Subo nuevamente el elevador con las ordenes de café en las manos, al parecer estas canastas son muy convencionales, diez... once vasos con café en una canasta y panecillos en la otra. La señora Poh tenía razón al enviarme con ellas con tantas cosas y mi nivel de idiotez seguramente ya los hubiera tirado, el olor de todo esto me está aniquilando quiero probarlo todo y me pregunto si debería de anotar mi número telefónico en el vaso de Leviathan. Ugh. Zava... si sabes que ese hombre detesta a los Capella y que sobre todo es un salvaje pervertido... ¡¿Por qué demonios quieres darle tu número telefónico?! No, querido subconsciente estas equivocándote yo no quiero darle mi número telefónico para salir con él, es solo que me parece algo intenso y entretenido. El elevador abre en el último pi

