Invierno, 2015.
Desde que nací mi vida es un signo de interrogación constante. No sé de dónde vengo, no sé quién soy, no sé a dónde voy o que me espera al otro lado del mundo. No espero que alguien me pueda entender o que vayan a contestar a mis preguntas, solo yo puedo darles respuesta, pero me tardaría toda la vida descubrir quién soy y no es la pregunta que más me importe ahora.
Vengo de un lugar donde el invierno es casi eterno, donde mi piel se camufla con la nieve y mis pies como mis mejillas son témpanos de hielo permanentes, cada vez que suspiro, las palabras que no digo se van con el vaho que suelto cuando ya no aguanto. Con los años supe que lo odio, que prefiero el sol y la poca ropa, el olor al bloqueador solar y el sonido de las olas tranquilas.
—¿Vas a estar todo el día metida en tu propio universo o vas a escuchar lo que te digo por una vez en tu vida, Olivia? —mi abuela llamó mi atención o al menos lo intentó.‘’Olivia’’ según la (Mente privada de Olivia) su significado es de lo más aburrido y típico. Hay demasiadas Olivias en el mundo, pero al menos no me llamo Emma o Chloe.
—Te estaba escuchando—claro que esa era una de mis principales mentiras.
—Tu padre quiere verte, tu sabes que se equivocó, pero tiene tantas cosas que decirte y su tiempo es muy limitado —dijo poniendo esos ojos que odio, con el brillo lastimero y que sabes que tiene razón.
—Por una vez, te voy a complacer y lo iré a ver en unas horas—mordí el ultimo pedazo de tostada que me quedaba antes de que unos pequeños pasitos comenzaran a acercarse a nosotras.
—¿Alguien puede ayudarme a recoger mi cabello? Mamá dijo que ella no puede hacerlo porque no se siente bien—le sonreí mientras me extendía un peine y comenzaba a peinarla.
‘’No se siente bien’’ nadie se siente bien luego de una botella de vodka y varios mojitos. Escuché a Kristen, la esposa de mi padre y madre de mi pequeña hermana, Elle, llegar a las 5 a.m. anoche cuando chocó la pequeña mesa ratona frente al sofá y dejó caer un florero, lo sé porque tuve que limpiarlo por la mañana antes de que alguien se hiciera daño con los vidrios.
—Gracias Olivia—me abrazó y al soltarme me mostró su hermosa sonrisa con esos pequeñitos dientes de leche. —Ya es hora de irnos, no quiero llegar tarde, Eva dijo que por ser su mejor amiga debía llegar primero a su fiesta de cumpleaños, ¿sabías que tiene un diente flojo? Será la primera en la clase a la que se le cae un diente—dijo todo eso y apenas tomó aire.
—Está bien, ya nos vamos—le sonreí mientras tomaba mi bolso que estaba colgado en el perchero, me puse mi abrigo color vino y una bufanda negra. Tomé las llaves de mi auto y antes de salir me agaché a la altura de Elle para prender algunos botones de su abrigo.
—No olvides nuestra conversación, alguien te espera para hablar—dijo mi abuela acercándose para decir eso, yo asentí resignada y salimos.
Ya en el auto le coloqué el cinturón a mi hermana en el asiento trasero y luego me subí yo. Comencé a conducir por las calles cubiertas de blanco en Nevada, al igual que los árboles o los autos estacionados, todo estaba teñido de blanco y eso provocaba que pareciera que todo brillaba.
La casa de la pequeña amiga de mi hermanita estaba a pocos metros.
—¿Le dirás a papá que lo quiero y lo extraño mucho, cierto? —dijo e hizo que la mirara por el espejo retrovisor, con sus pequeños ojos celestes cielo que brillaban y una nariz y mejillas tan rosas que parecían cubiertas de rubor. ¿Cómo sabía que iba a ver a nuestro padre? Los niños son tan inteligentes y despreocupados que me hace sentir envidia.
—Claro que lo haré—le sonreí para hacerla sentir tranquila.
Cuando llegamos, bajé del auto para ayudarla a bajar a ella y acompañarla hasta la puerta de la fiesta, le di un beso en la frente cuando Eva salió a recibirla.
—Felicidades por tu diente flojo, Eva—le sonreí a la pequeña niña pelirroja que me miraba aún más sonriente.
