48 horas antes . . Lizzie había pasado la tarde junto a su abuela. Aquel jardín las había invitado a sentarse y disfrutar de las caricias que el sol regalaba en el inicio de la primavera. Le había contado todo lo que había vivido junto a Leo, omitiendo algunos detalles, por supuesto, y su abuela la había alentado a luchar por él. Le había dicho cuánto creía en ella y sus palabras habían logrado devolverle las esperanzas que creía perdidas. Estaba a punto de irse cuando su madre llegó. Se acercó con su habitual actitud desprejuiciada y las saludó mientras le pedía una taza de té a una enfermera, que la miró algo sorprendida. -Mamá, no creo que sea su trabajo. No estamos en un restaurante.- le aclaró Lizzie, enviando una mirada de piedad a aquella mujer que continuó con su trabajo i

