Me llamó Rebe para decirme que el día anterior la comida que había reservado Laura en ca Rosa, al final no la había cancelado y fueron ella y Pedro a comerse ese arroz. Le dije que no me importaba, que el día que habíamos pasado los dos había estado mejor. Los días fueron pasando, yo ascendí a supervisor de ventas. Ya no tenía que entrar a las 8 de la mañana sino a las 10, con un horario flexible. Tenía mi propio despacho y un sueldo bastante mayor. Laura algunas noches no venía a casa, me avisaba con antelación o me llamaba. Yo seguía viendo a Rebe normalmente por la mañana de 9 a 11 am cuando su marido y su hijo se iban de casa. Así llegó la fiesta de navidad de la empresa. La habíamos celebrado el año anterior y fue un éxito y por eso repetíamos. Nos vestimos para la ocasión y allí nos

