Capítulo 7: El papel de madre y padre

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Mientras tanto, en la casa del embajador, Alain le dice a su esposa - Arréglate que vamos a llevar a nuestra hija al parque de diversiones, tiene mucho tiempo encerrada en la casa - - ¿Nuestra hija dices? Será tu hija, a mí no me quiere decir madre o mamá, solo te dice a ti “papito”, yo no quiero a esa niña, quiero que la devuelvas al Hospicio, no me la llevo con ella, es mentirosa, indisciplinada, contestona, mal educada, en fin, no me gusta – responde Claudia mientras se lima las uñas - El cariño se gana. No la podemos devolver como si fuera una mercancía o una mascota, decidí que ella fuera nuestra hija, y así se quedará, yo amo a esa niña, no me parece nada de lo que estás diciendo, exageras y es mejor que lo vayas aceptando – responde Alain con voz de mando -Ya veo que no me crees, te lo demostraré, pregúntale a tu hijita en donde está el dinero que puse sobre la mesa, de allí desapareció y solo hemos estado las dos solas – dice retando a su esposo Alain llama a la niña - Minerva, por casualidad sabes qué pasaría con el dinero que estaba sobre la mesa – pregunta Alain con delicadeza - Se sé papito, lo guardé en la cartera de Claudia, porque se le quedó olvidado – responde la niña naturalmente Claudia busca su cartera que la tenía al lado y extrae el dinero en cuestión, pero replica nuevamente - No sé cómo lo hizo, pero ella miente, todo lo que se pierde ella lo consigue, lo esconde y luego dice que somos nosotros quienes lo perdimos, también le ha pasado a las domesticas, puedes preguntarles – dice Claudia enojada, retirándose a su habitación Alain le pareció sospechoso, pero nunca creería que su hija tenga esa mente, como para hacer cosas así, consideraba que era una niña muy buena, pero debía averiguar que pasaba con estos hechos raros - Minerva ¿Por qué no le dices mamá a Claudia? - pregunta Alain con sutileza - Porque ella no quiere ser mamá de nadie, no le gustan los niños, y también porque mi verdadera madre vive y vendrá por mí – responde la niña Estas palabras dejaron a Alain sin saber que responder, ignoraba de donde sacaba ella esa información, sería por su mente imaginativa, no quiso continuar con este tema y cambio la pregunta: - Escuchaste lo que dice Claudia sobre las cosas que se pierden y tú las consigues ¿Cómo puedes hacer eso? – pregunta con cuidado Alain - Eso no lo sé papito, yo pienso en aquello que no encuentran, cierro los ojos y veo el lugar donde se encuentran, y voy a buscarlos – dice la niña muy calmadamente Pero Alain se asombra de su repuesta, solo una adivina puede hacer cosas así, decide ponerla a prueba - Hablando de encontrar cosas, me puedes ayudar a conseguir mi pluma fuente que no sé dónde la puse – pregunta Alain Minerva cerró los ojos y expresó: - La guardaste en tu maletín que está en la biblioteca – Alain se quedó asombrado, exactamente allí la guardó, pero ¿Cómo lo sabe la niña? - Y me puedes decir cuáles son los colores de los cinco marcadores que se encuentran sobre mi escritorio – vuelve a preguntar Alain Cerró los ojos y respondió – n***o y rojo, pero solo hay dos marcadores – Alain asombrado, alzó la niña y la abrazó con fuerza, emocionado, se había percatado que la niña poseía un don, no era mentirosa ni nada de aquello que Claudia decía, era sobre dotada, una niña especial - Minerva, hija mía, escucha muy bien lo que te voy a decir, posees un don que los demás no tenemos, pero nadie debe enterarse de eso, solo quedará entre nosotros, ya no le busques las cosas a los demás, quédate callada, primero me preguntas antes, ¡Prométemelo! – - Te lo prometo Papito, pero entonces ¿Ya no podré ayudar a los demás? – pregunta la niña - Claro que puedes ayudar a los demás, pero nadie debe saber cómo lo haces, por eso debes preguntarme primero ¿Entiendes? – dice Alain - Así lo haré Papito – responde la niña con la naturalidad que la caracteriza Emocionado Alain se dirige a su esposa para contarle lo que descubrió: - Mi amor, he descubierto que todas esas cosas a las que te refieres de Minerva, suceden ponqué ella es una niña especial, posee el don de la clarividencia, por eso puede conseguir los objetos