Así que solo pensé en lo más lógico…
—Pasar por el baño… Sí, pero, ¡Debajo de ellos! —pensé.
No parecía ser tan buena idea, pero al menos lo intentaría, tenía que hacerlo y debía hacerlo si quería salir de allí.
Que dramático momento para una joven que no sabe ni qué hacer con su vida.
Sin pensarlo demasiado, solo me anime a mover mi tarsero hacia el suelo.
Catastrófico este momento y sobretodo porque tenía un bolso más grande que mi dignidad, impresionante… Trate de mover el bolso al lado más cómodo posible, de modo que inicialmente no se dieran de cuenta de lo que hacía o “trataba” de hacer, era el peor momento de mi vida y no salió tan bien que digamos.
El bolso se quedó atascado con uno de los tornillos sueltos que tenían las paredes.
Era realmente un problema y no parecía que mi corazón con su primer infarto fuera a cooperar, seguido de mis uñas largas que para nada querían saber de la suciedad de aquel clavo y para colmo mi ropa de blonda estaba mucho menos interesada en saber al respecto de la situación.
Como pude trate de zafarme arrugando la cara y aguantando las náuseas, el baño de al lado no se veía para nada apetitoso, era el baño más asqueroso que podía haber visto y lo primero que pensaba era que no importaba cuantas ganas de orinar tuviera, no me iría en lo absoluto nunca más al baño de los caballeros.
Escuche unos pasos dirigirse hacia la salida y lo único que pensé fue: ¡perfecto!
Este era mi momento de gloria para salir, efectivamente aquellos zapatos eran del maestro y era el quien me preocupaba si quería salir de allí.
Abrí la puerta con sumo cuidado de que no me escuchara —por si acaso— alguien más que estuviera adentro, corrí hacia la salida y allí estaba frente a mí, parado, esperando por mí y por la devolución de su pañuelo con el objeto —al parecer— valioso.
—Así que tu tenias lo que me pertenece —dijo mientras levantaba una ceja.
Trague saliva, sentí como mi cuerpo se tenso y mi confianza se volvió agua.
—¡No! Bueno… si, pero no quería hacerlo, ¡Lo juro!
—¿Cuál es tu excusa? —dijo él cruzando los brazos —eso no te pertenece y no lo veo en el mismo lugar en donde lo deje.
Agache la cabeza y estire la mano con el pañuelo bien apretado. Por ningún motivo quería que se perdiera el contenido en él. Y más aun si se trataba de algo tan valioso.
—Tenga profesor, muchas gracias por sus palabras, de verdad que no quería molestarlo… solo tenía curiosidad.
—Entiendo… por favor Karen, que no se vuelva a repetir —solté la bocanada de aire que había tomada para calmar mis nervios —Por ahora lo dejaré pasar —y cuando creí que se había acabado, supe que no era así.
Tomo el pañuelo, con su otra mano tomo la mía y la acaricio.
Mis ojos se abrieron. No es lo que creo… ¿Oh, si? ¡Dios, no, ojalá que no! —maldecí dentro de mi.
—Gracias, maestro —sonreí nerviosa. Sentí sus dedos dibujar círculos en la palma de mi mano —disculpe, ¿Qué hace? —arquee una ceja y trate de retirar mi mano, sin tener éxito.
—Si quieres disculparte puedes darme algo a cambio.
—Siendo honesta prefiero ir a la dirección y tomar mi castigo de parte del directivo —voltee la cara de mala gana.
—Prefiero que me lo pagues ahora. El baño no esta muy lejos de nosotros ¿No? — lanzo una sonrisa lasciva haciéndome sentir una falta de respeto total.
Puse cara de asco y negué con la cabeza.
—No gracias, iré a la dirección, con permiso —trate de empujarlo pero no obtuve éxito.
—¡No vas a ningún lado!
Golpee su estómago y salí corriendo al aula de clases. Andre me vio con los ojos bien abiertos.
—¿¡Pero que diablos te paso!? Vienes como si hubieras visto un fantasma.
—Y así fue, ¡El maldito profesor quería presentarme una propuesta indecente!
—¿¡Qué!? —golpe con ambas manos el escritorio, se levantó un poco del asiento y su cara se torno completamente roja —¿Qué le sucede a ese infeliz? Vamos a arreglar esto de una buena vez.
Me tomo del brazo y me arrastro hasta la dirección en donde ya se encontraba el desgraciado diciendo mentiras sobre lo sucedido.
«Un paso por delante »