Viggo no soportaba ni un minuto más estar en su propio castillo, se sentía incómodo, celoso y abrumado por tener a una extraña en su hogar y ahora para colmo Ralf estaba indignado con la humana y no dejaba de pensar en su loba. Él alfa, estaba de muy mal humor porque cada vez que pasaba frente al cuarto de su huésped sentía náuseas, el olor de la joven invadía el corredor y a pesar de que con las horas iba mermando, el hedor era muy fuerte. —¡Maldición! ¡Que alguien ventile el castillo, ya no soporto ese olor! —gritó enfurecido pasando frente al cuarto de invitados sin importarle que la doncella escuchara sus quejas. Vera estaba recostada en su cama cuando la protesta del alfa llegó a sus oídos. Con desgano se levantó del lecho y arrastrando sus pies se dirigió al cuarto de baño. Lentame

