El robo.

1051 Words
—¿Ya acabaste? — Cris enojada, habían perdido tiempo mientras vigilaron al arrogante. —No te obligue a quedarte— escupe Valentina a su amiga. Valeria quién es más ofensiva y explota rápidamente, se paró frente a ambas amigas, —Oye baja tu tono, estamos para apoyarnos, es un imbécil al que le están dando mucha importancia, no nos jodas con tus mamadas— Niurka quien observa sus uñas, suspira —¿Estaremos más tiempo acá? Que aburrido— —Vale listo, cada quien a lo suyo— responde Valentina mientras sube a su moto y cogen la misma vía y cada una se desvía a casa. Valentina sonríe con la victoria en sus manos, regresa al lugar que le da paz y tranquilidad, su taller de mecánica, donde ejerce su profesión, una que no fue aprobada por su padre, pero que su rebeldía la ha llevado a sacarla adelante. Su sonrisa es tan grande que sus compañeros de herramientas no dudan en preguntar que le ha sucedido. —¿Todo bien? — Cesar, un compañero de trabajo la mira y le sorprende ver esa sonrisa de par en par. —Si, todo bien, estaré ocupada— mientras camina hacia su oficina, en dónde saca de su bolsillo una pequeña caja y una billetera. Abre la pequeña caja y observa el hermoso collar de diamantes, aunque podría ser costoso, no era de su agrado, no se imagina con una joya tan brillante acortando su respiración, de solo imaginarlo lo aleja de su vista, se levanta y decide guardarlo en su caja fuerte. Seguido de eso sube los pies sobre su escritorio, mientras abre la billetera y ríe por su contenido. “Elissandro Carvajal, tienes un bonito nombre, a ver que más conseguimos aquí” ella sigue hurgando en su interior, encontrando par de tarjetas de créditos, alguna que otra nota de recordatorio y una foto de una mujer, la mira y no tiene dudas que era la novia del día de hoy, su risa se intensifica al conseguir un preservativo dentro de la billetera. “Eres precavido Elissandro” murmura dejando a un lado las pertenencias del hombre. Algo en ella despertó al verlo, tan grande y masculino, pero a la vez tan princeso. Por otro lado, estaba Elissandro junto a su madre, camino a la recepción en donde terminarían la celebración de la boda. —Debiste avisarme que vendrías— Maite se acurruca en los brazos de su hijo. —Mamá, era una sorpresa, solo que fue arruinada— Elissandro recuerda lo vivido y no sabe como aun estaba vivo, Milán desde el volante se mantiene callado, jamás informaría lo sucedido, sería una ofensa para ellos que una mujer los termino auxiliando. —Y vaya que sorpresa, ver como esa mujer te beso, es una salvaje— dice Maite buscando alguna reacción en su hijo. Elissandro limpia sus labios con asco, recordando como una mujer común se atrevió a tanto. —Olvida ese acontecimiento mamá, ya lo he dicho, no es nadie y no vale la pena tocar el tema, ahora mejor cuéntame, ¿cómo está el abuelo? — Elissandro fue enviado al extranjero para estudiar, enfocarse en su destino, ser el protector de los Carvajal, lo menos que desea ahora, es una distracción. —Papá no está bien, los años no han pasado en vano, cada día más cansado de tanto trabajar, he escuchado que quiere conversar contigo, ¿sabe que has regresado? — Elissandro bufa y suelta una sonrisa ladina —Mamá, el abuelo lo sabe todo, merece retirarse de los negocios, y por esa razón he decidido regresar— Los ojos de Maite se llenan de lágrimas, pensó que la aparición de su hijo solo sería por la boda de Liana, jamás que sería para quedarse. —Ohh mi niño, no sabes cuan feliz me haces, la familia te necesita más que nunca— un abrazo lleno de tanto dolor retenido por los años. —Señor, hemos llegado— anunció Milán. —Demostremos que aun podemos estar unidos como una familia— repitió Elissandro, no abandonara nunca más a las mujeres que ama. Milán abre la puerta y Elissandro deslumbra a los camarógrafos, quienes quieren la mejor pose, las revistas pagaran una millonada por el mejor ángulo del hombre. —Vamos mamá— del brazo, ambos entran a la recepción. Su rostro serio y varonil, es lava ante los ojos de las mujeres, las calienta y las derrite. La novia ya estaba sentada en la mesa principal, esperando a que todos los invitados terminen de llegar, Liana espera por ese primer baile junto a su esposo, pero el baile debe de esperar, Elissandro aún tiene planes para ambos. Dejando a su madre cerca de los novios, se para frente a su hermana y cuñado —¿Puedo robarla un segundo? — pregunta. Dan lo miro como perro celoso y posesivo, molesto porque la familia Carvajal no confía aún en él. —No hay problema, ve amor— Dan se levanta y le da paso a Liana, quien sale del brazo de su hermano hacia una habitación privada. —¿A dónde me llevas? — no quiere perderse ni un segundo su boda. —Será solo un momento— Elissandro observa a Milán quien abre la puerta de la habitación y la cierra tras de ellos. —Liana hermana— susurra mientras la abraza. La había extrañado tanto, solo quería un abrazo lejos de las miradas espectadoras. Ella le corresponde el abrazo —Hermano, también he extrañado tu presencia, estás tan hermoso— aquel joven se piel suave, ahora regresa con una barba marcada y poblada. Ella acaricia su rostro. —¿Eres feliz? — Elissandro solo necesita escucharlo de su boca, respeta la decisión de su abuelo, pero tiene su propia manera de pensar. Los ojos de Liana brillan —Lo soy, amo a Dan hasta los huesos— Era lo que él quería escuchar, que su hermana fuese tan feliz, tan amada y mimada. —He traído un regalo de bodas— dice mientras empieza a tocar su chaqueta, Elissandro entra en desesperación al notar que no hay nada dentro de sus bolsillos. El rostro distorsionado preocupa a su hermana —¿Sucede algo? — Elissandro se da cuenta que esa salvaje lo ha robado.
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