—Gracias Olivia.
—Diviértanse—les dije cuando entraron a la fiesta y yo di media vuelta para volver a mi auto que también parecía camuflarse con la nieve, mi padre me lo regaló al cumplir 16, hace un año, cuando parecía más feliz que ahora. Comencé a conducir hacia el hospital, al que no visito hace al menos un mes, desde que mi padre recayó por su cáncer.
Todos pensarían que soy una mala hija, pero mi padre nunca fue el más presente o el más cariñoso, no tengo buenos recuerdos de él. Su trabajo lo retuvo siempre, es una persona muy ambiciosa. No es una justificación para no venir a verlo, pero la verdad si lo es.
Y luego de un mes o tal vez más, allí estaba frente a la puerta de su habitación. Suspiré antes de tirar de la manija de la puerta y entrar a la habitación totalmente blanca donde estaba mi padre, con el cabello totalmente cubierto de canas y un aspecto muy feo. Tenía los ojos cerrados, parecía tranquilo hasta que llegué, y nuestras miradas se cruzaron y permanecieron así por unos segundos, en esa simple mirada entre mis ojos grisáceos y sus ojos verde musgo se cruzaron miles de palabras.
—Debo decirte algo—lo dijo en un susurro casi inaudible, yo me acerqué a él y tomé su mano entre las mías. La demostración más afectuosa que habíamos tenido en años. —Es una historia larga y no tengo tanto tiempo así que te voy a dar instrucciones que debes seguir al pie de la letra—tomó aire antes de seguir hablando. —En cuanto suelte mi último suspiro, ellos irán detrás de ti Olivia. Blonware es una organización rival, hace muchos años tu abuelo, mi padre, cometió muchos errores y desde entonces ellos intentan vengarse.
—Papá, ¿te sientes bien? ¿Quieres que llame a un doctor? Creo que estas divagando, debes descansar—dije con el ceño fruncido. Las cosas que salían por su boca eran sinceramente locas.
—Olivia, no es una broma. Escúchame, en cuanto yo muera tú debes irte de aquí.
—Mejor tranquilicémonos—solté su mano y me separé un poco de él. Comenzaba a darme miedo que estuviera hablando enserio.
—Te voy a dar un último regalo. No estarás de acuerdo, pero en años me lo agradecerás. Te voy a regalar libertad. Sé que odias la empresa familiar y yo sé que siempre te dije que ese era tu obligación, pero no quiero que tu vida sea como la mía, quiero que hagas lo que te haga feliz— a cada segundo parecía que le costaba más respirar.
—Mejor descansa, papá.
—Dejé la empresa en manos de John hasta que cumplas 21, podrás hacerte cargo si así lo decides y crees que te hará feliz o solo dejarla—John era como un hermano para papá, lo conozco de toda mi vida, es parte de mi familia. —Hasta entonces te vas a ir y no volverás a Nevada. Sobre la mesa están tus nuevos documentos y tarjetas. Hay una cuenta en el banco con suficiente dinero para toda tu vida. Compré un pasaje de ida a Port Campbell en Australia, hay una casa muy bonita esperándote, lo amaras, te lo prometo hija.
—Esto es muy incoherente papá ¿Estas escuchando lo que dices? —me acerqué a la mesa que me señaló, donde efectivamente había un pasaporte y documento a nombre de “Magnolia Harris” y con mi foto en ellos y a un lado un pasaje. —No puedo creer que me estés hablando enserio.
—Debes confiar en Gretha y hacer lo que te diga.
—¿Ella sabe sobre esta locura? Deben saber que jamás me iría sin Ellie.
—Ella estará bien, lo juro—sus ojos comenzaban a brillar cada vez más, estaba a punto de llorar, jamás había visto a mi padre llorar.
—Siento que esto deba ser así. Jamás debí ocultarte todo esto. En la mochila que te dará Gretha hay una carta para ti, debes leerla.
—Pero ¿qué es lo que busca esa organización con nosotros? Solo dales lo que quieren —volví a tomar una de sus manos entre las más. Tenía un nudo en la garganta.
—Lo que quieren es matarte Olivia, quieren la empresa. Mi padre le hizo cosas muy malas a su familia y siempre buscan venganza, ellos mataron a tu madre, yo no pude protegerla, pero si te puedo proteger a ti esta vez, no pasara otra vez porque tu si vivirás. He pensado en muchas alternativas y esta es la mejor, créeme.
