Por la tarde Hanna organizó todo para disfrutar de una hermosa merienda en el jardín, así que con alegría se dirigió al cuarto de invitados y golpeó la puerta de la habitación de Vera. Sin esperar una respuesta entró llevando consigo un bello vestido color azul. Ella estaba muy animada pero al entrar encontró a Vera con una mirada triste, observando su rostro y con cuidado con un trapo curaba nuevamente la gran herida que tenía en su mejilla. — En un par de días estarás como nueva —dijo Hanna al ver el rostro afligido de la joven. — Lo dudo, es una herida muy profunda y no sé cómo usar mi poder de sanación—comentó sintiéndose tonta por admitir su falta de conocimiento—. Además mi loba después del ataque desapareció casi por completo, está muy cansada y solo se ha comunicado una vez —dej

