Viggo continuaba trabajando en su estudio, concentrado en la máquina de escribir que tenía frente a sus ojos. Por un par de horas logró escribir gran parte de la historia familiar sin tener más interrupciones por parte de su lobo, que al fin estaba en calma y dormía solitariamente en su mente obedeciendo la orden de su amo.
Todo era silencio y la paz reinaba en el lugar, salvo por los estruendosos truenos que aún retumbaban a las afueras del valle, la tormenta seguía su curso y los rayos intermitentes iluminaban el interior del palacio.
Ya era casi de madrugada, algunas velas yacían apagadas sobre los candelabros y la luz era cada vez más tenue en el despacho del escritor. La tranquilidad que tenía en ese momento fue arrebatada bruscamente cuando sintió unos golpes en la entrada principal. Ese simple sonido constante, que se repetía de manera intermitente del puño de un hombre contra la fuerte madera de la puerta, fue el detonante para comprender que algo realmente importante estaba ocurriendo. Ahora el escritor comprendía porque su lobo estaba tan inquieto esa noche y se arrepentía de no haberle prestado más atención. La bestia se despertó nuevamente y ahora estaba más furiosa de lo habitual con su amo y no ocultaba su malestar.
Deprisa Viggo dejó la máquina de escribir a un costado del escritorio, sus teclas aún temblaban por el intento frustrado de conseguir el final perfecto a su historia, el cual nunca llegaba a su mente. Durante todo el día, estuvo encerrado en el gélido estudio y había perdido la noción del tiempo, en el suelo los bollos de papel arrugado eran prueba más que suficiente de la falta de inspiración que hoy lo acongojaba. Al incorporarse del rústico sillón pudo sentir su cuerpo rígido, sus músculos estaban tensionados, entonces con dificultad movió su cuello de un lado para otro y al fin sintió una leve mejoría.
Los golpes no cesaban, al contrario parecían cada vez más intensos, el joven no perdió más el tiempo y caminó por el estrecho pasillo iluminado por antorchas, hasta que al fin descendió con gran destreza por las escaleras saltando los peldaños de dos en dos. Estando a solo unos pasos de la gran puerta de roble blanco, pudo reconocer inmediatamente las voces de las personas que se encontraban afuera en la intemperie, los lamentos de los padres de Wanda, provocaron que su corazón se detuviera por un instante.
Su instinto protector se puso en alerta advirtiendo que había un gran peligro acechando a su mate. Al abrir las hoja de la puerta de par en par se encontró con el matrimonio y un par de aldeanos completamente empapados, con armas rusticas en sus manos hechas de palos y los cinco hombres de su entera confianza que había seleccionado para que protejan a su mate con visibles golpes y mordidas en sus cuerpos.
—¿Qué sucede?¿Dónde está Wanda? —preguntó al ver el rostro desencajado de la madre de la joven —. ¡¿Qué pasó maldita sea? Alguien que hable! —ordenó mirando a sus hombres.
— Mi señor los Rogues se llevaron a la señorita —respondió uno de sus soldados.
— Nos atacaron por la espalda, eran muchos lobos y no nos dieron tiempo a transformarnos —contestó otro.
— Por favor necesitamos su ayuda —suplicó la madre —. ¡Se llevaron a mi pequeña!— dijo abrazando a su esposo y dejando escapar sus lágrimas.
— Secuestraron a mi niña, necesitamos su ayuda para poder rastrear a esos malditos, usted conoce perfectamente su aroma —aclaró el padre consolando a su esposa.
Viggo quedó estático en ese lugar y las paredes del gran castillo comenzaron a girar a su alrededor, eso no podía ser real, se suponía que sus hombres eran los mejores y ellos la estaban cuidando.
— Señor, necesitamos su ayuda —repitió él verdulero interrumpiendo los pensamientos del alfa.
Viggo miró a todos con sus ojos ardiendo de ira y sin decir ni una sola palabra salió inmediatamente corriendo bajo la lluvia en busca de alguna pista que lo llevara hasta su amada. A mitad del camino se transformó y su lobo apareció volviéndose más veloz, ágil y con todos sus sentidos más desarrollados; entonces pudo identificar el dulce aroma a vainilla de su mate que llegaba hasta la orilla de un río y desaparecía corriente abajo, dejando sin esperanzas de recuperar a su luna esa noche tormentosa de verano.
El aullido del lobo era desgarrador y a la vez era un llamado para el resto de la manada, todos los mejores guerreros debían unirse al gran líder para comenzar a organizar la búsqueda. No podía perder más el tiempo le habían arrebatado a su gran amor y debía recuperarlo cuanto antes, ya que un alfa solo se impregna una vez en la vida y era vital encontrar a su mujer o perdería el poder asignado por los dioses y el liderazgo que por herencia le pertenecía. Ahora no podía parecer vulnerable frente a los enemigos o su aldea sería un blanco fácil, aunque el dolor que sentía en ese momento era tal, que ni siquiera cuando se transformó por primera vez a sus dieciocho años de edad y sus huesos se modificaron, su cuerpo y su alma padecieron este tormento.
