Entraron a la casa en silencio. Había sido una noche demasiado intensa y ninguno parecía tener ni las fuerzas ni las palabras para explicarla. Ambos habían pasado por tantos estados que no terminaban de entender dónde estaban parados y eso estaba comenzando a sentirse agotador. Lizzie se sentía exhausta, los nervios de todo ese día parecían cobrarle un precio demasiado alto. Cerró los ojos un momento y un enorme bostezo alcanzó su boca justo cuando llegaba a la puerta de su habitación. -Intentá descansar.- le dijo Leo acariciando su mejilla con dulzura, pero cuando iba a retirar la mano ella la atrapó con la suya. -No me dejes sola.- le suplicó girando su rostro para besar su mano. Leo dudó unos segundos. La veía realmente agotada, él mismo lo estaba, producto de la noche anterior,

