12. Así es, señorita.

1284 Words

La primera luz de la mañana entra por la ventana, bañando el cuarto con un resplandor suave y dorado. Abro los ojos, y lo primero que veo es a Sheyla dormida a mi lado, respirando de forma tranquila y profunda. Su rostro tiene una expresión serena, casi angelical, como si en este momento el mundo no pudiera hacerle daño. Por un instante, me quedo quieto, simplemente mirándola. La imagen es tan perfecta que temo hacer algo para romper la magia. Anoche fue algo más que un acercamiento físico; fue como si nuestras almas hubieran encontrado un refugio en el otro. Ella se mueve ligeramente y abre los ojos, encontrándose de inmediato con mi mirada. Se queda quieta, observándome, y veo cómo un rubor leve se apodera de sus mejillas. —Buenos días —le digo en un tono suave, casi susurrante. —Bue

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