Volví a mirar a mi padre directo a los ojos, sus ojos aguados derramaban tristeza. Me rompía el corazón verlo así, roto. Al fin y al
cabo, era mi padre.
—Olivia, despídete de tu padre. Debemos irnos—ni siquiera había notado cuando entró Gretha a la habitación.
—Te amo Olivia, no lo olvides jamás. Hice todo lo que pude para protegerte a ti y a Ellie—ahora él tomó mis manos entre las suyas, estaban frías, pero las sostuvo delicadamente.
—Yo también te amo—dije y el me sonrió antes de que Gretha tirara de mi brazo para sacarme de allí.
Ella condujo de vuelta a casa, pero antes pasó por Ellie, todo el viaje hasta casa me mantuve abrazando y acariciando el cabello de mi pequeña hermanita.
—Ellie ve a tu habitación, yo te sigo—le habló Gretha y ella obedeció. —Tu ven conmigo—me habló a mí y la seguí hasta la oficina de mi padre.
Ella comenzó a abrir y cerrar cajones sacando cosas de ellos, agarro unos libros de la biblioteca y los metía dentro de una mochila
—Habla conmigo, dime más ¿qué sucede? —supliqué confusa con todo esto, no terminaba de entender que demonios haríamos.
—Él ya te lo dijo. Yo no sé demasiado, hay información en la carta de esta mochila y en los diarios—quitó el cuadro que estaba en la pared y detrás de él había una caja fuerte que jamás había visto, la abrió y de allí sacó otro sobre y un arma.
—¿No creerás que yo me llevaré esa arma? —dije con la boca abierta viendo el arma.
—Es por si acaso, espero que jamás debas usarla—menciono sin importancia.
—¿Cuándo nos vamos? —pregunté preocupada de que debía hacer mi bolso.
—Creo que no entendiste, cielo. Tu iras sola, nos separaremos por protección. Le hice a tu padre una promesa que voy a cumplir hasta el día que me muera. Te haré la misma promesa a ti, voy a proteger a Ellie y tú estarás a salvo. Además, vas a olvidar lo que sucedió, comenzaras una nueva vida y vas a intentar ser feliz hasta que nos volvamos a ver, las tres estaremos nuevamente juntas para siempre. Prométemelo—llorando asentí con la cabeza hasta que de un segundo al otro oí un fuerte estruendo, el sonido de un disparo cerca. Rápidamente tomé conciencia de lo que estaba sucediendo y corrí a la habitación de Ellie, pero Gretha me detuvo empujándome al suelo. —Te vas ya mismo Olivia. Los guardias detendrán a Bloware por unos minutos, pero no hay tiempo, debes salir por detrás hasta la dirección que está en el papel que dejé en tu auto, ya vete. Cuidaré de Ellie, pero vete ahora.
No pude despedirme bien de ninguna de las dos, solo tomé la mochila que cargó para mí y con un arma en la mano salí agachada por la puerta trasera para entrar a mi auto que se encontraba. A toda prisa salí con él hasta la dirección que estaba pegada en el espejo retrovisor.
Mientras más pisaba el acelerador mis lágrimas caían una detrás de otra, estaba dejando atrás a mi abuela y a Ellie en medio de un tiroteo por mi culpa, es a mí a quien querían. Por el espejo pude ver que una camioneta negra comenzaba a seguirme a toda prisa, no faltaba mucho para llegar al destino, pero debía perderlos para que no supieran a donde iba, eso comencé a hacer doblando en cualquier calle hasta que creí lograrlo.
Al pensar y pensar en esa sensación que me dio tocar las manos frías de mi padre, una nueva imagen interfirió en mi cabeza, un recuerdo que había olvidado por completo de mi madre recostada en el suelo de su habitación, sobre la alfombra teñida de sangre. Sus ojos se parecían a los de mi padre hace minutos, estaba rota y comenzaba a agonizar antes de recordarme que me amaba.
Cuando llegué a la dirección allí estaba la camioneta de John esperando junto con otros hombres. Al verme frenar corrieron y sacaron todo de mi auto y lo subieron a la camioneta.
