Narra Bárbara
Alexander Carter es un curador de arte de 39 años, es decir que mi madre es mayor que el por unos once años aproximadamente, creo que un poco más, no estoy segura. Mi madre empezó a negar su verdadera edad hace algunos años, pero sí puedo decir que llegó a sus cincuentas.
Estaba admirada con todo lo que ahora sabía de esta persona que se había convertido en el prometido de mi mamá. No es un cazador de fortunas, era evidente que no; es director de una importante firma y tiene mucho reconocimiento.
Veía a Alexander con mi madre y de algún modo algo no compaginaba.
—¿Entonces estudias diseño de interiores? —me pregunta Alexander en medio de la cena.
—¿Eh? Sí, así es.
—Vaya, eso es interesante. ¿Eso que estás haciendo en la biblioteca es algún proyecto?
—Oh, viste mi trabajo —sonreí incómoda porque todo lo que tengo son solo bocetos que solo yo puedo descifrar—. Sí, es uno de los proyectos finales; ya me queda poco para terminar.
—Lamento ver tu trabajo, fui a llevar un libro que leí a su lugar y sin querer vi lo que haces. Tienes un excelente gusto, te felicito.
Dejé de menear mi sopa y lo observé.
—Gracias.
—En la mesa hay reglas, no se habla de trabajo, tampoco de estudios —refuta mi madre.
Ella me mira y me guiña un ojo.
—¿Puedo saber cómo se conocieron? He tenido un poco de curiosidad últimamente.
—¿Fue en un viaje? —pregunta mamá sin tener idea.
—No, fue en una de mis subastas.
—¿Haces subastas? ¿de qué? —pregunté haciéndome la desentendida.
—Soy curador de arte y director de una firma en Europa, en realidad la firma pertenece a mi familia —responde mientras levanta su copa de vino y la menea con mucha elegancia—. Entre mis funciones está recolectar pinturas exclusivas y entre mis recolectas he encontrado grandes piezas de artistas muy importantes. Lo que luego hago es organizar una subasta y en una de las ultimas que hice fue donde conocí a Clarisa.
Mi madre es aficionada a ese tipo de cosas, ahora comprendo cómo pudo conocerla. Miré a mi alrededor y había muchas pinturas en las paredes. Quizás ella sola compró todas las pinturas de la subasta para impresionar a Alexander.
—No hablamos en la mesa —recalca mi madre.
—Lo siento.
La mañana siguiente me levanté más temprano de lo habitual para ir a la biblioteca, me siento más cómoda aquí.
Estaba revisando el circulo cromático para escoger los tonos que necesitaría, aún no estaba segura del concepto que deseaba, es como si no pudiera concentrarme.
—Carajo —susurré por no saber por dónde empezar.
Escucho que alguien abre la puerta y un par de pasos se acercan.
—Oh, pensé que no había nadie, lo siento.
Alexander pretender devolverse.
—No, está bien.
Él se detiene y parece apenado.
—No interrumpes nada, en realidad no he empezado. Mi trabajo está tal como lo traje de casa.
—Solo venía por un…
Él señala hacia un lado y al ver mi expresión no dice más sobre lo que sea que iba hacer.
—¿Necesitas ayuda?
—No, solo necesito concentrarme, no sé… creo que estoy un poco dispersa, es todo.
—Sé de lo que hablas, he pasado por esos bloqueos. ¿Por qué no descansas unos días y luego retomas? Es justo lo que hice yo, por eso estoy aquí. Me llegué a sentir tan ahogado que me vi obligado a tomar unas vacaciones forzosas.
—Vaya, vacacionar en casa de la prometida es un gran plan.
—En realidad tenía pensado ir a Hawái, pero tu madre tenía mucho trabajo y lo ideal era viajar con ella; así que me invitó aquí y pasamos tiempo juntos. Dije que iba a hacer un receso con el trabajo, pero por más que lo evito, al final termino haciendo algunas cosas.
—¿Qué cosas? —pregunté con ganas de saber mucho más de él.
—¿Quieres que te muestre?
Asentí y fui tras él.
Fuimos a la sala de estar y este saca su IPad para mostrarme algo en la ha estado trabajando.
