Cabaret

621 Words
Otoño, 1945. Casi tres años sin ella. Temo comenzar a olvidar nuestros recuerdos o su dulce rostro. A veces creo que nada fue real, que me inventé una película en mi cabeza, pero al final sé que es lo que quiero que mi cerebro o mi corazón crean. De igual forma, tengo pruebas vivientes de que ella fue real, como su sweater azul favorito, el que dejaba en mi casa a propósito y usaba como excusa para venir. Se lo ponía cuando se sentía triste, nos acurrucábamos y yo la abrazaba lo más fuerte que podía. Pensar en ella me hacía sentir vulnerable. La imaginaba abrazada a alguien más, rodeándola con sus brazos para que dejara de llorar, era una persona sensible que necesitaba amor constante. —Salgan, ya es hora—la asistente rubia detrás del telón estaba muy nerviosa, pero no tanto como yo. Mi primera participación en un musical no era poca cosa, aunque solo tocara el piano mientras los actores se lucen, me emocionaba ser parte de algo, algo en lo que llevo ensayando hace como cuatro meses, algo que me aleja de la realidad y el sufrimiento, al menos por un rato. Liza Minnelli estuvo estupenda, iba a acercarme para felicitarla por su increíble actuación como Sara Bowles, pero yo era tan insignificante a su lado que me paralicé. Al salir del teatro solo planeaba llegar a un lugar, mi pequeño y precario departamento, con la cabeza baja pensando que, a ella le hubiera gustado, cabaret era una obra que le hubiera gustado. Deseaba enorgullecerla, me enseño todo lo que sé. —Estuviste increíble—mis piernas dejaron de funcionar, repentinamente esa voz conmovió a cada partícula de mi cuerpo. Temía darme la vuelta y que no sea ella, que haya confundido su voz con la de alguien más, pero al mismo tiempo deseaba que no fuera ella, sabía que verla me iba a doler. Cuando finalmente di media vuelta y la vi, sus ojos celestes, sentí como me reiniciaba la vida, sentí que había estado sin vida hasta ese momento. —Te dije que la vida te estaba guardando algo maravilloso—me sonrió mientras comenzaba a acercarse con su bonito y costoso vestido violeta. —¿Qué haces aquí? —fue lo único que se me ocurrió preguntar. —Convencí a Edward de venir a ver la obra, vi el anuncio en el periódico—Edward, el perfecto esposo millonario. —Claro, Edward. Felicidades por su compromiso y futuros bebés—mierda, esas palabras cargaban demasiado resentimiento y celos. —Tu sabes que no quiero hijos—solo se rio, como si hubiera contado un chiste. —¿Por qué me hablaste? ¿Por qué tienes que volver y hacerme sentir de esta forma? Te fuiste, me dejaste y ganaste. Aun me cuesta dejar de pensarte y en todo lo que fuimos. Pareces feliz ¿No te basta con eso? —Lo…siento, esa no fue mi intención. Te extrañaba, fuiste y eres lo más importante para mí. Mis decisiones siempre fueron para protegerte, tú lo sabes, pero está bien. Si no quieres volver a verme, realmente lo entiendo porque también me rompe el corazón verte y no poder abrazarte… o besarte. —Entonces estamos de acuerdo. Si no podemos estar juntos como quisiéramos, lo mejor es no volver a vernos. Te deseo lo mejor y un largo matrimonio feliz. Buena suerte—no esperé una respuesta, volví a girar y caminar lo más rápido que pudiera, quisiera olvidar como sus ojos se cristalizaban hace unos segundos, pero nuestros corazones se rompieron el mismo día, el día que ella se marchó, y yo no iba a sentir culpa por pensar en mí y alejarla ahora.
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