Al llegar al palacio Hanna detuvo la carreta frente la entrada principal y dejó escapar un largo suspiro, entonces al ver sus manos descubrió que estaba temblando, encargarse de una desconocida en esta situación era muy difícil y tenía que controlar su nerviosismo para poder transmitirle confianza. —Señora, llevaré los caballos al establo—dijo uno de los hombres pertenecientes a la guardia interrumpiendo sus pensamientos—. ¿Necesita algo? — No, está bien —respondió mirando todo a su alrededor—. Solo asegúrense de que una vez que los instalen en el establo los animales tengan agua y comida— ordenó tomando el control de la situación para luego descender de la carreta con la ayuda de Zenón que con delicadeza tomó su mano—. Gracias Zenon, eres muy amable. — De nada señora, estoy aquí para

