La brisa se siente refrescante, no era lo que Elissandro tenía planeado en su primer día, subir en moto con cuatro mujeres desquiciadas, mientras compiten en quien acelera más que la otra.
—Baja la velocidad, no quiero morir— le ordena Elissandro a gritos.
Valentina empezó a reír y aceleró aún más, sintiendo como él aprieta su cintura con más fuerza.
Cinco minutos después estaban llegando a la hermosa catedral, estaba decorado cada escalón con hermosos lirios, era como un cuento de hadas, las personas aglomeradas en la entrada esperan la llegada de la novia, pero en cambio llegaron cuatro motos rugiendo con fuerza.
—¿Acaso estas loca? Pudiste haberme matado— Elissandro baja de la moto y se retira el casco.
Valentina lo recibe, pero antes de dejarlo ir jugaría con él.
—Oye imbécil ven un momento— espetó, Elissandro molesto por todas las palabrotas que salen de su boca, se acercó para corregirla.
Valentina al ver que su distancia se había acortado, ella aun encima de la moto, sujeto el traje del hombre, atrayéndolo hacia ella con fuerza, capturando los sabios sabor a chocolate del hombre, un beso que fue correspondido hasta que la voz de una mujer los detuvo.
—¡Elissandro! — un grito que los hizo separarse.
—Oh, ¡perdona! Suerte imbécil— escupe Valentina para marcharse junto al grupo de motociclistas femeninas.
Elissandro observa como la mujer desaparece con el rugir de su moto, hasta que siente como Liana se lanza en su regazo.
—¡Hermano! Cuanto te he extraño— la conexión de ambos hermanos se intensificó con el abrazo de la bienvenida.
—Liana hermosa, perdona, he arruinado tu sorpresa— Elissandro ignora las miradas de su alrededor, su mirada está puesta en aquellos ojos grises y radiantes de felicidad.
—¿Quién es ella? — fue lo primero que Liana preguntó, jamás supo de alguna mujer cerca de su hermano, Elissandro tan perfeccionista, tan detallista con cada paso que da, no ha dejado cabida para un mal entendido, su pareja debía ser hecha solo para él y Valentina estaba lejos de serlo.
—No es nadie, no la conozco, olvida lo que acabas de ver, es tu día y he venido a entregarte— mientras le ofrece su brazo, a falta de un padre, su hermano era ese bastón que siempre estaría ahí para ayudarla a dar pasos firmes.
La sonrisa de Liana lo era todo, ella recibió el brazo de su hermano y se dejó guiar en cada escalón que la estaría llevando al amor de su vida.
Dan, quien la estaba esperando frente al altar, no puede evitar sentirse conmovido, su mayor tesoro estaba cumpliendo su sueño más anhelado, ir del brazo de su hermano mayor, su belleza era como de un ángel bajado del cielo.
Elissandro camino despacio junto a ella, robándose las miradas de las solteras presente, todas, una vez habían soñado con un hombre como él, guapo y masculino.
—Dan, te entregó al tesoro de nuestra familia, espero la sepas valorar y cuidar… Elissandro hizo una pausa mientras acerca a su hermana y extiende su mano hacia Dan, sujetando con fuerza mientras formula sus palabras mágicas… De lo contrario te ganaras un enemigo—
Liana miró a su hermano y coloco su mano encima de la de ellos, no era el sitio para empezar una disputa.
Una barbilla firme y una voz perfecta sale de los labios de Dan —No debes tener dudas hermano, Liana tendrá una vida única a mi lado— la mirada de ambos hombres estaba fija.
Ninguno quería bajar la guardia, solo la voz de Liana los hizo reaccionar.
—Basta por favor, es mi día— con su tono tembloroso.
Elissandro se acercó a ella y beso su frente, dando la bendición para esta unión, dio dos pasos hacia atrás y se paró justo al lado de la mujer que le dio la vida, un llanto silenciado por el evento, Maite abrazo a su hijo y se consuela en su pecho, lo había extrañado tanto.
El silencio en la iglesia estaba acompañado de susurros sobre el próximo heredero de la familia, haciendo que las prendas íntimas de las mujeres presentes perdieran su elasticidad y cayeran por él.
—¿Dónde está el abuelo? — Elissandro susurra en el oído de su madre, al notar que su abuelo no está presente.
Heriberto Carvajal, el patriarca de la familia no fue capaz de dar su brazo a torcer, aun así, la boda se efectuó con la bendición de Maite.
—Papá no aprueba aun a Dan, esto será un escándalo— Maite siente que la boda de su hija no será una primicia en las previstas, más allá de eso será el escándalo del año, no tener el apoyo de la familia era vergonzoso.
—No te preocupes por eso mamá, disfruta de ver a mi hermana casarse— Elissandro abraza a su progenitora, sintiendo ese olor de mamá que tanto había extrañado.
Liana supo lo que era disfrutar su boda, ella pudo reír y llorar mientras leer sus votos, tan delicados y cargados de un amor inocente, haciendo llorar a su madre, Dan prometió amarla y respetarla hasta sus últimos días, fue una larga boda llena de muchos sentimientos.
Los novios pasaron frente a sus familiares, para detenerse en la salida en donde les arrojan arroz, un auto los esperaba para la celebración.
Maite se roba las miradas al salir del brazo de su heredero, ver como su hija corre en ese vestido blanco hacia el auto la llena de amor.
El sonido de una moto hizo que Elissandro volteara a la esquina de la calle, con molestia.
—¿Quién es ella hijo? — Maite interesada, en ese beso que fue intenso y apasionado a la vez.
—Nadie, vayamos, Milán nos espera—
Elissandro ignora a Valentina, quien se hace notar desde lejos, la joven quien oculta su rostro dentro de ese casco.