10. ¿Te gusta lo que ves?

1431 Words
Amanece, y tengo una sensación extraña. Es como si el beso de anoche hubiera dejado una marca en mí, un cambio que no consigo apartar de la cabeza. He pasado por muchas relaciones y he tenido mil y un encuentros fugaces, pero nada se compara con lo que sentí al besar a Sheyla. Hay algo en ella, algo misterioso y desafiante, que me tiene completamente atrapado. Aún así, sé que ella no es una mujer que se entregue fácilmente. Su mirada después del beso me lo dijo todo: una mezcla de deseo y desconfianza. Entiendo sus razones, o al menos eso creo, pero siento que hay algo más, algo que no me ha contado. Algo que ha hecho que construya muros tan altos. Me encuentro en mi despacho, revisando algunos papeles sin realmente concentrarme. Mis pensamientos vuelven una y otra vez a ella, a su sonrisa contenida, a la intensidad en sus ojos. Decido enviarle un mensaje, algo ligero, que mantenga el ambiente entre nosotros sin presionarla: "Buenos días, Sheyla. ¿Sobreviviste a la cena de anoche o necesitas un respiro de mí?" La respuesta llega en cuestión de segundos: "Buenos días, Pablo. Creo que puedo soportarte un poco más, por ahora 😉". Sonrío ante su respuesta. Eso, de alguna forma, me tranquiliza. Si ella sigue en este juego, significa que anoche no arruinó nada, y eso es todo lo que necesito para seguir adelante. Esa misma noche, decido invitarla a un evento benéfico que organiza mi familia. No es algo que suela hacer; de hecho, evito ese tipo de eventos siempre que puedo. Pero esta vez es diferente. Quiero que vea otro lado de mi vida, el lado que tanto evito y que, al mismo tiempo, es parte de mi realidad. No sé si esta decisión es arriesgada o estúpida, pero siento que debo intentarlo. Llamo a Sheyla para hacerle la invitación, y ella se queda en silencio por unos segundos antes de responder. —¿Estás seguro de que quieres llevarme a algo así? —pregunta, con un tono de sorpresa. —Totalmente seguro. Quiero que vengas, quiero que… me conozcas en otro ambiente. —Hago una pausa, eligiendo mis palabras—. Prometo que no será tan aburrido como suena. Ella se ríe al otro lado de la línea, y eso me da el impulso que necesito para continuar. —Está bien, Pablo. Pero no me hago responsable si termino robando el show. —¿Qué te hace pensar que alguien puede robarme el show a mí? —bromeo, sintiendo una extraña mezcla de entusiasmo y nerviosismo. La noche del evento, cuando paso a buscarla, quedo sin palabras al verla. Sheyla luce absolutamente espectacular con un vestido n***o ajustado que cae justo por encima de las rodillas. Su cabello suelto y su maquillaje discreto resaltan su belleza natural de una manera tan imponente que por un momento solo puedo mirarla, embobado. —¿Te gusta lo que ves? —me dice con una sonrisa traviesa. —Mucho. Tanto que estoy considerando dejarte en casa para evitar problemas —respondo, medio en serio. Ella ríe, y su risa tiene un toque de confianza que me fascina. Entramos en la limusina y, mientras nos dirigimos al evento, noto que ella está algo inquieta. Su mirada se pierde en la ventana y sus dedos tamborilean nerviosos sobre su cartera. —Sheyla, relájate. Estaremos juntos toda la noche, no tienes nada de qué preocuparte. Ella asiente, pero aún así parece tensa. —No suelo ir a lugares como estos, Pablo. —Hace una pausa, y su voz suena un poco más suave—. Nunca he encajado en este tipo de ambientes. —Créeme, yo tampoco. Pero estaremos juntos en esto. Y si necesitas escapar, me avisas, y lo hacemos juntos. Le arrebato una pequeña sonrisa, y cuando llegamos al salón, ella parece un poco más relajada. El evento es tan ostentoso como me temía. Al entrar, veo a varias caras conocidas, amigos y conocidos de la familia, gente con la que he crecido pero con la que no tengo ninguna relación real. Nos movemos entre la multitud, saludando a algunos de mis familiares y conocidos. Sheyla, aunque un poco tensa al principio, se desenvuelve con gracia, ganándose