y aun así parecía muy joven. Le sonreí hasta que la vi a los ojos, me transmitió tristeza, no supe cómo ni por qué pude sentir eso, hizo que mi sonrisa se borrara y que no quisiera apartar la mirada, ella parecía muy sorprendida de verme, se comenzaba a acercar a mí y posó una mano sobre mi mejilla cálidamente sin dejar de verme, sus ojos comenzaban a empañarse y fue entonces cuando apartó la mirada bruscamente.
—Es un gusto conocerte Magnolia —ella fue a su respectivo lugar en la mesa, a un lado de Mary. Antes había dicho que lo que pasó con esos chicos en el bazar fue los más incómodo hasta ahora, pero esta escena que acaba de ocurrir se acaba de llevar el primer lugar por un buen rato y al parecer todos en la habitación concordaban conmigo.
Todos hablaban alegremente con todos. Mientras comíamos pude contar 16 personas en esta sala, jóvenes y adultos.
—Mary, Maggie te podría ayudar en la florería—dijo Louisa mirando a su hija a su lado, y luego a mí.
—Pero claro, es una gran idea—expresó Mary emocionada. —Tenemos una florería cerca del mercado donde trabaja Rosie, hace mucho estuve buscando a alguien que me ayudara ¿Qué te parece Maggie?
Jamás en mi vida había trabajado en una florería ni había tenido un empleo, Olivia la mantenida de su padre jamás hubiera aceptado, pero ya no era esa chica.
—Antes de aceptarme, debería saber que nunca trabajé en una florería—intenté sonreír de lado, pero tal vez se vio como una mueca a lo que todos rieron.
—No hay problema, te enseñaré todo. Puees empezar el lunes a las 9.
Estuve más de una hora hablando con varios, supe que el taxista, Will, es el esposo de Ursula. También conocí a Los Davies, la señora Clare, su esposo Mike y sus tres niñas rubias y alborotadas, vivían a dos casas de mí. Judith era la madre de Nick, que también estaba ahí. La señora y el señor Robbins vinieron con sus hijos, Heather, una castaña de nuestra edad y su hermano menor, Ian.
Rosie no parecía llevarse bien con Heather, lo pude notar en las miradas que ambas se lanzaban, además de que no hablaron en toda la noche, tampoco me pareció tan simpática o alguien con quien pudiera hablar.
Al terminar de comer el postre, intenté ayudar a levantar todo lo que estaba sobre la mesa, pero se negaron a que lo hiciera.
—Ven conmigo. —Rosie tomó mi mano feliz y me llevó escaleras arriba hasta el interior de su habitación, realmente es como lo hubiera imaginado, pintado de un verde agua claro, muchos retratos con fotos familiares y una estantería llena de libros, la cama doble frente a una gran ventana que daba la vista al jardín trasero lleno de flores.
—Qué bonito, ¿sabes tocar? —le pregunté mientras me sentaba en el taburete frente al teclado que estaba allí, era n***o, pero tenía varias margaritas pintadas a mano.
—De hecho, no, fue un regalo de mi padre cuando era pequeña y jamás pude aprender a tocar, aunque mi abuela siempre se esforzó por enseñarme—dijo mientras se sentaba en la cama y me miraba sonriente abrazando una ballena azul de peluche. —¿Tu sabes tocar? Toca una canción, por favor —insistió como una niña acercándose a mí y tomando asiento a mi lado, a lo que yo sonreí.
—No lo hago hace mucho así que tal vez lo haga mal. —sonreí avergonzada mientras ella me miraba ansiosa así que comencé a mover mis dedos sobre las teclas, sintiendo nostalgia por la decisión que había tomado mi cerebro al comenzar a tocar ‘’Build Me Up Buttercup’’ de The Fundations, la primera canción que mis padres bailaron cuando se conocieron, eso la convertía en su canción. Siempre me pareció muy romántico tener una canción, una que represente algo para dos personas enamoradas, que al escucharla las lleve al instante donde las hizo sentir las únicas personas en el mundo.
—Fue muy hermosa —dijo Rosie apoyando una de sus manos en mi hombro como una forma de comprensión o lastima hacia mí, lo que me sacó de la profundidad de mis pensamientos, ni siquiera me había percatado de la pequeña lagrima que había comenzado a salir, la aparté rápidamente de mi mejilla y me paré.
—Gracias. Creo que es un poco tarde y tengo muchas cosas que hacer mañana así que ya debo irme.
—Claro, tienes razón. Déjame acompañarte—ambas salimos de su habitación y fuimos hasta la sala donde por suerte solo quedaba la familia Lee. —Maggie ya se va.
—Gracias por todo hoy, la cena fue muy bonita—dije tomando algunas de las bolsas con las cosas que compré hoy
—No hay de que linda. Sabes que para lo que necesites, estamos aquí—dijo Mary Anne, era muy dulce.
—Muchas gracias. —le sonreí muy agradecida.
—Yo me voy contigo, vivo a tu lado—me miró de reojo la abuela de la familia mientras tomaba su bolso y se acercaba. Creí que ella vivía aquí.
—Thomas se un caballero y ayúdala con las bolsas—dijo mientras su nieto con una mueca tomaba otras de mis bolsas que ya no podía cargar yo.
Los tres salimos y a pocos metros llegamos a la primera parada y única, al menos para mí, era mi casa
—Buenas noches para ambos, que descansen—dijo Louisa con una media sonrisa mientras caminaba un poco más hasta su casa.
—Buenas noches—la saludamos ambos al unísono antes de sacar las llaves de mi bolsillo trasero y abrir la puerta principal, dejé las cosas sobre la mesa del comedor y detrás de mi Thomas, hizo lo mismo.
—Gracias—me di media vuelta para verlo de frente mientras se lo decía, pero el no dijo nada, solo estaba viéndome directo a los ojos como si buscara una respuesta, me ponía cada vez más incómoda.
—Jamás encajaras aquí.
—Auch, llegas tarde, eso ya lo sé—contesté, fue un golpe bajo y desprevenido, pero ya lo sabía, claro que lo sabía, solo necesitaban segundos para saber que jamás me parecería a aquellas personas felices, súper sonrientes y tan transparentes, sin nada que ocultar.
—¿Entonces qué haces aquí? Las personas no llegan de un día a otro a este lugar escondido del mundo.
—Sorpresa, acabas de conocer a alguien que encontró este lugar escondido del mundo, pero no te preocupes, esto es solo una parada temporal —no estaba tan segura de eso.
—Puedes seguir fingiendo tus sonrisas todo lo que quieras, pero al final ambos sabemos que acabaras harta, entonces es cuando te iras y déjame decirte que no soportaras una temporada larga, será cuestión de días—me miró directo a los ojos por lo que sentí que fue una eternidad, antes de dar media vuelta y caminar hacia la salida—Que descanses vecina—salió de la casa cerrando la puerta tras él con un tono cínico.
Necesito apagar mis pensamientos antes de ponerme a llorar y tomar un vuelo a Nevada sin importarme nada.
Tomé una manta de las bolsas de compras y subí las escaleras hasta la pequeña y linda terraza de la casa, me acosté en la hamaca tapada con la manta y creo que pocos segundos después me quedé profundamente dormida.