Los 20's a la deriva.

1211 Words
Capítulo VI. Los 20’s a la deriva. Para esto ya habían estacionado la Tahoe en el estacionamiento de un centro comercial y Sergio trató de marcar su número de celular desde el celular de cada una de las chicas para registrarlas entre sus contactos, pero no lo logró porque cada uno estaba protegido con contraseña, mientras se dirigían en el Mustang a una parte prohibida de la ciudad para ellos, porque era territorio del cártel de Anzaldúas, el cuál dominaba la parte Éste de Reynosa, donde se encontraba la colonia petrolera, –Pasando la Rio Purificación entramos a territorio enemigo. -Eso ya lo sé; ¿Qué crees que todavía me pierdo? –dice Sergio. - ¡Te digo para que metas la jeta! Hasta pareces perro de rico, babeando, mientras te asomas por la ventana. - ¡Cálmate minino! Que aquí tengo la bala que se llevará tu última vida. Dice el mataperros mientras le apuntaba a la cabeza con su escuadra; Arturo se rio mientras cruzaban la calle Río Purificación que prácticamente era la frontera de sus territorios, aunque esperaban pasar inadvertidos en aquel auto con el cual se camuflajearon en el cauce vehicular de aquel bowlevard, que a esa hora estaba muy transitado. Unos minutos antes; Gina y Estefanía, caminaban ateridas de frío por el acotamiento de aquel distribuidor vial elevado en las que habían sido despojadas de su auto, los demás vehículos tan solo pasaban tratando de no arrollarlas ya que era muy raro que alguien en esa ciudad tan violenta, le tendiera la mano a aquel par de jovencitas, aunque estuvieran vestidas de colegialas. - ¡20-03 x 24 por arriba del puente Bronco! (Pasajero esperando taxi) Se escucha la voz del chofer de la unidad 016 por el canal de enlace de la frecuencia de la base de radio taxis: “Base Reynosa” -73-42-para 042. (Espacio para hablar, base Reynosa, para la unidad 042) Se escucha la voz de Billy Rojo, que a pesar de estar castigado, de acuerdo a los protocolos disciplinarios de la base debido a su equivocación con la pasajera de la central camionera del día anterior, sí podía usar los servicios de la frecuencia para comunicarse con los otros choferes. -Adelante 042. Se escucha la aniñada voz de Delta Verdín, la operadora del radio de ese turno, cuya particularidad era el timbre de su voz, que la hacía escucharse como si fuera una niña de 10 años, jugando a la radio operadora. -Me pasa por favor al 016 al canal 2. Y ya una vez enlazada la frecuencia con el taxi 016 en el canal 2; Rojo le pregunta a su compañero; Genaro Luna, de 30 años, moreno y alto, de 1.80 m. complexión delgada, con el cual acostumbraban pedirse ayuda con sus clientes, o como en ese caso, conseguir un pasajero a la deriva. -Explícame 016; ¿A qué te refieres exactamente con que hay un 20 a la deriva en el puente Bronco, abajo, arriba, sobre qué rumbo, o qué? Te pregunto porque vengo de la 37, a la altura del Soriana Hidalgo y por aquí hay muchos 20’s a la deriva. -Si 042, vete por arriba del puente y hay 2, 08’s (Mujeres) con uniforme de la U.A.T. (Universidad Autónoma de Tamaulipas) Caminando con 29-300. (Rumbo al centro) -Ok 016, voy a subirme al puente, pero donde me estés choreando, tú pagas el 07. (Almuerzo) Las chicas seguían caminando por el acotamiento del elevado puente vehicular, y aunque ya habían pedido la ayuda de varios conductores he intentado detener varias taxis, entre ellos el 016 de la base Reynosa, que por traer pasajero, tampoco les había podido dar el servicio, suspiraron aliviadas al ver aquel Volkswagen Pointer modelo 2009, de color blanco con franjas rojas, que caracterizaban a los de la base Reynosa, encender las luces estacionarias para detenerse en lo alto de aquel puente, que, aunque estaba prohibido levantar pasajeros sobre cualquier puente, alguien como aquél chofer no iba a dejar a un par de damas en apuros. - ¡51-42, con las 20’s a la deriva del 016, arriba del puente Bronco, un par de 08’s! (Subiendo a las pasajeras a la deriva arriba del puente Bronco de la unidad 016, base Reynosa) ¿Para donde las llevo señoritas? Dice Rojo cumpliendo con los protocolos de la base, sin pretender preguntarles a las pasajeras, el por qué estaban caminando por lo alto de un puente vehicular en aquella helada mañana de febrero, después de todo, como cualquier pasajero, ellas se lo platicarían. - ¡Ay oiga, gracias! Pero ni un mugroso taxista nos había hecho caso, menos mal que usted si se apiadó de nosotras, llévenos por favor a la calle Laguna de Mayrán, en Valle alto por fa, pero allá le pagamos, porque unos cabrones mañosos nos asaltaron, quitándonos el carro, los celulares y todo. Dice Estefanía, ya que su amiga no había podido hablar por el frio. - ¡No se preocupe señorita! De todas maneras cualquier pasajero siempre paga llegando al destino, me imagino que no las recogieron antes porque los que pasaban llevaban pasajero, precisamente a mí me avisó por medio del radio un amigo que las miró caminando por arriba del puente Bronco unos minutos antes y como yo de casualidad venía por el Bowlevard Hidalgo, afortunadamente las alcancé antes de que se congelaran, ahora tranquilitas y calientitas que pronto estaremos en su casita. - ¡Oiga metalero! ¿Podría pararse en algún 7Eleven o en algún Oxxo, para invitarnos un café? Bueno, no sería invitado, llegando a mi casa se lo pagamos junto con lo del taxímetro. –dice Estefanía. - ¡Claro! Contesta Billy sin hacer alusión al escuchar que le habían dicho metalero, cambiando de carriles ya que había una tienda de conveniencia de las cadenas que le habían mencionado a unas cuantas calles adelante. - ¿Ya viste lo alto que es el tipo? Parece de esos cantantes de rock metalero. –pregunta Gina. - ¡Claro tonta! ¿Por qué crees que le dije que quería un café? Un ejemplar así se aprecia mejor parado. –dice Gina. - ¿Y bien parado como se verá? –pregunta Estefanía sonriendo malévola. - ¡Eres una mente sucia y perversa! Dice Gina comprendiendo la intención, para esto Billy ya regresaba con su encomienda, portando una charola de cartón con 3 vasos grandes de café capuchino de ese que venden en expendedoras automáticas. -¡Traigo 3 pero tan solo les cobraré 2! Porque uno es para mí. –dice Billy. - ¡Ay oiga, gracias! –dice Gina. ¿Y usted es casado? - ¡Aún no! –les contesta Billy, arrancando el taxi. - ¿Y es metalero? - ¡Eso sí! Contesta Billy y así, entre pláticas y bromas de las ya no tan asustadas chicas y su atractivo chofer, ellas le pidieron que les apuntara su número de celular para llamarle para otros servicios y algo más, llegaron a su destino, cobró su carrera, los cafés más una propina por parte de los agradecidos padres de las chicas y terminó por retirarse a retomar su ruta hacia su zona de preferencia en el ala Éste de la ciudad, ya que en ese lado vivía.
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