la admiración de muchos. Todo va bien, hasta que noto a mi madre acercándose, con su típica sonrisa de dama de sociedad. Su mirada se desliza hacia Sheyla, evaluándola de arriba abajo con la precisión de alguien que ha pasado toda su vida en este mundo. —Pablo, querido, ¿nos presentas? —dice, sin disimular su interés. —Claro, mamá. Ella es Sheyla, una amiga muy especial. —Noto cómo los ojos de Sheyla se entrecierran un poco al escuchar la palabra "amiga", pero no dice nada. —Mucho gusto, Sheyla. Espero que estés disfrutando del evento. —Gracias, señora. Es… un placer estar aquí. Mi madre sigue observándola con una sonrisa que no llega a sus ojos, y aunque mantiene la cordialidad, noto el sutil desdén que esconde detrás de su máscara perfecta. Me tenso al instante, consciente de que este es el tipo de situaciones que podrían hacer que Sheyla se sienta incómoda. —Pablo, querido, me imagino que no necesitas que te recuerde que la subasta de esta noche es de suma importancia para nuestra familia. —La sutileza en sus palabras me irrita, y sé que Sheyla lo percibe también. —Lo sé, mamá. No tienes que preocuparte. —Intento cortar la conversación de inmediato. Ella lanza una última mirada a Sheyla, y puedo ver que está evaluando cada detalle. Mi madre se despide con una sonrisa, pero el daño ya está hecho. —Veo de dónde viene tu aversión a este ambiente —susurra Sheyla una vez que mi madre se ha alejado, y aunque su tono es despreocupado, noto un destello de incomodidad en sus ojos. —Lo siento. No tendría que haberte traído aquí. —Me acerco un poco más a ella, casi en un susurro—. De verdad, no pensé que sería tan incómodo. Ella me mira y sonríe, restándole importancia, aunque sé que no ha sido fácil para ella. Siento que, sin querer, he expuesto a Sheyla a algo que no debería haber permitido, pero también me doy cuenta de que esta es mi realidad, y que si quiero que ella forme parte de mi vida, en algún momento tendrá que conocer este lado. —No te preocupes, Pablo. —Ella se acerca y coloca una mano en mi brazo, como si entendiera lo que estoy pensando—. Estoy bien. Quizá esto me ayude a entenderte mejor. Su comprensión me sorprende, pero antes de que pueda responder, otro conocido se acerca a saludarnos. Toda la noche se convierte en un ir y venir de conversaciones triviales y sonrisas forzadas, hasta que Sheyla me toma de la mano y me susurra al oído: —¿Sabes qué? Creo que ya tuve suficiente sociedad por una noche. ¿Qué dices si escapamos de aquí? Su propuesta me saca una sonrisa instantánea. Sin pensarlo dos veces, acepto, y juntos nos escabullimos fuera del salón, dejando atrás el evento y a toda esa gente. Nos dirigimos a un pequeño café en una callejuela escondida, lejos de la pompa y el bullicio. Es el tipo de lugar que adoro, uno donde puedo relajarme y ser simplemente yo. Nos sentamos en una mesa junto a la ventana, y mientras pedimos un par de cafés, noto que estamos tranquilos, en nuestro propio espacio. Nos reímos de lo absurdo que ha sido el evento, de la actuación de algunos de los invitados y de las miradas de mi madre. —Te dije que si necesitabas escapar, lo haríamos juntos —le digo, tomando su mano sobre la mesa. Ella sonríe y, por primera vez en la noche, la veo completamente relajada. —Gracias por eso, Pablo. —Sus ojos brillan, y en ellos veo un reflejo de algo más, algo que parece superar cualquier desconfianza—. Creo que esta noche me demostraste más de lo que imaginé. Y aunque sea difícil para mí aceptarlo… siento que puedo confiar en ti. Esas palabras, aunque sencillas, resuenan en mi interior como una promesa. Sheyla ha comenzado a confiar en mí, y sé que esta es una oportunidad única, una que no puedo dejar escapar. Nos quedamos ahí, compartiendo risas y secretos, sumidos en nuestro propio mundo. Y aunque sé que el camino no será fácil, siento que esta vez, estamos en el mismo punto, listos para enfrentar lo que venga juntos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD