LAUREN POV
—Está noche voy a pasar por ti para nuestra cita—con esas palabras en mi cabeza había pasado todo el día en el trabajo. Cuando llegue a casa todavía estaba indecisas sobre si ir con Mikel a la cita o no. Era mi jefe y no podía faltar, admito que Mikel me parece un hombre muy atractivo y su forma de ser de alguna manera llamaba mía atención. Llegué a casa con una severa sonrisa en mis labios y no podía explicar por qué. ¿Será por qué Mikel me besó? ¿Será por qué tendré una cita? Hace mucho tiempo no tenía una. No había encontrado a alguien genial para poder aceptar la cita. Además, tenía un poco de miedo porque mis citas fallaban y eran un desastre.
No quería terminar en malos términos con mi jefe.
Recordé el beso que nos dimos y por alguna extraña razón me gustó. Me gusto que me tomara a la fuerza y me besara. Sus labios fríos y llenos de pasión no salían de mi mente.
Fui a mi armario y busque algo lindo para ponerme. Escogí un vestido n***o corto y unas sandalias de tacón fino un poco bajas. Me puse una lencería negra sexy a pesar de que Mikel no iba a conocerla. Me alise más mi cabello y lo dejé suelto. No usaba maquillaje pero ponerme algo suave y bonito no estaría mal. Me eche rubor en mis mejillas, un poco de máscara en las pestañas y pintura de labios roja.
Vale, estaba bien. Digna para salir con el jefe del bar.
—Wow, ¿a donde vamos tan arregladas? —Danna aparece en la habitación. Se me había pasado decirle a Danna sobre mi cita. No quería que se enterara porque era muy sobre protectora y se pondrá peor si se entera que es con Mikel, nuestro jefe.
—Yo... tengo una cita.
Aquí vamos.
—¿Una cita? ¿Con quien? No me habías comentado que tenías un pretendiente. ¿Lo conozco? ¿Es bueno? ¿Cómo se llama? ¿Hace cuánto lo conoces?
—Tranquila, Danna. Si lo conoces pero no te dire quien es. Apenas nos estamos conociendo.
—Es nuestro jefe. Mikel —se cruzó de brazos.
—Si.
—¡¿Que?! Tenía la esperanza de que dijeras que no. ¿Cómo puedes salir con Mikel? No lo puedo creer. Lauren, no sabes donde te estás metiendo.
Salí de la habitación porque iba tarde. No quería que Danna me siguiera dando su sermones.
—Todo estará bien, Danna. Estaré bien.
*
MIKEL POV
Estaba en el auto esperando por mi gatita. Ella iba saliendo con ese vestido n***o adherido al cuerpo mientras su amiga Danna la seguía. Me bajé del coche para acercarme.
—¿Cómo puedes salir con nuestro jefe? —le venía diciendo ella.
Lauren me noto y me sonrió. Su amiga también lo hizo y eso bastó para que se detuviera en seco. Lauren se acercó a mi, estaba tan sexi con ese vestido que solo quería arrancárselo.
—Hola —me dice tierna.
—¿Cómo estás?
—Bien. ¿Nos vamos?
—¿Algún problema con tu amiga?
—No. Todo está bien.
Abrí la puerta de la camioneta para que entrara. Le di una última mirada a Danna antes de entrar al carro también.
—¿Por qué me haces esto? —inquiero.
—¿Qué cosa?
—Usas ese vestido y yo no puedo pensar en otra cosa que no sea quitártelo.
Ella no dijo nada pero pude ver como sonreía.
—Estas muy guapa.
—Gracias.
Cuando llegamos al restaurante la llevé a una de las mesas que reserve. Digno de ella. Estaba medió indecisa de que pedir, yo no podía apartar mi vista de ella, era tan bonita, tan tierna y dulce. Me gustaba que tuviera carácter a pesar de verse frágil y vulnerable.
Cuando pedimos se me quedo viendo.
—¿Qué piensas? —pregunto.
—Tengo una duda.
—Dime.
—¿Por qué te dicen Shank?
Suspiré.
—Es un apodo callejero. Me lo pusieron cuando estuve involucrado en una pelea.