—Olivia sube ya a la camioneta—me dijo John viendo a todas partes y yo obedecí muerta de mi miedo. Por el vidrio pude ver como luego de subir todas mis cosas a esta camioneta comenzaron a rociar en mi auto un líquido para luego solo prenderlo fuego. John y otros dos hombres entraron y comenzaron a conducir.
—No puedo, no me puedo ir—me comenzó a faltar la respiración, quería gritar, quería encontrar a Ellie y decirle que todo estaría bien. —Ellie me necesita a mí. Llévame a casa por favor—le supliqué a John que estaba junto a mí. Este me abrazó fuerte para contenerme.
—Perdóname por no poder hacer más por ustedes—pude sentir su voz quebrarse. —Le prometí a el que las mantendría a salvo—desconsoladamente mojé toda su camisa con mis lágrimas. Él tenía el mismo perfume que mi padre, deseaba que fuera el, para pedirle perdón por odiarlo. —Si te llevo con Ellie, la pondrías en peligro. La decisión que tomamos con tu padre es segura para ambas por ahora. Yo te encontraré cuando sea hora y ambas volverán a estar juntas, hasta entonces no llames la atención, no divulgues nada sobre esto y no confíes en nadie.
Yo era peligrosa para mi propia hermana, yo podría hacer que la maten, a mi pequeña hermana. Debía obedecer por ella, porque deseo que viva una vida alejada de la maldad. Una vida lo más parecida a la felicidad, deseaba que jamás dejara de sonreír. Lo haría todo por ella.
En cuanto la camioneta se estacionó, solté a John y bajé junto con los dos hombres rodeándome y acompañándome hasta las escaleras de un jet, no era el que mi padre usaba para sus negocios, este era n***o y al verlo hizo que tuviera un deja vú, sentí que ya había estado allí antes.
—Necesito tu celular Olivia. No puedes llevarlo, por seguridad—se lo entregué, lo entendía perfectamente. —Hay uno nuevo en tu mochila no te preocupes.
—Gracias—Abracé a John por última vez antes de subir para comenzar un viaje lejos de casa, mi hogar, un hogar que ya no existía.
¿Cómo sobreviviría solo con una mochila casi vacía y el corazón destruido?
Apenas me senté en un asiento el jet despegó, sentí muy rápido el viaje, no pude ni cerrar un ojo porque ya estaba aterrizando, podía ver el sol por la ventanilla, yo ya comenzaba a sudar. Al bajar con mi único equipaje, mi mochila y escondiendo el arma dentro, me dirigí a la entrada del aeropuerto. Antes de comenzar a caminar saqué de mi mochila el papel con la dirección de la casa en la que me quedaría. El sol estaba demasiado fuerte para mi piel.
Todo bajo el sol es más brillante, todos parecían felices y llenos de colores. Me hacían sentir desolada y completamente vacía por dentro. Cuando me di cuenta que no sabía dónde demonios estaba yendo, le hice señas a un taxi que pasaba por ahí, este freno junto a mí y yo subí.
—Buenos días —me saludo un hombre de unos 60 años, su pelo era totalmente blanco, pero nada en la vida parecía que iba a borrar la sonrisa del rostro o tal vez viví en un lugar donde la boca recta y sin expresión se convirtió en algo muy normal y monótono.
—Buenos días. —lo salude dejando ya de lado mis absurdos pensamientos.
—¿A dónde la llevo? —preguntó sin perder la paciencia en mí, ya que parecía la primera vez que me subía a un taxi o interactuaba con alguien.
—Acabo de llegar. Esta es la dirección —le entregué el papel. De repente el dejó de sonreír y se quedó viéndome unos segundos por el espejo retrovisor. Me estaba dando miedo.
—¿Estás segura? Esa casa lleva vacía muchos años —preguntó muy seguro de si, a lo que yo me sorprendí.
—No tenía idea. La casa fue un regalo—era cierto, pero yo no era nada buena mintiendo.
—¿Cómo te llamas? —esta vez giró para verme cara a cara, no podría explicar la expresión en su rostro, parecía muy confundido.
—Magnolia Harris—respondí luego de minutos, me llamaba Magnolia ahora, era raro, vivir diecisiete años con un nombre y del día a la noche cambiarlo.
—¿Es un chiste? —soltó una risa, actuaba como si todo fuera una broma.