Cuando llegué a casa, Leonardo ya estaba allí. Estaba acariciando a Rex, quien se dejaba hacer y deshacer por las manos de su amo. —Hola. Dado que no eres un hombre al que le gusten los rodeos, hay algo que quiero pedirte. —Así que ahora necesitas mi ayuda, pero antes fuiste una total majadera conmigo y no me complaciste en algo tan sencillo como organizar una recepción para celebrar nuestro matrimonio. —Son cosas diferentes. Escucha cuando te digo algo. Si te molestas tanto en organizar una recepción para callar a Belinda, lo único que vas a demostrar es que te sigue importando. Soy mujer y sé más de estas cosas que tú. Leonardo se quedó pensativo. ¿En serio los hombres son tan tontos con estas cosas? Pensé por un momento que alguien como mi falso marido era inteligente en todos los a

