Aquella mañana de lunes se hacía muy duro ir al curro. Laura aún dormía cuando me marché al trabajo. Esperaba ver allí a Pedro, no fuese que mientras yo estuviera en el concesionario él se fuese a despertar a mi mujer. Ya me gustaría que la cosa hubiese acabado así. En la parte de abajo estaban los vendedores y el jefe de taller de los Volkswagen. Los administrativos, éramos dos, estábamos arriba, al lado del despacho del jefe, Pedro. A la media hora de estar currando, entró Pedro, nos saludó a los dos y a mí me guiñó un ojo y se fue a su despacho que era el que estaba junto al nuestro. Y no pasó mucho tiempo más cuando mi corazón dio un vuelco. Vi a Laura, por el vidrio que tenía la puerta. Oía los tacones por el pasillo e instintivamente levanté la cabeza y allí estaba ella. Me levanté y

