Un par de días más tarde…
Bajó al sótano solo para encontrar que la mayoría de ella aún seguía ahí. La putrefacción había avanzado, pero los restos permanecían intactos.
—¿Qué, ya no les gustó? —preguntó con sarcasmo, su voz cargada de amargura.
Entre las sombras se escucharon los susurros nuevamente.
—Vida… fresca… viva… viva… fresca… —las voces clamaban por más, exigiendo un nuevo sacrificio.
Joshua maldijo a aquellas entidades, quienes no hicieron más que gruñir en defensa.
—¡Quieren una maldita fresca! Me harán hacer esto el resto de mi vida. Los odio, malditos desgraciados, perdí a la mujer que amaba solo por sus estúpidos caprichos. ¡Lárguense al infierno! —gritó con furia, su corazón destrozado por el dolor y la culpa.
Un par de horas después…
Gritos resonaban por la casa...
–¡NO JOSHUA! ¡NO LO HARÁS!–
–¡LO SIENTO MUCHO...! ¡YO NO SABIA!–
– ¡¿POR QUÉ LO HICISTE?!–
la discusión fue acalorada y parecía no tener final. Con apenas 18 años, siendo aún un niño su alma estaba rota, su humanidad estaba perdida, y con su corazón latiendo tan rápido como podía, recogió las partes de Sara, envolviéndola en una sábana, su toque aún que lleno de emociones era tranquilo, cada parte de ella fue tomada con delicadeza como el más frágil caramelo que podría derretirse al sol, la subió a su camioneta y condujo entre la lluvia y la oscuridad. El destino era incierto, pero la necesidad de escapar era imperiosa.
sin un rumbo fijo solo se perdió en la oscuridad, atravesando el desierto, llegando a los bosques donde detuvo su camioneta y bajo una pala sin importar la lluvia que caída con fuerza en su cuerpo frágil y cansado del dolor, comenzó a cavar mientras repetía entre llantos como una oración al cielo y a su amada.
–¡LO SIENTO!... ¡LO SIENTO MUCHO! ¡POR FAVOR PERDÓNAME!–
una y otra vez mientras los rayos caían a su alrededor acompañado su agonía.
años después es la actualidad...
El día era gris y melancólico que parecía reflejar el estado interno de Joshua y como de costumbre, llevó flores a la tumba de su madre, un ritual sagrado que le permitía mantener viva su memoria y buscar consuelo en su ausencia. El cementerio, un laberinto de lápidas y mausoleos, se encontraba sumido en un silencio sepulcral, roto únicamente por el canto lastimero de algún pájaro solitario. Joshua caminó lentamente por los senderos empedrados, sintiendo el peso de la soledad sobre sus hombros.
Al llegar a la tumba de su madre, se arrodilló y comenzó a limpiar la lápida con delicadeza. Retiró las hojas secas y el polvo acumulado, revelando el nombre grabado en la piedra: “ISABEL”. Una lágrima solitaria rodó por su mejilla acanelada al recordar su rostro, su voz, su sonrisa.
—Te extraño mucho, mamá —susurró con la voz entrecortada—. No sabes la falta que me haces, no soy tan fuerte como tú. Cada día que pasa me siento más perdido, más vulnerable. Necesito tu guía, tu consejo, tu amor.–
Hizo una pausa, respiró hondo y continuó:
—Sabes, hay una chi… un sacrificio. Es hermosa, su cabello castaño con toques rubios y su piel blanca como la nieve. No quisiera matarla. ¿Recuerdas a Sara? Tienen los mismos ojos verdes, esa mirada profunda y enigmática que te robaba el aliento. Parece que no tiene miedo, que ha aceptado su destino con resignación. Creo que también ha sufrido mucho, tiene unas largas cicatrices en su espalda, como si la vida la hubiera forjado con fuego y dolor.–
Un escalofrío recorrió su cuerpo al imaginar el sufrimiento de aquella joven. La idea de arrebatarle la vida le resultaba cada vez más insoportable.
