Era de noche, la luna llena iluminaba el firmamento y la luz que emanaba el satélite se extendía sobre el bosque. Toda la manada se encontraba reunida alrededor del gran pino sagrado que de forma extraordinaria se encendía ardiendo en llamas, pero sin quemar ninguna de sus ramas. Esa era la forma de anunciar el inicio de la ceremonia cada vez que un nuevo líder tomaba posesión de su puesto. Viggo llegó al ritual sobre su caballo, vistiendo una armadura plateada y en el peto de la misma se distinguía perfectamente el escudo de la familia real. Con orgullo saludo al pueblo desde el lomo de su semental, de cierta forma debía mostrar alegría aunque se estuviera consumiendo en el dolor. Al desmontar vio cómo los miembros del concejo se pusieron de pie para recibirlo e inclinando sus cabezas