que los demás pierden – - Es increíble las estupideces que inventas para justificarla, no me crees a mí, desde que llegó esa muchachita solo está pendiente de ella, no te importa todos los sacrificios que he hecho para darte un hijo, a todos los tratamientos que me he sometido, quien lo sabe, a lo mejor el problema eres tú, estas obsesionado con ella – dice Claudia muy enojada en voz alta – - Te agradezco me respete, no me alces la voz, ni me hable en ese tono, no son estupideces es la realidad, que te has negado aceptar de ella, es una niña especial – dice Alain Cuando de pronto voltea a ver hacia la puerta de la habitación y ve a Minerva parada allí escuchando - ¿Hijita que haces ahí paradita? – pregunta Alain alzándola en los brazos - Escuchando las conversas ajenas, como es su costumbre – responde Claudia con antipatía - No es así Papito, los gritos se oían en toda la casa, pensé que pasaba algo malo – dice la niña con preocupación - Yo no te quiero aquí ¡Vete de mi casa! Recogida – grita Claudia con ira - No le grites a mi hija, ni le digas esas cosas, es solo una niña y te corrijo, no es tu casa, es la mía – responde Alain en tono de regaño La niña ve fijamente a Claudia a los ojos y responde calmadamente - Yo sé que no me quieres aquí, porque tu no deseas ser mamá de nadie, odias a los niños, pero mi papito si me quiere – - Dios … Que cosa esta haciendo tú, mi hija escuchando estas sandeces dichas por esta mujer, vamos para tu cuarto a jugar con tus muñecas y te olvidaras de toda esta discusión – dice Alain mientras camina hacia la habitación de la menor Se sienta en su cama, mientras la observa jugar a la casita con sus muñecas, entonces susurra: - Puede ser que Claudia tenga razón, y la culpa de que no podamos tener hijos es mía, yo la sometí a tantos tratamientos, he sido un egoísta con ella – - Papito revisa la cartera de Claudia – responde Minerva mientras jugaba Alain extrañado de esa frase dicha por su hija tan especial, no la desestima y va a revisar la cartera en cuestión. Se dirige a su habitación toma la cartera y la abre - ¿Qué haces con mi cartera? Allí no hay nada tuyo, es una falta de respeto revisar las carteras ajenas – dice Claudia tratando de raparle la cartera de las manos Del interior de la cartera, Alain extrae una caja de pastillas, que al leer la etiqueta se percata que se trata de pastillas anticonceptivas - Es por esto que no queda embarazada, después de todo es cierto, tu no querías ser mamá de nadie, ósea es verdad, no te gustan los niños, todo este tiempo me has mentido, nunca te hiciste esos tratamientos tan costosos, dime ¿Qué hiciste con todo ese dinero que te di para pagar supuestamente todos esos tratamientos? ¿Te lo quedaste? – responde Alain sorprendido, no salía de su asombro - Claro que no, esas ideas te las está metiendo esa muchachita en la cabeza, en lugar de ser una niña dotada es una bruja, que te hechizó en mi contra, esas pastillas no son mías, son de una amiga – dice Claudia en su defensa - No te esfuerces más Claudia, no me mientas más, de pronto el culpable soy yo, nunca te pregunté si querías tener hijos, he sido egoísta contigo – responde Alain con suma tristeza retirándose de la habitación A partir de ese momento Alain asumió su responsabilidad como padre y madre de la niña, se dio cuenta que Claudia nunca podría ser madre para la menor y que solo él podía darle lo que ella necesitaba Sacó tiempo de sus múltiples obligaciones como Embajador, y todos los días llevaba y traía a su hija adoptiva al cuidado diario, en las tardes la llevaba al parque, acompañado por su fiel chofer Arnaldo Camejo. En su rutina se llevaba parte de su trabajo en el maletín, mientras el Embajador leía las múltiples misivas que llegaban, la niña jugaba en el parque al cuidado del chofer En medio de la naturaleza en el parque, Alain también descansaba de la rutinaria ciudad, empleados, llamadas telefónicas, cocteles, en fin, todas aquellas actividades que la diplomacia de la embajada exigía, convirtiéndose en un trabajo agotador. Pero su hija lo llenaba plenamente, por fin Dios le había dado la hija que tanto deseó, se sentía muy agradecido con la vida
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