"Les dejo mi tarjeta para que me llamen por cualquier decisión, elijan bien chicos"
Hoseok miraba la tarjeta de presentación de la señora que ayudaron el día anterior, al parecer ninguno de sus amigos se había tomado en serio la propuesta de ésta, pero él sí lo había pensado y creía que era una gran idea—a pesar de no tener ni idea de cómo ser un guardaespaldas—tal vez así saldrían de ese basurero al que llamaban hogar.
— ¿En serio no vamos a aceptar? —su pregunta fue totalmente ignorada por ambos chicos, Yoongi miraba televisión con una cerveza en su mano y Namjoon estaba tratando de reparar su celular.
Los tres vivían en un pequeño apartamento en el centro de Seúl, para ser sinceros esos apartamentos eran para una persona—una muy poco exigente—ya que era demasiado pequeño, en especial si tres personas pensaban vivir ahí.
Todos habían finalizado la universidad hace poco tiempo, Yoongi cursó la carrera de Licenciatura en Artes con mención Interpretación Musical al igual que Namjoon y ambos se graduaron con éxito. El inconveniente fue el que su carrera fue totalmente pagada por ellos mismos y la empresa en la que trabajaban quebró y ahora eran desempleados. Hoseok cursó Danza y Coreografía siendo de los mejores en su carrera, lastimosamente en el baile final se tropezó y obtuvo un esguince, no ha encontrado empleo por el momento.
Sus vidas no eran las mejores, en definitiva. Pero se tenían el uno al otro y aunque no lo dijeran en voz alta, eso era suficiente para ellos. Pero no podían alimentarse por medio de fotosíntesis.
—Ugh, maldita sea— el pelimorado dejó el aparato destruido por él mismo en la mesa y se levantó del suelo, dándose por vencido— Hobi, seamos honestos, no damos miedo en lo absoluto ¿cómo defenderemos a tres chicos? —dijo un poco molesto, no por su amigo sino por la simple frustración.
—Podemos vernos intimidantes si queremos, además ¿Qué tan probable es que de verdad tengamos que pelear con alguien?
— ¿Vernos intimidantes? —se incorporó a la conversación el de pelo menta, dejando la lata de cerveza vacía en el suelo.
—Hasta suena ridículo— agregó Namjoon.
—Claro que no, Yoongi tiene una cara de culo que asusta a todo el mundo— el mencionado frunció el ceño — y tú tienes un cuerpo fornido y das buenos golpes— finalizó su idea levantando los brazos, como que si lo que acaba de decir fuera lo más obvio del mundo.
—¿Y tú qué?
—Yo tengo espíritu.
Y tal como se lo esperó el pelirrojo sus dos estúpidos amigos comenzaron a burlarse de él, en verdad no era el más valiente o el más fuerte, pero al menos era el único que buscaba una solución para su lamentable vida.
—Eso es tan estúpido, no me gradué de la universidad para ser un estúpido niñero de niños de mamá— Yoongi se acomodó en el sofá individual en el que estaba, dispuesto a dormir una siesta.
—Yo tampoco me gradué para serlo hyung, pero en definitiva prefiero ser un niñero que un vago desempleado deprimido.
Un silencio abrumador acaparó el departamento, sin decir una palabra más Hoseok se acercó a la mesa y tomó la tarjeta ante la mirada de los otros chicos.
—No sé qué harán ustedes, pero yo voy a aceptar.
El sonido de la puerta de uno de los dos cuartos fue lo único que se escuchó, Yoongi se había ofendido por lo que su amigo dijo, pero en el fondo sabía que era verdad y que debía despertar de una vez y arreglar su vida, pero jamás lo diría en voz alta. Namjoon también había quedado en un pequeño shock, pero rápidamente su mente maquinó las ventajas del empleo.
—Yo también voy— dijo Yoongi levantándose por primera vez en el día de ese sofá, hasta había quedado la marca de su trasero.
—Yo igual.
Solo cuidarían a tres chicos ¿Qué podría salir mal?
•••
Hablaron con la señora Kim y ella respondió gustosa ante el llamado de los tres chicos, les dijo que tenía un contrato listo para ellos y estaba esperándolos en su hogar para firmar papeles. Les pidió que llevaran sus maletas ya que se alojarían ahí y sus utensilios de higiene personal.
—Creo que deberíamos pasar comprando unos nuevos cepillos dentales—dijo Hoseok viendo los tres cepillos en un vasito con mucho asco.
—Yo los veo bien—restó importancia como siempre el pelimenta.
—No los hemos cambiado desde hace un año— exclamó asqueado tomando los cepillos y lanzándolos al bote de la basura.
—No te habías quejado hasta ahora—Yoongi respondía, pero no prestaba mayor atención, estaba eligiendo el jabón que llevaría.
—Vamos a una casa de ricos y vamos a llevar nuestros cepillos de hace un año— Hoseok tenía algo de vergüenza si era sincero.
— ¿Entonces no llevo mis boxers con agujeros? —un golpe en la cabeza fue lo que recibió Yoongi por su comentario.
Un estruendo se escuchó por todo el apartamento, ambos chicos en el baño se miraron extrañados y abrieron los ojos asustados al recordar que Namjoon andaba por ahí, tal vez hizo explotar algo con sus torpes manos. Caminaron rápido con sus maletas en mano para no volver y al percatarse de lo que había pasado giraron los ojos en blanco y golpearon sus frentes en forma de vergüenza por su amigo.
Namjoon tenía su maleta en el suelo con toda la ropa regada por el mismo, su maleta estaba destruida; como su hubiera explotado de alguna forma y había manchas de refresco por las paredes y suelo.
—No pensé que sí guardaba mi gaseosa en la maleta, pasaría esto.
Luego de limpiar la gaseosa del suelo y paredes—solo Namjoon lo hizo ya que los otros se negaron a limpiar—corrieron a la casa de los Kim, a mitad del camino eligieron llamar a un taxi ya que jamás llegarían a tiempo de esa forma y no querían llegar todos sudados. Cuando estaban en el taxi tuvieron un momento de crisis al no tener cómo pagarlo, pero Namjoon recordó que siempre guarda dinero en su zapato, el taxista no debía saberlo.
Al llegar todos estuvieron asombrados por la casa, no era una mansión en sí, pero era muy grande y hermosa en toda la extensión de la palabra, las paredes blancas eran realmente limpias y el jardín era hermoso. Tocaron el timbre y una amigable melodía resonó dentro de la casa, un ladrido se escuchó adentro de la casa.
—Oh no, tienen un perro— se quejó Yoongi con molestia, no le gustaban los caninos.
Unos segundos después la misma señora abrió la puerta con una linda sonrisa y un delantal puesto, olía delicioso dentro de la casa como a pastel de queso y fresas.
—Pasen chicos, gracias por venir— los tres chicos se quitaron sus zapatos dejándolos en la entrada y sacaron de la maleta los que eran para andar en casa, habían comprado unas nuevas también en una tienda de baratillos.
—Primero me gustaría que leyeran el contrato y luego les presentaré a mis hijos— les tendió un papel y les ofreció sentarse en un sofá muy amplio y elegante.
La casa no era la típica ostentosa de millonarios, era muy acogedora y bonita. Había dibujos de niños por las paredes y algunas fotos familiares que no pudieron apreciar bien al llegar, siendo los tres chicos de la señora Kim. El contrato decía lo que harían y quién sería el guardaespaldas de cada uno, los horarios de los chicos y otros datos.
Al ver la cantidad del pago mensual los tres chicos abrieron los ojos realmente sorprendidos.
—Entonces ¿aceptan chicos?