La vida te da patadas tan fuertes y al mismo tiempo te brinda dos caminos, el primero es derrumbarte, el segundo es hacerte más fuerte. En mi caso he escogido el segundo y en definitiva no me arrepiento de haber hecho esta elección. —Quiero que los dos salgan de mi casa en este momento, lo dejé claro desde el momento en que los encontré juntos en esta cama. —No nos vamos a ir, esta casa ya nos pertenece, puesto que hemos cambiado la cerradura. La que debe irse, eres tú, estás invadiendo propiedad privada. —Querida prima, lo tuyo en definitiva no es pensar. Aquí lo que cuenta es a nombre de quién está la casa, te informo que mi nombre es el único que se encuentra en los papeles. —Largo de aquí, Elena —Max se levantó —. Ve a los brazos de mi tío, él te puede comprar la casa que quieras.