Durante varias noches Viggo se transformaba y llamaba a sus lobos más confiables a través de sus aullidos sin importarle que los habitantes de la aldea se pusieran en alerta y descubrieran su existencia.
Era tarde y todos regresaron a un campamento improvisado que tenían en el bosque, Viggo entró a su tienda y se transformó frente a Draco, dejando su cuerpo desnudo.
— Señor en la aldea varias personas tienen miedo —habló con confianza su beta mientras le daba la espalda —. Están buscando a la bestia que aúlla por las noches, debe ser más discreto.
— No puedo, mi lobo me advirtió que algo malo estaba sucediendo y yo no lo escuche y ahora debo dejarlo libre —respondió, mientras se vestía —. Él aún siente a su mate, en cambio yo ya perdí todo rastro de Wanda —confesó apenado.
— Lo siento.
— Debí marcarla, solo faltaban unas semanas para mi nombramiento.
— Tu palabra de honor estaba en juego y nadie podía saber que algo así sucedería —consoló a su amigo con pesar.
— La promesa a mi padre fue hace cinco años, creo que todo ese tiempo fui bastante honorable —dijo mientras se sujetaba el pantalón.
— Lo sé —le respondió Draco mientras le servía una copa para que se tranquilizara.
— Ya me vestí, ya puede girar.
Mientras tanto los humanos alarmados se organizaron en una búsqueda desenfrenada para cazar a la bestia, ahora el líder no solo debía recuperar a Wanda, sino intentar no ser descubierto por los aldeanos, desgastando, así las fuerzas de sus súbditos que cada día se sentían más acorralados.
Era de noche y en el bosque los hombres se reunían como siempre después de un día agotador alrededor de una fogata para calentar sus cuerpos, beber algo caliente y comer algún que otro guisado. Viggo se acercó al cocinero para recibir su porción y aceptando el utensilio que le brindaban miró a todos a su alrededor y se sentó sobre un tronco para disfrutar de la cena.
A medida que los minutos pasaban un hombre rompió el silencio.
— Señor, estamos cansados y no hemos progresado, no hay señales en todo el valle de la joven —se animó a hablar uno de los hombres encargados de la expedición.
Viggo miró a sus hombres y pudo notar el fastidio y el cansancio en sus rostros, entonces pensando en su gente respondió.
— Está bien, regresemos a la villa, descansaremos unos días pero después de mi nombramiento continuaremos con la búsqueda.
— Gracias señor.
— Es una buena idea, mi esposa está por tener a nuestros cachorros, son dos —dijo con orgullo otro hombre inclinando su cabeza en señal de gratitud —. Gracias.
— Gracias a ustedes por dejar de lado a sus familias, amigos y ayudarme en esta misión que parece imposible —respondió el alfa y todos asintieron moviendo sus cabezas.
Así luego de casi dos semanas de estar alejados de sus hogares, los hombres recogieron el campamento y regresaron a la aldea, pero el joven escritor, ya no era el mismo y una tristeza enorme embriagaba su corazón, se sentía culpable pensando en que si tan solo hubiera marcado a su mate ahora todo sería diferente.
Al llegar al palacio, la inmensidad de su hogar lo asfixió y cuando entró al enorme salón se miró en el espejo, debajo de sus ojos el surco oscuro de las ojeras se hacía presente, su barba de unos días cubría gran parte de su rostro, su cabello estaba sucio y necesitaba con urgencia un baño de agua caliente.
— Maldito idiota, tuviste que cumplir con la promesa a tu padre y empeorar las cosas para tu amada luna, si la hubieras marcado nuestra conexión estaría intacta —gritó mirando su reflejo en el espejo para después golpearlo con el puño cerrado, las marcas de sus nudillos desaparecieron de inmediato, señal que aún conservaba el poder de autosanación—. Al menos eso no lo perdí —dijo revisando su mano y subiendo a su aposento para darse un buen baño y luego acostarse a descansar.
Viggo daba vueltas en su cama, sabía que en dos días sería su cumpleaños número 23 y ese hubiera sido el día más feliz e importante de su vida; sin embargo ahora solo era un compromiso al que debía asistir solo por obligación. Toda la aldea estaba ansiosa por la ceremonia, sin embargo él creía que era una pérdida de tiempo cumplir con esa tradición cuando en realidad quería seguir buscando a su luna.
Cerrando los ojos recordó a Wanda y lo hermosa que se veía el último día que la vio en la laguna y lo feliz que estaba planeando como anunciarán su compromiso.
— Creo que me pondré un vestido azul, para que convine con el color de tus ojos —. Ella estaba recostada mirando el cielo y se giró de repente —. ¿Qué opinas?¿Crees que me veré bien?
— Por mi puedes ir en una bolsa de arpillera que te verás hermosa —respondió Viggo y le depositó un suave beso en la frente y ella le sonrió feliz.
Viggo se quedó dormido con esa imagen en su mente y al otro día se levantó con las esperanzas renovadas y una vez más se encerró en su estudio a solas con su beta para organizar la búsqueda del día. Sus hombres tenían los días libres; sin embargo él podía seguir por su cuenta recaudando información en las aldeas linderas, pero una vez más regresaba a su hogar exhausto y sin novedades.