—¿Ganaste?
—Claro.
Ella rodó los ojos.
—¿Por qué haces esto? Si vuelves a rodar los ojos te voy a castigar.
—Ay, por favor. —se rio—deja de decirme eso.
—Es la verdad. Te voy a castigar muy fuerte.
—¿Y que me vas a hacer?
—No querrás averiguarlo.
*
LAUREN POV
Cenar con Mikel no fue nada malo. Me ponía nerviosa su presencia y su manera de hablar me tenía admirada. Siempre tenía una respuesta para algo y no perdía el tiempo en halagarme o decirme que sería suya.
—¿Y por qué te gustan los leones? —inquiero. Ha hablado mucho sobre eso.
—Me gusta que son fuertes, los reyes de la manada. ¿Y tu? ¿Tienes algún animal favorito?
—Los lobos —respondí.
—¿Por?
—Me gustan que son leales a su pareja. Solo tienen una para toda la vida. Eso es admirable. —respondo.
—Tiene mucho sentido. —sonríe.
Después de la cena estábamos platicando de cualquier cosa. Cuando terminamos de cenar salimos a la calle y caminamos un poco. Mikel era bastante agradable y me gustaba mucho su presencia.
—Solo quiero llevarte a una habitación y hacerte de todo.
Rodé los ojos de nuevo y el lo noto.
—¿Qué acabas de hacer?
—Rodar los ojos.
—¿Y que te dije lo que pasaría cuando hicieras eso de nuevo?
—¿Me castigarías?
—Si. Te castigaría.
—¿Qué se supone que me vas a hacer?
—Podría besarte aquí mismo pero tengo otros planes para ti esta noche —me guiño un ojo—Pero lo de besarte no me lo paso por alto —se acercó y se me cortó la respiración. Mikel se acercó y, justo cuando iba a besarme, una voz nos interrumpió.
—¿Mikel?
Un chico y una chica.
—Lana, Fede. Tanto tiempo.
—¿Cómo estás? —preguntó la chica Lana. —No sabía que habían vuelto.
—Estamos haciendo algunos negocios —respondió.
—Me da gustó verlos, ¿tus hermanos están aquí también? —inquirió Fede.
—Claro. Todos.
—Vamos a ir a visitarlos. ¿Vas a casa? —inquiere Lana.
—Estaba en una cita —me toma del brazo.
Ellos me miran y sonríen.
—¿Es tu novia?
—Mi cita —responde el.
—Soy Lauren —me presento.
—Mucho gusto, Lauren. Somos Lana y Fede. Amigos de la infancia de Mikel. —dice Lana.
—Mucho gusto. —sonrio.
—¿Entonces vas a casa o no? —inquire Fede.
—Está bien, ve con ellos. Solo me dejas en mi casa —le digo. Mikel me lleva lejos de ellos para poder hablar.
—¿Por qué te quieres ir?
—Porque vas a ir a tu casa. Esta bien si me dejas en la mía, Mikel.
—No me voy a despegar de ti ni un segundo. Te vas a casa conmigo.
—Mikel, no quiero estorbar. Además, no me gustaría que piensen que soy una de tus chicas de una noche.
—No van a pensar nada de eso porque nunca llevo chicas a casa. Y yo no tengo aventuras en este momento, solo te tengo a ti. Así que vamos a mi casa.
—Mikel, por favor...
—Nos vemos allá —les dice a sus amigos y me lleva a la camioneta. Me niego a caminar peor Mikel me carga en su hombro de nuevo y aprovecha para manosearme el trasero. Me sube al coche y el se sube también.
—Mikel, en serio no quiero ir.
—Vas a ir y vas a conocer a mi familia.
—¿Por qué? Si dices que nunca llevas mujeres y a mi apenas me conoces.
—Porque yo se cuando una chica es la ideal para mi. Y tu, gatita, eres solo para mi. Además, te dije que no me voy a despegar de ti en toda la noche. Vas a ser solo mía. —sonríe malévolo.
Mikel arranca la camioneta y empieza a manejar hacia su casa. Me sentía nerviosa por conocer a su familia, a sus hermanos y a sus padres. No sabía cómo iban a reaccionar.