16.

1292 Words
Kai la suelta y ella cae. Están en el césped del jardín trasero y han estado peleando antes, no hay forma de acordarse de las heridas ahora. Se lanza encima de ella imposibilitado sus movimientos. Aunque ella luche, lo cierto es que, él gana en tamaño y fuerza. Deja todo el peso de su cuerpo sobre ella y baja la cremallera del abrigo sin cuidado. Ella lucha, pero él azota su cara. La piel le arde, pero el cuerpo también. Están cabreados, están calientes. Él va a matar lo que percibe, ella, aunque se niegue, también va a aceptar que le den un poco de lo que no conoce. Kai baja su blusa sin vacilar en lo que ella sigue moviéndose intentando frenarlo. Su actos son solo un reflejo porque él la siente y lo está viendo, como sus pezones adquieren una dureza poco sutil. Lleva su boca hasta uno de ellos mordisqueándolo. Anya se queda tranquila cuando atienden ese sitio sensible. La punta de la lengua de Kai le da frescor ante el ardor de su piel. Sus labios chupan hábiles y ella muerde su labio para callar el gemido que intenta salir. Humecta el espacio mientras otro va ganando esa humedad por sí solo. El quiere saberlo, quiere sentir como está, pero también a qué nivel puede llegar. Pasa al otro pezón y lo mordisquea. Repite acción con la lengua y le da un toque final chupándolo con devoción. Él o hace las cosas bien o no las hace. Ella se remueve incómoda ante el desastre que tiene en medio de sus piernas. La humedad le hace resbalar la piel de los muslos pegadas y Kai se ubica a su lado, dejándola de presionar. Tiene que irse, pero no es capaz de levantarse. El ruso baja su mano por su abdomen y la cuela debajo de la ropa, teniendo contacto directo con su pelvis. —Detente —pide ella en un susurro y no es porque no lo quiera, sino porque no quiere que se de cuenta de como está su coño. Kai, evidentemente, no le hace caso. Desliza sus dedos por todo su clítoris hasta ubicarlo en su entrada. Mueve los dedos por la gran humedad haciéndola crecer con sus toques. La mano le resbala y el ruso adquiere una erección que le hace doler las bolas. El azote que recibe Anya en su rostro le deja los dedos marcados. La pelinegra se cabrea más. — ¿Te mojas así con todo el que te cabreas? —pregunta el ruso antes de mover sus dedos en círculos precisos y rápidos sobre su clítoris. Otra bofetada resuena en el jardín trasero y está vez, la proporciona ella a él. — ¿Tocas así a toda chica que te lo pone difícil? —indaga ella. Ambos se mantienen presos de la ira mientras se van excitando a niveles incontrolables. El rostro de ella tiene la marca de los dedos de él y el de él la marca de ella. La furia los vuelve loco, el que Kai este masturbando a Anya también. De pronto, sus bocas se unen con ímpetu. De una manera tan salvaje que parece que se harán daño. Buscan descargar su arrebato en los labios del otro. A Anya le sobre pasa. La corriente parece concentrarse. La boca de él le niega gemir, pero se aferra a su mano queriendo descargarse. Se lo ha prohibido muchas veces. Y lo vuelve a hacer. Rompe todo contacto entre la mano de él y su coño, agregándole a su cabreo, la frustración. Kai azota una de sus tetas sin cuidado y Anya no se queda tranquila. Mueve su mano hasta su bulto y los estruja con fuerza. Nunca había estado en esta situación, pero no era capaz de limitarse, su furia daba para mucho. —Jefe... —De espaldas —ruge el líder—. Habla. —El avión está listo —le informan. —El vuelo se retrasa media hora —dictamina el ruso y el servidor se marcha acatando la orden. Él no merodea, no procura ser el tipo con el que sueñan todas. Toma el elástico de la leggins y la braga, a la par baja ambas prendas hasta retirarlas. Baja su pantalón deportivo y boxer sin merodear, sin dudar. Pasa su erección por la entrada de ella, poniéndola algo tensa a pesar de que la tiene lista para recibir su complexión. —Puedes irte ahora —sugiere el ruso mientras sigue pasando la punta de su v***a por la hendidura de ella. —Es que yo no huyo, no sé hacerlo —responde Anya y este empuja el c*****o. Joder, grita Anya por dentro. Se pone algo tensa, logrando que el ruso se contenga. —No es cuestión de huir, Anya —comenta intentando separarse. No le dice muchas veces su nombre y eso a ella le asombra. Antes de quitarse de encima de ella, Anya coloca sus manos en las caderas de él deteniendo su intento—. Es entender que estás abajo de este maldito ruso con las piernas abiertas permitiendo que tome tu jodida primera vez. —He estado antes... — ¿Has estado antes dónde? —la interrumpe él. —Así... El ruso empuja más interrumpiéndola y desatando un sonido de molestia, que aunque fuese bajito puede percibirse por él. El ruso pasa su dedo pulgar por los labios que parece una caricia, una forma de calmarla, de callarla... —Conmigo nunca llegarás lejos con una mentira —recalca él antes de bajar la boca a sus pechos y lamerlos. Anya gime bajito entregada a la hábil lengua de Kai, pero el miedo la hace temblar un poco. —Relájate —demanda él saliendo de ella. Se observan por varios segundos y el ruso toma con salvajismo la boca de Anya. El beso es tan intenso que ella deja de sentirse tensa para estar disponible físico y mentalmente a él. Kai toma esa oportunidad para introducirse en ella, malditamente despacio, pero sin detenerse. La pelinegra encaja sus dientes en sus labios y cierra los ojos. El ruso dentro de ella se queda quieto, observándola, detallando por primera vez los rasgos de su rostro. —Voy a moverme —informa él en un susurro y ella asiente. Le cuesta adaptarse al tamaño de él, sin embargo, lo sigue detallando mientras la molestia empieza a desaparecer. Kai procuraba contenerse. Él no recuerda cuando fue la última vez que folló de esta manera, que estuvo en esta posición, que besó de esta forma, que procuró ser lento. Ella se relaja del todo y el mal momento pasa. Cantonea sus caderas buscando contribuir también en alcanzar su máximo punto de placer, ese que ha alcanzado las dos veces que él la ha tenido en sus manos. —Que bien te adaptas a la v***a del hombre que has querido entregar, volchitsa —expresa Kai moviéndose con más rapidez, arrancándole un sonido placentero. —Está grande, pero si yo puedo con su carácter oscuro y siniestro, puedo aguantar todas las embestidas que me de... Ahí, mierda —casi suplica, interrumpiendo sus propias palabras. Kai sigue malditamente suave, pero profundo. El calor dentro del coño de ella le envolvía, poniendo muy difícil el control. En el cuarto empellón cargado de constancia y profundidad, ella se aferra a lo boca de él mientras no se da cuenta y sus uñas se encajan y deslizan sin ningún cuidado sobre la piel del pecho del ruso. Contracciones bestiales ganan su cuerpo y el ruso no deja de moverse, percibiendo como le ha dejado abajo bastante mojado. Le atrae a su terreno y él procura continuar, hasta que su estrechez y la manera de comprimirle más la v***a lo terminar arrinconando, haciéndolo correrse.
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