—Quizá no sea necesario que muera —murmuró —Tal vez podría tener un nuevo sacrificio, alguien que merezca ser castigado por sus pecados. Y quizá ella me perdone, quizá pueda encontrar la redención en sus ojos.–
Sonrió con tristeza al recordar a su madre, su bondad y su compasión.
—Te diré lo que pase, descuida —dijo—. Sé que te caerá bien, siempre fuiste un encanto, mamá. Siempre supiste ver lo bueno en las personas, incluso en las más perdidas.–
Colocó las flores blancas sobre la tumba, un símbolo de pureza y esperanza.
—Nos vemos el siguiente domingo, te amo, mamá —se despidió con un nudo en la garganta.–
Dejando las flores blancas en su tumba, se retiró del cementerio dejando tras de su un poco de su dolor mientras los pétalos de las flores danzaban suavemente con el viento.
Joshua caminó sin rumbo fijo por las calles del pueblo, sintiendo el peso de su destino sobre sus hombros. Sabía que debía tomar una decisión, una decisión que cambiaría su vida para siempre.
De camino a casa, Joshua sentía el peso de la responsabilidad sobre sus hombros. La conversación con Emili lo había dejado profundamente perturbado, una mezcla de culpa y fascinación que lo atormentaba.
Necesitaba proveer, no solo para él, sino para ella también, al menos por ahora. Compró comida, pensando en sus gustos y en lo que podría reconfortarla, y algunas cosas esenciales para la casa, intentando crear un ambiente más acogedor en aquel lugar sombrío.
Pasó a una farmacia, un lugar que antes visitaba con indiferencia, pero que ahora se convertía en un proveedor de herramientas necesarias para su macabra tarea. Compró un equipo de intravenosa y suero, sabiendo que a Emili le haría falta. Su cuerpo estaba debilitado, su espíritu herido, y necesitaba algo que la revitalizara, aunque fuera temporalmente. Además, llevó un yogur de nuez, recordando que ella había mencionado que era su favorito. Un pequeño gesto de humanidad en medio de la oscuridad que lo rodeaba.
Pese a lo lindo que pueda sonar, su mente a su vez le recordaba lo mal que estaba, que su deber era primero y aún más que nada Emili solo era un sacrificio y debería ser tratada como tal.
Pensamientos de Joshua:
No, ¿es imposible?, me enamoré... No, eso toma tiempo, no puedo simplemente estar algunos días con alguien, sacarle unas cuantas partes y decir que me gusta... Aunque no me teme, ¿cuándo fue la última vez que alguien en mi sótano me miró sin miedo? Su mirada es linda y cálida a pesar de todo lo que ha pasado en su vida. Se debatía entre la razón y la emoción, entre el deber y el deseo.
Sabía que sufría, no la escogí al azar, sabía que no tardaría en suicidarse, aunque no sabía el porqué. Admito que en ese momento no me importaba, ¿qué cambió? Se cuestionaba sus propias motivaciones, su propia humanidad.
Solo vi a alguien que quería morir y yo necesitaba a alguien a quien matar. ¿Por qué? ¿Por qué se atravesó este sentimiento? Se preguntaba Joshua, sintiendo que algo dentro de él se había roto y a su vez se había restaurado, que su destino había cambiado por segunda vez.
Joshua trato de llegar a paso lento, tomándose su tiempo ya que al estar cada vez más cerca de su hogar sabría la verdad sobre aquello que pudiera o no sentir pero la idea de realmente no sentir le dolía más.
su mente se fragmenta a entre lo que era y lo podría ser, de repente daba algunos pasos hacia atrás como si eso solucionara algo pero nada dura lo suficiente y para suerte de nadie, Joshua finalmente llegó a casa, quedándose de pie frente a la puerta esperando a que está simplemente desaparezca, cosa que evidentemente no pasó y no le quedó más que entrar y averiguar la verdad de la unica forma que conocía. Por las malas.