—Estoy investigando un poco sobre el arte barroco, hay un artista que puede facilitar algunas piezas, pero tengo tantas ideas en mente que necesito abordarlas.
El hombre muestra su trabajo y es hermoso, estaba fascinada y admirada con lo que puede hacer. Su trabajo es como un sueño, no sabía que podría parecerme tan interesante ese tema.
—Desde ya tengo en mente cual puede ser el montaje de la exposición que quiero hacer, estuve indagando unas iglesias y de verdad que esto será muy loco, pero quiero que sea diferente e impactante.
Escuchaba a un hombre creativo, inteligente, que podía manejar temas históricos de una manera increíble. Alexander tenía una sensibilidad por el arte que estaba captando por completo toda mi atención.
—¿Quieres ver algunas de las subastas que realicé?
Alexander se voltea a verme y hasta ahora noto el color profundo de sus ojos, es un verde llamativo; su cabello es castaño, brilla tanto que parece que tiene visos que iluminan su cabellera. Además, tiene una barba espesa y abundante que le da un toque bastante varonil.
—¿Eh?
Estaba algo distraída.
—Tengo algunos registros de mis subastas, ¿quieres verlo?
—Sí, por supuesto.
Él me muestra unas pinturas abstractas que subastó hace un año, según es de las mejores que ha realizado.
—Oh, parece mucho al estilo de Vasili Kandinski —comenté mirando las pinturas.
—Esa es una Vasili Kandinski original, Barby.
—¡¿Qué?! ¡Dios no creo!
—Claro que sí, la conseguí en Rusia, incluso la persona que las tenía, tiene una colección amplia de esas pinturas abstractas maravillosa; también estaba asombrado.
Cada que pasaban los minutos, la imagen que tenía de Alexander cambiaba, era distinta; hasta puedo decir que me agrada esta persona.
—Cariño, ¿Dónde estás? —se escucha la voz de mi madre.
Alexander cierra su IPad y pone su atención en mamá.
—Oh, aquí estás ¿Qué hacen?
—Nada, le mostraba algunas cosas a Barby.
—Bien, muy genial todo, pero tienes que ir a meditarte el traje para la cena de esta noche con los Burgos.
—¿Era esta noche?
—Sí, así que date prisa; nos iremos temprano, el lugar está un poco retirado. Mi vestido ya llegó y me quedó perfecto, ya no me preocupo por nada.
Mi madre hablaba y me sentía como un cojín más del mueble.
—¿Y el vestido de Bárbara?
Mi madre por fin me mira y dice:
—Oh, Barby se irá con Daisy.
—Pensé que iría con nosotros.
—No, es que los jovencitos del club tienen una fiesta en la playa y le dije que pasaran por ella. Ya sabes, intento que haga amigos.
—No, estoy bien así…
—Tienes que hacer amigos, no puedes andas vagando por el club sin socializar. Ya la gente empieza a creer que eres extraña.
—No traje vestido de baño ni ropa para ese tipo de fiestas.
—Sin excusas Barby, ya deja de alejarte de la gente. Pediré que traigan algo para ti, aunque…
Ella me mira de pies a cabeza y hace un mal gesto.
—¿Qué pasa?
—Dios, no sé cómo pueda quedarte un bikini, por favor empieza a hacer ejercicio y dieta, las chicas de tu edad no pueden andar con lonjas; los chicos no se fijarán en ti si tienes celulitis por doquier.
Su comentario me hizo sentir un poco de vergüenza, más porque Alexander estaba escuchando.
—No quiero ir, mejor diles que no vengan. No quiero avergonzarte con mis lonjas y celulitis.
Me puse de pie y me alejé, caminé directo a la cocina y en medio de mi enojo abrí el refrigerador para tomar un refresco, uno con mucho azúcar. Intenté destapar la botella y me enojaba mucho más que la maldita tapa estaba tan dura que no podía abrirla.
—Déjame ayudarte.
Alexander me quita la botella y abre el refresco para mí.
—Ella puede ser algo directa con lo que dice, pero no pienses mal. También tomaré una de esas —menciona sacando otro refresco—. Son de mis bebidas favoritas.
Él abre la botella y sin más la empieza a tomar como si fuera agua.