Cuando Victoria escuchó esto de su padre, lanzó mi ropa interior al suelo y comenzó a escupir con asco. —Mamita, ¿Por qué usas esa clase de cosas? ¿Acaso no te incomoda? —Mi vida, eres muy pequeña para entender algunas cosas. Ya cuando estés más grande podrás entender bien. —Elena, el problema es más serio de lo que pensaba y tenemos que tomar medidas más drásticas en todo esto. Miré que Leonardo fue arriba y bajó con varias prendas, él recogió todo a una velocidad tremenda en la que fue imposible alcanzar algo de mi ropa. —Leonardo, ¿Qué crees que haces? —Caminé detrás de él —detente un momento, ¡Te estoy hablando! ¡Soy tu esposa! Leonardo no hizo caso, se fue a la parrilla y ahí colocó mi ropa. Encendió todo sin problemas y miré como todo ardía. —No puedo creerlo —lo miré furiosa

