Vera abrió lenta y pausadamente sus ojos intentando acostumbrarse a la claridad del día que entraba a través de su ventana, el cantar de los pajaritos que jugaban en el balcón le indicaron que ya era hora de levantarse. Despacio estirando sus brazos y soltando un bostezo se incorporó con pereza; entonces se sentó en el borde de la cama y estiró su cuerpo moviendo su cuello con movimientos lentos y se sorprendió por no sentir ninguna molestia. De igual manera, con sumo cuidado, se levantó y se apoyó de la pared como hacía todos los días por temor a caerse para luego comenzar a caminar en dirección al cuarto de baño. Se sentía mareada y confundida, la noche anterior había tenido un sueño realmente extraño, pero tocando sus labios deseo que fuera verdad, de inmediato descartó ese pensamient

