Viggo a la mañana siguiente se despertó temprano con los primeros rayos de luz que ingresaban a su habitación, como era su costumbre se levantó de la cama, estiró su cuerpo con movimientos lentos y una vez que estuvo totalmente relajado, se dirigió al gran ventanal; entonces abrió por completo las pesadas y oscuras cortinas para que se ventilara su habitación y el sol iluminara todo el cuarto. Una vez que el aire puro se coló en sus pulmones se dirigió al cuarto de baño, se lavó el rostro con agua helada y pensando que no estaba solo en su hogar con desgano bajó a la cocina. Todos los días su rutina era la misma: encendía el fuego con un par de leños secos que traía del cobertizo, y mientras esperaba que se calentara la estufa para conseguir la temperatura ideal, preparaba con gran pl

